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Juntos, podemos

Trabajar en equipo

No suelo seguir el fútbol ni veo partidos por la televisión. Pero he formado parte de este fenómeno que ha sido el Mundial en España. Y no puedo menos que resaltar lo que más me ha gustado de esta selección española que se ha coronado como la mejor del mundo: su capacidad de trabajo en equipo, su humildad, su deportividad, su estar pendiente los unos de los otros...

villa torres Dorsales de la selección española Mundial 2010

       No sólo España, sino todo el mundo, se enfrenta retos económicos y sociales muy importantes. He aquí un pequeño ejemplo de que juntos, buscando todos el bien común, podemos salir adelante y vencer los obstáculos. También podemos decir los mismo de la Iglesia, que a veces anda en desbandada, cada uno por su lado. Que el Señor nos dé la unidad y la fraternidad que han exhibido estos jugadores.

Juan Yzuel Sanz

Palestina en el corazón

¡Paz a Isaac, paz a Ismael!

Creemos en el derecho del Pueblo Judío a tener una patria. Como ningún otro pueblo en la tierra, ha sufrido la persecución y el genocidio a lo largo de toda la Historia. A la vez, creemos en el derecho del Pueblo Palestino a la dignidad y la justicia que se le han negado desde la creación del Estado Judío.
       Creemos, además, que ambos pueblos pueden coexistir y cooperar juntos para hacer de Tierra Santa un lugar de convivencia y tolerancia. Para ello apoyamos a todos los que buscan la paz de corazón, a sabiendas de que ésta sólo puede venir de la justicia y la verdad, de reconocerse que ambos son hermanos, hijos de Abraham en la fe.

       Los últimos acontecimientos, la matanza de voluntarios que llevaban ayuda humanitaria al sufrido pueblo de Gaza en la flotilla de la paz, nos llenan de dolor y rabia. Llueve sobre mojado. Aún están sin cerrar las heridas del terrible ataque del año 2009 a la franja por parte del ejército israelí. Todo esto sigue añadiendo leña al fuego para justificar el radicalismo islámico que sufren muchos pueblos.
       No a la impunidad de los responsables de todas estas matanzas. Apoyamos las campañas de diversos colectivos para que se investigue imparcialmente este nuevo atentado a los Derechos Humanos. Pero la cuestión no es buscar simplemente a un culpable de la última violencia. Todos hemos fallado, todos somos responsables últimos de la tragedia. Nadie, ni europeos ni estadounidenses, ni israelíes ni palestinos, ni árabes ni ningún otro pueblo, ni cristianos, ni judíos, ni musulmanes pueden alegar que han hecho todo lo posible para resolver este sangrante conflicto que recorre ya tres generaciones. Por eso hay que gritar: "¡Basta ya!"
       No esperamos nada de los líderes políticos del mundo. El entramado de intereses económicos y geoestratégicos es tan complejo que no vemos a ninguno, en este momento, suficientemente libre y valiente para emprender verdaderas acciones que pongan orden en este caos. Menos aún cuando, los que de veras podrían hacer algo, están tan centrados en la economía. Pero tampoco nos podemos cruzar de brazos. Humildemente, con el convencimiento de que los católicos podemos y debemos hacer mucho más, pedimos a nuestra jerarquía que se implique en buscar una solución a esta herida purulenta de la gran familia humana. Y nos comprometemos nosotros mismos, como cristianos de a pie, a hacer todo lo posible por apoyar y animar cualquier pequeño gesto que traiga esperanza.
       ¡Paz a Isaac! ¡Paz a Ismael!

Juan Yzuel Sanz

Luz de luz

Tú, no nosotros,
eres la Luz verdadera

Señor Jesús,
a quién nuestros hermanos mayores
llamaron "Luz de luz":
En esta Pascua
en la que tantos se escandalizan
de Tu Iglesia,
tu Cuerpo,
del que formamos parte
a pesar de ser tan pecadores,
a pesar de ser tan tercos a Tu Palabra,
a pesar de ser tan indignos seguidores tuyos,
llena nuestras vidas de Tu luz.
Que no confiemos en la nuestra,
en nuestras relaciones públicas,
en nuestra mercadotecnia,
en nuestra sabiduría,
en nuestro poder.
Danos una confianza sencilla
en tu Luz que no se apaga
y viene a llenar la noche
de nuestras vidas y del mundo
con la esperanza y la alegría.

Juan Yzuel Sanz
 

30 años de testimonio

Óscar Romero,
pastor y mártir nuestro

El 24 de marzo de 1980, caía asesinado Monseñor Óscar Romero (1917-1980), arzobispo de San Salvador (El Salvador) mientras celebraba la misa en la capilla de un pequeño hospital. En su última homilía, el día anterior de su muerte, hacía un llamamiento especial a las bases de la guardia nacional y de la policía:

       “Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la Ley de Dios que dice: No matar... Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios... Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla... Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado... La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre... En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!”

       Hasta llegar a ser “la voz de los sin voz”, Óscar Romero anduvo su propio camino de conversión en el que, lentamente, descubrió que la vivencia del evangelio en un contexto violento y fratricida como la guerra civil de El Salvador le obligaba a tomar partido por los más oprimidos.

       Al ser nombrado obispo auxiliar de San Salvador (1970), Óscar Romero era un sacerdote conservador que chocó frontalmente con los sacerdotes más jóvenes, especialmente los jesuitas de la Universidad Centroamericana (UCA), entre los que estaban el español Ignacio Ellacuría y otros compañeros que también fueron asesinados en 1989. Su falta de sintonía con la línea pastoral de la archidiócesis llevó a Romero a dejar incluso de asistir a las reuniones del clero.

       Cuando fue nombrado obispo de la diócesis de Santiago de María (1974), monseñor Romero se encontró con un experimento piloto de pastoral popular basado en las indicaciones de la II Conferencia de los Obispos de América Latina. Ésta había tenido lugar en 1968 en Medellín (Colombia), tras el Concilio Vaticano II, y fue el origen de la Teología de la Liberación y la opción preferencial por los pobres. El experimento incluía la lectura de la Palabra de Dios en clave de concienciación política, desde la ortopraxis (la práctica correcta y comprometida de la fe). Romero lo frenó, pero luego lo dejó seguir con algunas correcciones. El contacto con los campesinos terminaría haciendo mella en él, aunque no hasta el punto de condenar la represión que sufrían. En junio de 1975, un grupo de campesinos que regresaban de una celebración litúrgica fue ametrallado por la Guardia Nacional. El gobierno alegó que portaban armas, aunque sólo llevaran encima sus biblias. Romero consoló a los familiares de las víctimas pero no condenó públicamente la masacre, limitándose a enviar una carta de queja al presidente Molina.

       Su tibia reacción en la condena hizo creer al Gobierno y a la oligarquía que era un obispo a su medida, y aplaudieron su nombramiento como arzobispo de la capital el 3 de febrero de 1977. Para el grueso del clero, sin embargo, el nombramiento de Romero fue una mala noticia. Pero sólo veinte días después de tomar posesión, asesinaban al jesuita Rutilio Grande y a dos campesinos. El asesinato de su amigo Rutilio provocó en Monseñor Romero una verdadera conversión: “Rutilio me ha abierto los ojos”.

       Para condenar aquel asesinato y exigir que se investigara, Romero, a instancia de sus sacerdotes y religiosos, decidió convocar una gran misa en la catedral, única para toda la archidiócesis. Tanto el nuncio como sus amigos católicos de la alta sociedad intentaron disuadirlo. Pero Romero había optado ya, en conciencia, por estar al lado de sus curas y del pueblo sin voz antes que agradar a los poderosos. La eucaristía reunió a casi 100.000 salvadoreños, llegados de todos los rincones del país. Desde aquel día recurrió sin temor a los textos de la Conferencia de Medellín y pidió una mayor justicia en la sociedad. Durante los tres años siguientes, sus homilías, transmitidas por la Radio diocesana, denunciaron la violencia tanto del gobierno militar como de los grupos armados de izquierda, condenando especialmente los horribles asesinatos cometidos por los escuadrones de la muerte y la desaparición de personas a manos de los cuerpos de seguridad.

       A Roma empezaron a llegar informes de algunos obispos y Romero decidió viajar allí para aclarar malentendidos y desmontar maquinaciones. “¡Ánimo!, no todos comprenden, pero no desfallezca”, le consolaba Pablo VI. Su primer encuentro con Juan Pablo II, sin embargo, fue desolador. Romero, se cuenta, salió llorando: “El papa no me ha entendido, no puede entender, porque El Salvador no es Polonia”. En enero de 1980, monseñor Romero tuvo su segundo encuentro con Juan Pablo II, mucho más cálido. El papa le escuchó largamente y le animó a continuar con su labor por la justicia y la paz, pero advirtiéndole de los peligros del marxismo. Romero, con su habitual espíritu de obediencia, le respondió que “el anticomunismo de las derechas no defiende a la religión, sino al capitalismo”. Lo había denunciado el 15 de septiembre de 1978: “Hay un ateísmo más cercano y más peligroso para nuestra Iglesia: el ateísmo del capitalismo, cuando los bienes materiales se erigen en ídolos y sustituyen a Dios”.

       Alentado por el Papa, intensificó los llamamientos a todas las fuerzas políticas, económicas y sociales del país para colaborar en la reconstrucción de El Salvador y organizar un sistema verdaderamente democrático. El 17 de febrero de 1980 escribió una larga carta al presidente estadounidense Jimmy Carter, pidiéndole que cancelase toda ayuda militar, pues fortalecía un poder opresor, el mismo que acabó con su vida un mes después.

       Muchos vieron en Romero a un profeta, e incluso se le propuso para el Premio Nobel de la Paz. Su voz sigue resonando hoy en los corazones de todos los que creemos que ser cristiano implica estar al lado de los excluidos de la Historia. Ante el testimonio de Monseñor Romero, pastor y mártir nuestro, seguiremos proclamando: otro Mundo, otra Iglesia, son posibles.

Juan Yzuel Sanz

Haití somos todos

Crónica de
una tragedia anunciada

La tragedia que ha asolado Haití en las últimas semanas ha golpeado también nuestras conciencias con una intensidad de fuerza 7 en la escala de Richter, pues es fruto de un doble desastre: el natural y el social.
       No podemos prever, con la tecnología actual, el momento en que un terremoto va a asolar un territorio, de igual forma que no sabemos cuándo se va a desprender una roca de un acantilado por cuya base discurre una carretera. Pero sí podíamos haber previsto que una sociedad tan empobrecida como la haitiana respondería con gran dificultad a una emergencia de tal magnitud.
       Con un origen histórico heredero de la esclavitud, nueve millones de habitantes en un territorio pequeño y esquilmado, largas dictaduras a sus espaldas y unos gobiernos democráticos débiles, Haití necesitaba desde hace un cuarto de siglo un verdadero "Plan Marshall".

       La caída del último dictador Duvalier en 1986 abrió las puertas a la esperanza, pero ni los EEUU, ni Francia, ni la ONU han querido, sabido o podido generar un verdadero cambio a la velocidad que requería la situación del país más pobre del hemisferio occidental.
      
Haití es hoy una gran prueba para la Humanidad, justo cuando acabamos de salir del gran desengaño de la cumbre sobre el cambio climático de Copenhague. Ante tanto sufrimiento, ¿aunaremos fuerzas para poder sacar adelante un proyecto de reconstrucción de Haití? Visto nuestro historial, ¿podemos esperar algún milagro? Pero, si no lo hacemos, ¿podemos tener un futuro como planeta, como gran familia humana?  Si, de una vez por todas, no dejamos de buscar nuestros propios intereses nacionales, económicos o de influencia política y no nos centramos simple y llanamente en buscar lo mejor para los haitianos, ni ellos ni nosotros tendremos futuro. Haití somos todos.

Juan Yzuel Sanz

Tres buscadores de la luz

La salvación viene
de lo pequeño

Los "Tres Reyes Magos", como los conocemos en la tradición hispana, son una bella historia con un contenido más teológico que histórico. Hoy, por esta razón, son pasto de los columnistas y los programas de radio "ilustrados", que se ríen de las incongruencias del texto, la estrella de Belén y el colofón de la matanza ordenada por Herodes, héroe de los sufridores clientes de los restaurantes a quienes les ha tocado una mesa cercana donde los padres/madres pasan de controlar a sus hijos.

       Pero hay algo de profético y universal en estos tres sabios de la historia del evangelio de Mateo, estos tres buscadores de la luz y la verdad: la salvación no está en el poder y la riqueza, sino en lo pequeño, lo humilde, lo pobre y despreciable de este mundo.

       Podemos aplicar esta pizca de sabiduría a un ejemplo reciente. Acabamos de sufrir todos una gran frustración: nuestros líderes mundiales no han sabido trabajar en serio en la cumbre del cambio climático de Copenhague para paliar y reparar las consecuencias gravísimas del cambio climático. Los más influyentes, al final, han hecho lo que les ha dado la gana. A la luz de Belén, acordémonos de que sí podemos hacer algo si todos los pequeños y no-importantes del mundo nos comprometemos a cambiar nuestros hábitos de consumo y a construir con todas nuestras fuerzas, creatividad y generosidad soluciones serias y plataformas políticas y sociales que no se plieguen a la presión de los ricos y poderosos. Hace ya unos años, otro sabio, E. F. Schumacher, nos enseñó que "lo pequeño es hermoso". Hoy debemos añadir que, además, es imprescindible para garantizar el futuro.

       Y no nos olvidemos de la crisis económica que azota nuestras vidas y la de nuestros amigos cercanos. No esperemos más soluciones de alto nivel, aunque también haya que gestarlas y parirlas: podemos resolver los problemas inmediatos compartiendo entre los "prójimos", habrá que inventar otras formas de vivir, producir y consumir. Otro mundo es posible, y lo haremos en 2010 entre todos. Feliz Año Nuevo.

Juan Yzuel Sanz
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¡Maranathá!

La (contra)cultura
de la Esperanza

Desde niños nos enseñaron que hay tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. La fe la entendíamos bien y, más aún, la caridad, pero la esperanza se quedaba en poco más que una criada de la fe, una especie de corolario: si uno creía en Dios, era lógico que esperara en Él y confiara en su auxilio.

       Pero, andando el tiempo, la esperanza y la fe se han ido distanciando. Según las encuestas, resulta que cada vez hay más personas –y cristianos- que, creyendo en que “algo tiene que haber”, o incluso en un Dios personal, hecho y derecho, andan flojos de esperanza. Muchos no esperan que haya un más allá, ni una resurrección, ni probabilidad de que Dios responda a sus oraciones. Así hemos ido aterrizando en un mundo de cristianos “desesperanzados”.

       Parte de este fenómeno se debe a la visión que diversas ciencias proyectan. Antes creíamos que éramos el ombligo del universo, los únicos seres inteligentes en un mundo creado para nosotros expresamente. Ahora sabemos que somos un granito de arena perdido en la inmensidad de nuestra galaxia, según se sale a mano derecha. Sobre este planeta, que podría estar tan seco y muerto como los demás, hay un fino musgo, de tamaño infinitesimal respecto a la Tierra, compuesto por un capricho evolutivo de la Materia llamado “Vida”. En él está el ser humano, una mutación genética de un primate al que, un día, se le ocurrió coger una quijada de burro y hacerse la primera herramienta. De allí al acelerador de partículas de Ginebra hay unos miles de años que, en tiempo geológico, es un abrir y cerrar de ojos. Con Google Earth nos vemos como células de un tejido que invade el planeta hasta asfixiarlo, derritiendo los polos y colocando a las castañeras al borde de la extinción. ¿Qué esperanza podemos tener si estamos a merced del comportamiento aleatorio de las placas tectónicas, el anticiclón de las Azores, el Euribor, la nueva Ministra, la parrilla de TVE, el responsable de selección de personal o la quiniela? Desde esta visión dejan de ser significativas una conciencia moral personal o un compromiso a largo plazo, desaparecen las utopías sociales y el trabajar por alentar cambios radicales que nos hagan mejores. Solo existe el Presente, donde hay que buscarse la vida, que es un ratico.

       De allí que la Esperanza, con mayúsculas, sea hoy contracultural, casi “contrarreligiosa”. Porque la religión a la carta que impera hoy, la de la “nueva era”, habla más de voluntarismo personal (“Usted sí puede ser feliz -si quiere, claro-“) que de confianza y entereza cuando, a pesar de todo nuestro esfuerzo, las cosas salen mal y los inocentes sufren, mueren y caen en el olvido. No es fácil levantar los ojos a los montes esperando que venga el auxilio, reconociendo que Dios tiene la última palabra sobre nuestra maltrecha realidad y en Él podemos confiar. No es sencillo seguir dándole al mazo, construyendo Historia, mientras rogamos. A veces, como a los discípulos de Emaús, se nos ve por los bares tomando un café con los amigos mientras repetimos la letanía del “nosotros esperábamos…”. Escasean hoy quienes apuestan integralmente por Jesús y, cuando les asaltan las dudas, responden como los apóstoles: “¿A quién iremos, si sólo Tú tienes palabras de vida eterna?”

       Para todas y todos los pequeños, los pobres, los sencillos, los limpios de corazón, los pacíficos, los perseguidos, los que lloran y los misericordiosos que esperan, resuenan frescas en este adviento las palabras del profeta: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz intensa: habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló” (Is 9,1). Metidos ya en el fragor de la navidad comercial, resistamos y esperemos hincando la rodilla. Otro mundo es posible. ¡Maranatha!

Juan Yzuel Sanz
 

Nueva película de Amenábar

Las verdades de Ágora

Ágora es la última película de Alejandro Amenábar. Sobre el telón de fondo de la vida de Hipatia, filósofa neoplatónica que vivió en Alejandría entre 355 y 415 y murió a manos de una turba de cristianos, el director presenta el eterno duelo entre la razón y el fanatismo religioso, siendo los cristianos los que peor parados salen en esta película. No es de extrañar, por tanto, que en muchos medios católicos se haga una fuerte crítica de la cinta, bien por razones históricas, bien por la ideología subyacente del director-guionista.

    Poco se sabe de Hipatia, lo justo para poder afirmar que fue la primera matemática de la historia y que reunió a discípulos cristianos y paganos en la búsqueda de la verdad científica. Con estos brochazos amplios, más los datos de otras fuentes históricas que muestran la extraordinaria violencia en la que vivió Alejandría por aquellos décadas y que llevó al asesinato, entre otros, de dos obispos, Amenábar monta una historia que no deja a nadie indiferente.
La película me resulta incómoda como cristiano. Pero no por sus errores históricos, por la licencia creativa que Amenábar utiliza o por su carga ideológica, sino por las verdades que contiene. Quienes amamos a la Iglesia y estamos comprometidos en que se parezca más a la comunidad que Jesús fundó, haremos bien en tomar nota de esas verdades que escuecen.
       La primera de todas es que la película es de rabiosa actualidad, pues la intolerancia y violencia religiosas que denuncia siguen dándose en el presente. Es posible que esos extremistas, que en la película salen con una estética un tanto talibán, no se den hoy, en su versión más cruda, dentro de la Iglesia, pero no podemos mirar para otro lado como si no tuviéramos trapos sucios que lavar. Hay un extremismo más sutil que los católicos seguimos practicando cuando se excluye al hermano que piensa distinto, cuando no se toleran ciertas opciones morales, cuando se cierra el diálogo con la ciencia y la cultura modernas…
       La segunda verdad afecta a la desmitificación de la historia de la Iglesia de los primeros siglos y, en especial, del siglo IV en adelante. ¿Alguien, en su sano juicio, puede pensar que la religión cristiana pasó de ser perseguida a ser la oficial del imperio romano sin violencia? Que se lo digan a todos los que sufrieron las persecuciones contra las herejías a partir del siglo V, a los largo de la Edad Media y en las guerras de religión del Renacimiento a esta parte.
       La tercera, y que la película presenta con claridad, versa sobre el papel de la mujer en la comunidad cristiana. Jesús fue una persona inclusiva que colocó a la mujer en pie de igualdad dentro de la comunidad primitiva, como corresponde a una familia donde el modelo patriarcal queda abolido porque “sólo hay un Padre y todos vosotros sois hermanos y hermanas” (Mt 23,1-12). Pero los primeros siglos del cristianismo dieron al traste con este modelo al importar formas negativas de ver a la mujer basadas en filosofías dualistas.
       Finalmente, la película presenta una estructura jerárquica de la Iglesia paralela a la autoridad imperial, enfrentada en ocasiones a ésta, colaborando con ella en otras. La declaración de religión oficial trajo consigo un enorme incremento del poder en los obispos y en el papado, la clericalización del ministerio cristiano y la mimetización de ciertas estructuras imperiales por parte de la Iglesia. La dogmatización de la fe, que comenzó a ser definida hasta la última tilde, generó a la larga una triste historia de persecuciones de herejes, el oscurantismo de la Inquisición y las guerras de religión que asolaron el mundo y cuyas consecuencias todavía arrastramos. Dicen muchas teólogas, y no sin razón, que toda esta violencia tiene también mucho que ver con la falta de lo “femenino” en los órganos de decisión de la comunidad cristiana.
       Al término de la película, en el culmen de la violencia más brutal, hay una chispa de amor que nos da esperanza. La misma esperanza que tenemos tantos cristianos que creemos, desde el Concilio Vaticano II, que la Iglesia debe volver a las fuentes, al Evangelio, a la sencillez de un Jesús que es buena noticia para todos, sobre todo para los “extras” de esta gran película que es el mundo y que mueren por exigencia del guión sin merecer luego aparecer en los créditos. 

Juan Yzuel Sanz

 

Año de la Astronomía

Galileo Galilei

Estamos celebrando el Año Internacional de la Astronomía al conmemorarse que en el año 1609 Galileo Galilei apuntó por primera vez al cielo con un telescopio. Fue el comienzo de 400 años de descubrimientos que aún continúan.
       M
e gusta tener mi propia galería de cristianos ilustres, que no sólo incluye a algunos santos de mi particular devoción, sino a hombres y mujeres que han vivido en medio de la polémica o cuyas vidas no siempre han sido ejemplares, pero que están iluminadas por la dignidad especial de todo el que se ha dejado la piel por ser consecuente con su conciencia. Hay muchos cristianos de a pie que pueden estimularnos en nuestra lucha diaria por ser fieles al evangelio en el siglo XXI. Entre ellos está Galileo Galilei, investigador y buscador de la verdad, condenado por la Iglesia y reconocido luego como uno de sus hijos ilustres.
       Galileo es un paradigma para nosotros ante la esta efervescencia de la investigación científica y de los cambios sociales que vivimos. Nos impresiona su legado principal, que fue la puerta de grandes avances en la comprensión del cosmos. Pero no es menos importante su itinerario espiritual y de fe.
       Es difícil conocer cómo vivió Galileo esa condena de su obra y sus descubrimientos. Todavía influenciados por esa falsa leyenda del "eppur si muove" (‘y sin embargo se mueve’), frase que se atribuye a Galileo al pronunciar la fórmula de abjuración que le impuso el Santo Oficio, es preciso descubrir al hombre real. ¿Cuál fue su reacción íntima, cómo respondió interiormente al Señor desde su arresto domiciliario, cómo encajó el abandono o la traición de antiguos amigos y benefactores tras la sentencia de la Inquisición?

     
      No todos renegaron de él. Casi ciego y necesitado de ayuda, un hombre de la talla de San José de Calasanz envió a vivir con él a dos escolapios que le asistieran en sus trabajos y aprendieran de su sabiduría. Es un ejemplo de que no todos los católicos de entonces vieron con buenos ojos aquella condena.
       También hoy hay "galileos" en la Iglesia, silenciados, condenados, apartados de la docencia o la pastoral... Galileo y su historia nos iluminan, tanto para pensarnos dos veces cuando condenamos a alguien como para vivir con paciencia y confianza en el Padre ante el castigo injusto o ayudar al silenciado.

Juan Yzuel
 

Verano 2009

Dos pensamientos
para las vacaciones

Antes de que cerréis maletas y marchéis de vacaciones, quiero meter entre vuestro equipaje un par de pensamientos.
 
Con frecuencia a los cristianos se nos identifica más con unas ideas y con unas leyes morales que con el seguimiento de Jesús. Pero Benedicto XVI, en su Encíclica “Deus caritas est” advierte: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con una Persona que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Y el dominico Albert Nolan abre su estupendo libro "¿Quién es este hombre?" (Ed. Sal Terrae) con la siguiente expresión: "A lo largo de los siglos, muchos millones de personas han venerado el nombre de Jesús; pero muy pocas le han comprendido, y menor aún ha sido el número de las que han intentado poner en práctica lo que él quiso que se hiciera". Ambos textos ocupan en tu bolsa de viaje muy poco, y alimentan muy mucho.
 
Jesús ha sido un personaje muy admirado en la historia de la humanidad. Pero son pocos los que se proponen seguirle con decisión. Y lo dicho sirve también para los que formamos la Iglesia, para ti y para mí. A Jesús sólo se le conoce de verdad cuando se le sigue. Hemos de preguntarnos, con paz pero con sinceridad, si el seguimiento de Jesús es la esencia de la vida cristiana de muchos  cristianos de hoy. No debemos olvidar las advertencias conciliares sobre la coherencia entre la fe y la vida. "El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos cristianos debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época". Y en otro lugar, al referirse al ateísmo señala: “En este origen del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes que, con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión” (G. S. 43 y 19). Aunque siempre nos queda esa multitud de gente buena, entre la que queremos contarnos, que vive el evangelio con sencillez en sus propios ambientes, y esos
 

“cristianos anónimos” de los que nos habló K. Rahner, todos aquellos que dan contenido real a las palabras de Jesús en Mateo 25 (“Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer”), muchas veces sin conocer a Dios.

Hoy, en este mundo tan dado a los ídolos y a la imitación de los “famosos y famosas”, los cristianos deberíamos interrogarnos seriamente por la calidad de nuestra “imitación” de Jesús, y cómo podríamos iniciar a otros en el conocimiento, admiración y seguimiento de su persona. Recuerdo que en una ocasión, hablando con unos amigos sobre Charles Chaplin tuve la impresión de que, sin pretenderlo, les estaba traspasando la admiración que yo sentía por ese personaje. Tal era el entusiasmo con el que yo hablaba de Charlot. Y sentí una especie de vergüenza al pensar que ése debiera ser también el entusiasmo con que yo hablase a otros de Jesús.
 
“Sígueme” es la primera y última palabra de Jesús a Pedro, y a todos los cristianos de todos los tiempos. A ti y a mí. Un abrazo y feliz verano.

Lucio Arauzo
arauzogomez@gmail.com

Pentecostés

¡Ven, oh Espíritu!

Con los antiguos patriarcas
en sus noches estrelladas
y las viejas chamanes
de las praderas;
con los monjes cristianos
en las montañas
y los místicos sufíes en el desierto;
con las fraternas monjas de Teresa en sus aventurados conventos
y los compañeros del hermanito Carlos
que tardaron décadas en llegar;
con los niños de África,
ebrios de  Esperanza,
y los jóvenes de Europa
hambrientos de Espiritualidad,
con los enfermos que dan gracias
por cada nuevo amanecer
y los voluntarios que construyen
un mundo mejor silenciosamente;
con los misioneros
en sus mil culturas
y los padres que enseñan a rezar;
con los Pastores
que lloran por su rebaño
y las madres que velan sin desvelo.
 

Con ellos te invoco,
oh, Espíritu Santo,
en esta noche que nos envuelve.
Mira nuestra pobreza
y nuestra tibia fe.
Fluye en nosotros
como savia fresca,
como sangre nueva
y danos Vida.
Tú, regalo de Jesús,
escucha nuestra oración
y ven.
Ven siempre. Ven pronto.

Juan Yzuel - Ciberiglesia
 

Pascua 2009

Creo que Cristo
ha resucitado

Porque he experimentado Su presencia.
Porque me siento amado.
Porque nunca me siento solo.
Porque siento gran amor a mis hermanos.
Porque vivo la experiencia y la cultura del perdón.
Porque tengo paz y confianza y las transmito.
Porque ha puesto en mí una fuente de alegría que no se agota.
Porque en mis noches siempre me queda una luz.
Porque mis sufrimientos ya tienen sentido junto a la cruz.
Porque hago míos los sufrimientos de los hermanos.

      
 

Porque no me seducen los dioses de la tierra.
Porque los pobres son mis preferidos.
Porque prefiero dar la vida antes que quitarla.
Porque sólo espero en Jesús.

Por todo esto, querido amigo,
feliz aquel en cuyo corazón
Cristo resucita cada día.

José Antonio Jimeno (Jimmy)

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Año 2009

Un mundo que nace

Nadie podía hacernos pensar, a principios de esta década, que el futuro que algunos llamaron el fin de la Historia, fuera a resultar semejante montaña rusa de acontecimientos.
       Al comenzar el año 2009 la agenda mundial está repleta de urgencias: cambio climático, crisis alimentaria, crisis económica, crisis ideológica, guerras en Oriente próximo y medio...
       Las agendas de mucha gente también están que arden:
dificultad para llegar a fin de mes, creciente empobrecimiento de la población mundial, aumento del paro, inseguridad, parálisis de los proyectos migratorios, desconfianza generalizada en el sistema... A fecha de hoy seguimos sin saber hacia dónde vamos. Sólo nos consuela esperar que Obama traiga esos prometidos cambios.

       Para cada cristiano, para cada ser humano, toda crisis es una oportunidad de empezar de nuevo, de replantearse la vida, de limpiar la mochila de lastre que no nos ayuda a caminar. También de hacer más comunidad. Quizá, en la crisis, nos demos cuenta de que andábamos cada uno a nuestro aire.
       Un mundo nuevo está naciendo. Juntos podemos hacerlo habitable.

Juan Yzuel
 

Otro Sistema es posible

¿Estarán los Ninjas en la gran cumbre?

Hace unos meses, para explicar el inicio de la presente crisis financiera mundial, en especial el oscuro término hipotecas subprime, el profesor Leopoldo Abadía publicó una artículo en su blog titulado La crisis ninja. En él se explica que esas hipotecas se ofrecieron a un tipo de clientes arriesgados: los ninja (no income, no job, no assets).  O sea, personas sin ingresos fijos, sin empleo fijo, sin propiedades. Y no por caridad, sino para sacar mayor tajada del boom inmobiliario y la oportunidad de cobrar más a quienes tenían riesgos más elevados.
       Nuestros políticos, ante la que está cayendo, andan de aquí para allá intentando salvar el mercado financiero. El 15 de noviembre de 2008 tendrá lugar una gran cumbre en Washington y hay una gran preocupación en países como España por saber si podrá sentarse en este foro donde se tomarán decisiones cruciales para el futuro. Pero, ¿y quién representará a los ninjas? ¿De qué modo se oirán las voces de los pobres del Primer Mundo? ¿Y las de los verdaderamente pobres, aquellos a quienes no les llega ni para entrar en el término ninja? Porque éstos viven (o vivimos) en el Norte, pero los pobres de entre los pobres viven en el Sur y a ésos, más que la hipoteca, lo que les preocupa de verdad es el pan de cada día, el incremento brutal de los precios de los alimentos básicos, el agua lejana y contaminada, la salud escurridiza, el acceso a la educación, los efectos del cambio climático...
       Los Objetivos del Milenio, que pretendían erradicar la pobreza para el 2015, se van a ver muy demorados ante la premura de salvar, ante todo, el sistema financiero de los países más ricos. De nuevo, parece que la factura y los platos rotos del fenomenal desaguisado de la gran Banca la pagarán los que menos tienen, que verán sus expectativas postergadas sine die.
      

      

       Resulta escandaloso y paradójico que los países más ricos del mundo no fueran capaces de garantizar 50.000 millones de dólares para endorsar la consecución de los Objetivos del Milenio en la cumbre de la ONU del pasado 25 de septiembre y, unas semanas después,  no hayan tenido ningún rubor en garantizar más de 3 billones de dólares para apuntalar lo que se pretende llamar un nuevo orden económico mundial. Pero mientras el pretendido orden se base en un desorden de las prioridades humanas, no será tal, porque el problema fundamental de la Humanidad hoy en día no es que se paralice el crecimiento económico, sino la permanente sangría de vidas humanas por la injusticia y la pobreza a la que han sido condenados miles de millones de seres humanos desde su nacimiento.
      
La refundación del Sistema no puede ser a cualquier precio y sin aprovechar la ocasión para un gran cambio. No puede olvidarse de los que nada tienen y siguen sin acceso a una vida digna. De allí que sea imprescindible que la voz de los sin voz pueda escucharse en la cumbre del próximo 15 de noviembre a través de ONGs de prestigio. Sería también importante que los seguidores de Jesús recordáramos la parábola del Buen Samaritano y nos quedáramos atendiendo a las víctimas, los ninjas y sus primos más pobres, mientras los sacerdotes del Dios Dinero pasan deprisa para no llegar tarde a su cumbre. Unamos nuestras voces para reivindicar que “otro sistema es posible”.

Juan Yzuel
 

Pobreza globalizada

¿En dónde están los profetas?

 Se nos acumulan las causas, las urgencias, las situaciones de extrema necesidad. Los retos a los que la gran familia humana, en especial los más pobres, se está enfrentando aumentan día a día. A los ya existentes (Sida, desempleo, falta de respeto a los Derechos Humanos, pobreza, guerra, desarraigo...) se van añadiendo el cambio climático, la brutal subido del petróleo, la crisis económica, el alza de precios de los alimentos básicos, la nueva carrera de armamentos, la emigración forzada, la pérdida de derechos laborales...

       Como comunidad cristiana, estamos llamados a realizar gestos proféticos claros. No es preciso salir en los medios de comunicación para poder hacerlo. Puede ser tan simple como un compromiso personal y comunitario con una acción que, sabemos, produce un efecto sanador, equilibrante, solidario.

       Lo cual no quita que, como Iglesia, con     mayúsculas, se nos pida algo más. En algunos países ricos, la Iglesia parece haber perdido parte de su autoridad moral en áreas como la paz, el desarrollo, los derechos humanos... Nuestra velocidad de reacción ante la cascada de acontecimientos es muy lenta. Mientras, los problemas se enquistan. Hay que decir y hacer algo en Darfur. Hay que evitar que nos olvidemos de Birmania. Hay que hacerse oír sobre los recursos básicos. Hay que luchar porque la solución al problema económico no sea rebajar a todos y todas los derechos laborales tan dolorosamente adquiridos.

       Señor, envíanos profetas, hombres y mujeres que nos hagan salir de nuestra apatía y conformismo. Y abre nuestro corazón y nuestra mente para descubrir tu Palabra en ellos.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

Inclusión y compasión

¿EL HOMBRE O EL SÁBADO?

 En estas últimas semanas se han publicado muchas opiniones sobre el caso de un niño celiaco cuyos padres han pedido al Obispado de Huesca que se le permita hacer la Primera Comunión con una oblea elaborada con harina sin gluten. A esto se ha opuesto el Obispado alegando la doctrina de la Iglesia sobre la composición exacta del pan que debe usarse en el altar, que debe ser de harina de trigo sin adulteración, y recordando que la comunión es completa bajo cualquiera de las dos especias, sea la del pan o la del vino. El niño puede hacer perfectamente la comunión bebiendo del cáliz, de igual forma que la mayoría de los fieles comulgan perfectamente compartiendo sólo la patena.
       Ante esta situación se ha desatado todo un vendaval de opiniones, desde las más ortodoxas hasta las más anticlericales, pasando por las políticamente correctas, que en este caso denuncian que un sorbito de vino podría ser el origen de una adicción al alcohol. Dios me libre, en estas breves líneas, de entrar al trapo de unos o de otros. Mi intención es añadir al debate algo de luz para entender porqué la Iglesia es tan reticente a permitir oficialmente el cambio en la composición del pan de la Eucaristía o, en el caso de sacerdotes alcohólicos, el que celebren la eucaristía con mosto y no con vino.
       La cuestión toca uno de los temas centrales de la Teología sacramental. Si la Iglesia admitiera que se puede cambiar la composición del pan en el caso de los celiacos, debería admitir lo que miles de misioneros han venido demandando desde hace siglos: que se clarifique la esencia del sacramento y se dé libertad a las iglesias locales para adaptar algunos elementos secundarios. Si Jesús era judío y, para instituir la Eucaristía usó los alimentos básicos de su cultura, el pan y el vino, ingredientes de la cena pascual, ¿no sería lógico usar para el sacramento el pan y el vino de cada cultura, especialmente aquellas que, por su lejanía de las culturas mediterráneas, apenas comparten alimentos comunes? Así lo comenzó a plantear Mateo Ricci, misionero jesuita del siglo XVII en China y profeta de la inculturación, y lo siguen proponiendo muchos misioneros y teólogos actuales que trabajan en sociedades donde la dieta básica se sustenta en el arroz, el maíz o el mijo, o donde el “vino” proviene de estos cereales y no de la uva. Cuando la Eucaristía se celebra en un poblado africano pobrísimo, con un pan y un vino que deben importarse de Europa, ¿no se está sacralizando la “forma” del sacramento y minusvalorando su “esencia”? Porque la Eucaristía es, ante todo, expresión del amor fraterno, la fe compartida y el compromiso con la causa de Jesús, y no un rito cuasi-mágico donde la presencia del Resucitado estaría condicionada por una harina que no superara los “controles de calidad”.
 

 

No es justo exigir a un párroco, ni al obispo de Huesca, que se salten las leyes de la Iglesia, máxime cuando la comunión del niño está garantizada con la sangre de Cristo. Pero tampoco nos podemos quedar de brazos cruzados ante una situación que nos deja incómodos a muchos. Es deber de todo cristiano trabajar para que la Iglesia siga profundizando en el Evangelio, tarea en la que parece estar estancada. El Concilio Vaticano II hizo enormes esfuerzos por comenzar a responder a los problemas, esperanzas y sufrimientos del hombre y la mujer de hoy. Pero llevamos casi tres décadas asustados ante los siguientes pasos que la dinámica iniciada en el Concilio nos exige y que supone, entre otras cosas, la revisión, a al luz del Evangelio, de las estructuras sacramentales, pastorales, ministeriales, jerárquicas…
       Desde esta perspectiva, podemos preguntarnos: ¿qué hubiera hecho Jesús en este caso? La lectura del Evangelio nos da bastantes pistas. Por de pronto, es muy improbable que Jesús pusiera el acento en la “pureza” o composición del pan, algo por lo que los fariseos sí habrían sostenido largas y acaloradas discusiones. En una de esas controversias con los fariseos, un sábado en que Jesús había permitido a sus discípulos alimentarse arrancando espigas– y profanando así, según la interpretación legalista, el mandamiento del descanso semanal-, Jesús repuso: "el sábado está hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado"(Mc 2,27). Es decir, les recordó que, por encima del rigorismo formal, se encuentra la ley suprema del amor y ésta debe llevarnos a la compasión, la acogida, la inclusión… Él, como entonces, nos vuelve a decir en este caso y en todos los casos: “Amaos unos a otros como yo os he amado”.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

Con nocturnidad

Es la hora de las tinieblas

 A Jesús lo fueron a arrestar de noche, y él increpó a los acompañantes de Judas: "Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido. A diario he estado enseñando en el templo, y no me apresasteis..."

Hoy, como entonces, como en tantos momentos antes, las vidas y las puertas de mucha gente buena han sido arrancadas a patadas, de noche, por los poderosos y sus sicarios. Hoy, como entonces, millones de inocentes han sido arrastrados a culatazos hacia Sanedrines, tribunales populares, consejos de guerra o simples jaurías humanas para ser crucificados, ahorcados, quemados, apedreados o fusilados en las cunetas de la Historia.

Jesús hizo suya la causa de los más pobres y débiles, los olvidados y los marginados. Y acabó haciéndose totalmente uno con ellos, sometiéndose incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

 

Al compartir la Eucaristía, asumimos plenamente participar con él del mismo cáliz, de la misma entrega, de la misma suerte. De allí la obligada pregunta: ¿En qué bando estoy yo, con quienes podrían ser arrastrados a patadas o con los que llegan con palos a prender a otros?

Juan Yzuel - Ciberiglesia


Cuaresma 2008

Desnudos y vulnerables

 El desierto forma parte de los "espacios sagrados" de muchas tradiciones religiosas. A él fue también Jesús, según nos cuentan los evangelios, para orar y ser tentado.

La cuaresma nos recuerda ese tiempo de la vida de Jesús, y nos invita a caminar con él, desnudos y vulnerables. Porque, en el desierto, sentimos como en ningún sitio nuestra enorme fragilidad y dependencia. Y también nuestra resistencia al cambio y nuestro desequilibrio.

Cuando todo calla, cuando nada nos distrae, cuando sólo el silencio y la soledad son nuestros compañeros, salen de nuestro interior lo que verdaderamente llevamos dentro. No tenemos nadie a quien engañar, nada que pretender, nada con lo que tapar el vacío, el miedo o las dudas que nos habitan.

Y sólo caven dos opciones: salir corriendo de allí para volver a drogarnos con los sucedáneos de espiritualidad con los que nos inyectamos muchos días, o aguantar el tipo y enfrentarnos a nuestra realidad.

Si hacemos lo segundo, entramos de veras en ese espacio sagrado en el que Dios nos muestra su verdadero rostro. Desnudos, pobres y necesitados ante Él, renovamos nuestra filiación más profunda.

El desierto no está en un sitio determinado. Podemos ir al Sáhara y no aprender nada de él si nuestra actitud es la de un simple turista. Por el contrario, en medio de nuestra ciudad, en nuestra vida diaria, podemos entrar en el gran silencio si buscamos de veras al único Señor.

Feliz cuaresma. Feliz libertad.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

Adviento 2007

Dios-con-nosotros, inseparable de nuestra aventura

 El que viene nos enamore
y su Amor nos “queme las entrañas”.

El que viene nos descoloque
y su Camino “nos proponga cambios de sentido”.

El que viene nos habite
y su Verdad “nos haga libres”.

El que viene nos interpele
y su Vida “nos sane las heridas”.

El que viene nos ilusione
y su Luz “nos sostenga en la confianza”.

El que viene nos recree
y su Pobreza “nos provoque vértigo”.

El que viene nos cuestione
y su Alegría “nos encuentre buscando la felicidad en él”.

El que viene nos contagie
y su Palabra “nos encienda el corazón”.

 

El que viene nos espabile
y su Espíritu “nos arranque las viejas formas y costumbres”.

El que viene nos "okupe"
y su Promesa “nos mantenga con la fuerza de su fidelidad”.

El que viene nos movilice
y su Esperanza “nos haga soñar y profetizar”.

El que viene nos aliente
y su Encarnación “nos impulse a optar por los más débiles”.

El que viene nos irradie
y su Pasión por la Humanidad “nos proyecte a Anunciar la utopía de la Cruz”.

Juan Ignacio Villar (Vily)
vilypassio (arroba)  hotmail. com

Nuevos mártires

Una oportunidad de perdón y de gracia

 Este 28 de octubre van a ser beatificados 498 mártires de la persecución religiosa durante la guerra civil española.
       Este hecho tiene muchas lecturas, y van a levantarse personas con opiniones muy distintas sobre la conveniencia de esta beatificación en este momento preciso. Por eso es necesario posicionarse desde la Teología y el compromiso para reconocer que este acontecimiento puede ser un momento de perdón y de gracia.
      Justo cuando se está tramitando en España la Ley de Memoria Histórica, es bueno recordar que hubo miles de personas que sufrieron el martirio por el sólo hecho de ser cristianos. Esto no se enfrenta ni debiera utilizarse como argumento contra la necesidad de recordar a los que fueron perseguidos por sus ideas políticas o fueron víctimas de la revancha de los vencedores. Todo lo contrario: cada persona y cada familia o grupo es digno de recordar y honrar la memoria de todas víctimas innecesarias de una guerra terrible y fratricida.
 

       Por otro lado, la beatificación debe volvernos a recordar que siguen faltando mártires: los de la persecución religiosa en el lado nacional, sacerdotes, religiosos y laicos que dieron su vida también por Cristo desde posicionamientos sociales y políticos contrarios al régimen militar de Franco. Que también ellos sean reconocidos por la Iglesia es una tarea inaplazable.
       Ésta es una oportunidad de dar gracias por la generosidad de estos 498 hombres y mujeres. Que su sangre sea fermento de cambio en una Iglesia española necesitada de testimonio y credibilidad. Una buena ocasión, este día 28, para renovar  nuestras promesas bautismales.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

¡Necesitamos fuego!

Sopla,
Espíritu de Dios

 Espíritu Santo, Espíritu de Jesús,
sopla como el viento huracanado de Pentecostés y ven como un fuego.

Un fuego que temple nuestra fe
y nuestro amor.

Un fuego que nos suelde a toda las criaturas y nos haga sentirnos UNO con la Creación.

Un fuego que acrisole
los mejores dones de cada cristiano/a
y lo ponga al servicio de la comunidad.

Un fuego que nos purifique
de tantas cosas que nos sobran.

Un fuego que limpie tanto añadido
al Evangelio a lo largo de los siglos.

Un fuego que hornee el pan
de un eucaristía comprometida y fraterna.

Un fuego que ilumine
a cuantos caminan en la noche.

Un fuego que nos haga abrasarnos
en el amor a Cristo.

Un fuego que venga a calentar
el frío ambiente
de tantos rincones de nuestra Iglesia.

Un fuego que nos marque en la piel
como hijos e hijas de Dios
para vivir como hermanos.

Un fuego que nos empuje a tomar riesgos
y asumir nuestro reto histórico.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

Abril, 2007

Resucítanos, Señor

Danos fe y luz

 Señor Jesús,
aprendimos de niños que habías resucitado al tercer día y que la fuerza de aquella experiencia pascual había transformado de tal manera a los apóstoles que, en poco tiempo, la Iglesia se abrió paso en un mundo hostil gracias al testimonio de tu Resurrección y al amor que reinaba en las primeras comunidades.

Nuestra tentación hoy es quedarnos felices con esta fe, encerrados en nuestras vigilias pascuales, sin hacer nada por llevar tu luz a un mundo que necesita esperanza. Y, para ello, necesitamos una valentía nueva. Es difícil caminar sin seguridades en una sociedad y un mundo que piden pruebas de todo y donde, además, tampoco nuestro testimonio como comunidad es nada del otro mundo. ¡Con la que está cayendo!

Llénanos de tu Luz en este día. No nos dejes en la noche. Vuelve a caldear nuestro corazón partiendo el pan en Emaús.

       Ayúdanos a comprometernos, como tú, con los olvidados de la historia, los abandonados en las fosas comunes, los sin-nombre que siguen colgados de tantas cruces. Danos la luz de la Vida. Resucítanos contigo para seguir trabando para que otro Mundo y otra Iglesia sean posibles. Aumenta nuestra fe para seguir gritando por los caminos: ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!

Juan Yzuel - Ciberiglesia

 

Tiempo de reconciliación

¡Feliz Cuaresma!

 Sí, Feliz Cuaresma, porque un año más Dios nos vuelve a regalar una oportunidad, y van tantas, de conversión y eso no deja de ser motivo de gozo en nuestra pequeñez.
       Feliz Cuaresma, porque re-iniciamos un camino que sin eludir la muerte, nos conduce a la Vida Verdadera, gracias a la Resurrección del Maestro y eso no deja de ser motivo de esperanza en nuestras miserias.
       Feliz Cuaresma porque ante las tentaciones de vivir en blanco y negro, Dios nos habla en colores, intensos y vivos, y nos ofrece la reconciliación, Su Reconciliación como instrumento de conversión y de cambio.
       Os proponemos, nos proponemos vivir esta cuaresma, estos días, este camino regalado desde la reconciliación. El mundo que estamos viviendo, la realidad que nos acontece, está rota, divida, fragmentada, casi muerta, sino del todo, en viernes santo permanente, por eso la necesidad de hacer feliz esta cuaresma desde la reconciliación. No desde la nuestra, sino desde la que Dios se empeña en regalarnos cada día.
       Reconciliación con Dios, Principio, Amor de nuestras vidas, Misericordia regalada a cada instante, Abrazo de Madre/Padre, como a hijas e hijos que regresamos al hogar después de haber dilapidado la herencia. Reconciliación con quien no deja de reconciliarse eterna y fielmente con cada una, con cada uno.
       Reconciliación conmigo. A pesar de mis miserias, de mi pecado, de mi limitación, de todo lo necio, lo inmaduro, lo pobre… que hay en mi, puesto que Dios, Abbâ, no ha dejado de amarme ni un solo instante, puesto que me ha hecho una persona amable a Sus Ojos y a los ojos del resto de la humanidad, no puedo ser yo quien me haga odiable. Es necesario en esta cuaresma hacer un pequeño ejercicio de acogerme y reconciliarme conmigo, para así poder ofrecerme y entregarme a esta humanidad nuestra de cada día como lo hizo Jesús Nuestro Maestro.
     

       Reconciliarme con mi entorno más próximo, crear lazos de religación como decía Zubiri. Reconciliarme con mi familia, con mis vecinos y vecinas, con mi trabajo. Reconciliarme y mientras lo hago, sanar heridas, ofrecer abrazos, amar mucho y amar bien, pues solo el Amor recibido y entregado es el que transformará lo cotidiano, pasando de la muerte a Su Vida.
       Reconciliarme con la Creación, con la humanidad y con la naturaleza y por tanto vivir en coherencia con mis Hermanas y Hermanos sufrientes, dolientes. Vivir en armonía ecológica con la naturaleza, desde el compartir, más que desde el consumir, desde el trabajo por una realidad sostenible y solidaria…
       Tratar de vivir estos días que se nos regalan, en clave de reconciliación nos ayuda a asumir las muertes y La Muerte que no dejan de producirse en nosotros y por nosotros, pero también nos ayuda a luchar, a colaborar en la tarea de transformación de la realidad. Nos ayuda a creer, a Creer que Su Muerte tuvo sentido y que como dice Pedro Sus Heridas nos han curado…
       Por eso y con eso me atrevo a deciros y a desearos Feliz Cuaresma, Hermanas y Hermanos en Jesús Resucitado por Dios Abbâ de la muerte. Feliz Cuaresma.

José Luis Graus
esteryjose (arroba) telefonica.net

Abbé Pierre

Un testigo del Evangelio en el siglo XX

 El Abate Pierre, fundador de la asociación de caridad Traperos de Emaús y reconocido trabajador en favor de los derechos de las personas sin hogar, una de las personas más conocidas y queridas de Francia, ha muerto a la edad de 94 años.

El Abate Pierre fundó la primera comunidad de Emaús en 1949. Desde entonces, ha sido un infatigable luchador por los más desfavorecidos, especialmente la gente sin hogar y sin derechos. Su constancia a favor de los derechos de los más pobres le ha valido el cariño y la admiración de toda Francia. El propio presidente de la República, Jacquea Chirac, ha lamentado su muerte y elogiado su figura. A través de un comunicado, se ha dicho “sobrecogido al conocer la muerte del Abate Pierre, por el que sentía un inmenso respeto y un profundo afecto”. Al igual que el presidente, “toda Francia está dolida. Pierde una inmensa figura, una consciencia, una encarnación de la bondad”.

Se llamaba en realidad Henri Groués y había nacido el 5 de agosto de 1912 en Lyon en el seno de una familia numerosa y acomodada. Estudió en los jesuitas hasta que a los 19 años entró en los capuchinos, la más pobre de las órdenes mendicantes, pero tiene que abandonar la orden por enfermedad poco después de ser ordenado y asignado a la diócesis de Grenoble. Durante la ocupación nazi, entra en la clandestinidad y colabora con la resistencia. Incluso llega a ser detenido por los nazis, pero logra escapar a Argelia. Luego, es elegido diputado en 1945.
 

Pero su verdadera obra comienza en 1949, cuando funda la primera de las Compañías de Emaús, un hogar para pobres, el primero de una organización que ahora tiene albergues en 50 países del mundo. Poco después, en 1954, lanza su famoso discurso en Radio Luxemburgo a favor de la “insurrección de la bondad” a causa del terrible invierno del 54, que afecta a muchas personas de la calle. Comienza entonces una lucha por los sin techo que ha durado más de 50 años, en los que su organización no para de crecer. Cuarenta años más tarde de su primer discurso radiofónico, volvió a subirse a la escena para denunciar “el cáncer de la pobreza”, lanzando una segunda petición de ayuda para los 400.000 sin techo de Francia y por el derecho de todos a la vivienda.

Su lucha incansable por los sin hogar ha tenido como escenario la calle, la televisión, la radio e incluso la Asamblea Nacional francesa, donde intervino en enero del año pasado. Fue nombrado en 1992 Gran Oficial de la Legión de Honor francesa, aunque en 2001 se negó a llevarla para protestar contra el rechazo del Gobierno a proporcionar alojamiento a los sin techo cediéndoles viviendas vacías. En 2004, se le elevó la condecoración a Gran Cruz de la Legión de Honor.

Ahora sí...

Al descolgar las luces
comienza la verdadera
Navidad

 Ya han recogido las luces de navidad, la realidad vuelve de golpe a la normalidad, casi sin darse cuenta, casi sin darse tiempo. Los villancicos dejan de oírse hasta el año que viene. Los Magos de Oriente descansan a años luz.
       Parece como si hubiera pasado una riada que se lleva todo; el jaleo, los nervios de la gente menuda, los cartones y envoltorios de los regalos… En las casas, guardamos los belenes, aunque parece que más que recogerlos, los escondemos.
       Las navidades han terminado. Y ahora que terminan, es cuando recobra más fuerza que nunca la NAVIDAD.
       Tres palabras pueden definir este nuevo tiempo de Navidad que nos empieza: Contemplar el Misterio de la Encarnación.
       Contemplar como llamada a educar la mirada, a no consumir imágenes a apreciar las variaciones de gestos en los rostros de las personas, a reír con la sonrisa de quien está al lado, a dejarnos afectar por las lágrimas de tristeza o de dolor. Contemplar, dejar que la realidad me hable y escucharla y acogerla y descubrir la Presencia de Dios en medio de las personas y de los acontecimientos. Contemplar, dejar que todo, absolutamente todo lo que entra por los ojos, llegue al corazón y lo transforme y no lo deje indiferente y lo mueva. Contemplar…
       El Misterio, pues no todo tiene respuesta, pues lo más importante no puede ser aprendido. Pues el Misterio de la vida requiere de nosotros apertura, humildad, acogida, gratitud, confianza, abandono. Pues en la Vida regalada de Dios, cada mañana al levantarnos se nos da la oportunidad de vivir desde el Misterio, de vivir en el Misterio. De Contemplar el Misterio.
     

De la Encarnación. Dios ha decidido hacerse carne, un@ con-por-en nosotr@s. Frágil, pobre. Encarnación, bajar a las profundidades más profundas de nuestra existencia para provocar que emerja nuestra Hermosura. Nadie sabe cómo, pero se Encarna, por eso es un Misterio. Acogiendo nuestra humanidad en su cuerpecito de bebé, acoge todas y cada una de las humanidades y por eso con “brotes de olivo” cantamos Cristo nace cada día… en tantas y tantas realidades que se nos cruzan ante los ojos, ante los corazones.
       La navidad no es el recuerdo de lo que en Belén sucedió, sino actualización una y otra vez del Misterio Encarnado de nuestro Dios, que no deja de llamarnos a la Contemplación, para que desde esa fuente, tan amorosamente regalada nos dirijamos a cada rincón de la realidad y ahora sí, ahora con más fuerza, ahora con más empeño, ahora con más creatividad, ahora con más austeridad, ahora con más esperanza, podamos decir sin desfallecer FELIZ NAVIDAD, Cristo Nace cada día, FELIZ NAVIDAD.

José Luis Graus Pina
joseluisgraus(arroba)yahoo.es

Navidad 2006

No hay sitio
para muchos

 En los días próximos a la Navidad ha habido en España varias manifestaciones de personas que, por diversas causas, entre las que hay que resaltar la brutal especulación inmobiliaria, ven que su capacidad de llegar a tener una vivienda digna se va alejando cada día más. En un país que construyó casi un millón de nuevas viviendas en los últimos dos años y donde hay centenares de miles de pisos vacíos y sin alquilar, los jóvenes, los inmigrantes y las familias de pocos recursos ven casi imposible llegar a tener una vivienda digna.

 

Navidad es un momento para recordar que muchos no acogieron a aquella humilde familia de Nazareth. En este paradigma están representados los miles de millones de empobrecidos de hoy en día. No hay sitio para muchos. Una gran  parte de la humanidad es empujada a vivir en la periferia de la justicia y la dignidad.
       Entre ellos se hizo uno Jesús de Nazareth. Vino a los suyos y los suyos no le reconocieron. Abramos los ojos y contemplemos su rostro en los desheredados de la Tierra. Él está cerca.

Juan Yzuel Sanz

Gracias a Fernando Bernabé (Nano) por su dibujo

Gracias, Manantial

El cierre de una librería

 Cada librería que cierra –y hemos visto cerrarse unas cuantas en nuestras ciudades en estos últimos años- nos deja huérfanos a quienes encontramos entre sus paredes la luz y la compañía de los libros, de sus autores y, también, de los libreros que nos señalaron el camino hacia lo que íbamos buscando.
       En esta próxima semana cerrará sus puertas la librería Manantial de Zaragoza. Junto con ella cierran las otras librerías del grupo Manantial en Teruel, Valencia, Ciudad Real y Pamplona. Estos centros, especializados en pedagogía, temas religiosos, infantiles y juveniles, fueron impulsados por el Instituto Secular Vita et Pax. La actividad del grupo Manantial comenzó a pequeña escala, en un quiosco de prensa de la Estación de Autobuses de Pamplona, en 1952. La primera librería fue la de la calle Sancho el Mayor de Pamplona en 1955, año en que se abrió también la de Valencia. En 1961 comenzó su andadura la de Zaragoza.
       La decisión del cierre, que comunicó el pasado 25 de agosto a sus clientes Rosa Arrizabalaga, directora de Manantial, se ha tomado como consecuencia de las "pérdidas generadas y a pesar de los esfuerzos de inversión y de renovación humana" de la empresa en estos últimos años. Estas mujeres, que han dedicado su vida a esta tarea, esperan que “nuevas formas de transmisión de la cultura del libro tomarán su relevo”. Por el momento, sin embargo, nuestra ciudad sufrirá una grave pérdida, paliada sólo en parte por el hecho de contar con otra librería de parecidas características (Ars). Pero en otras pequeñas ciudades, como Teruel, quedará un hueco imposible de llenar.

       La Librería Manantial
ha sido para muchos cristianos aragoneses un espacio de encuentro, amistad, cariño y agradecimiento. ¡Cuántos libros, postales, iconos, discos y regalos no habrían llegado a nuestras manos sin el esfuerzo de estas mujeres! Aunque, en teoría, vivimos en un libre mercado donde fluyen todas las mercancías, son necesarias las personas especialistas que acercan un determinado producto al consumidor. O, en clave de letras, un cierto libro al lector. Muchas pequeñas editoriales no pueden dar a conocer sus fondos por no contar con los distribuidores necesarios. Y allí entra la labor del librero profesional, esa persona cuyo prestigio, desgraciadamente, hemos visto

 

Avventori in una libreria ambulante

minado por el debate sobre si las grandes superficies podían o no vender más barato. La gran superficie es el terreno abonado del best seller. Libreros “de siempre”, los vocacionales, son quienes se arriesgaron y abrieron las ventanas de nuestro país cuando nos ahogaba el aire viciado de la dictadura. Libreros auténticos, los que se leían los libros antes de recomendarlos, son los que nos han acompañado de la mano, en algún momento de nuestra vida, hasta un oculto anaquel para ser presentados a un maestro que, en algunos casos, ha transformado totalmente nuestra vida.
       Manantial cerrará. Y ese día deberemos hacer examen de conciencia porque, de seguir así, esa parte de la cultura que suministran los pequeños libreros irá, paulatinamente desapareciendo. Es posible que una parte de esa luz siga cabalgando a lomos de las redes informáticas, pero no toda. Algo muere cuando una lengua se deja de hablar; algo se debilita en nuestra sociedad cuando la voz de las minorías deja de oírse en la plaza. De ello todos somos un poco culpables. El top manta mata la música de los “otros”, los que invierten lo poco que tienen para dejarnos oir su voz. Las grandes cadenas de distribución silencian a esos otros “pequeños” que nunca lograrán colgar su libro o su disco en los selectos estantes de “los más vendidos”. Pero, en el fondo, somos nosotros, los que compramos en uno u otro sitio, los que decidimos quien debe o no seguir viviendo. Somos nosotros los que debemos decidir, mientras suena un nuevo réquiem, si la dirección que está tomando el mercado del libro debe guiarse, única y exclusivamente, por motivos económicos.

Si queréis mandar unas palabras de agradecimiento: manantial@manantial.net

Juan Yzuel Sanz

Víctimas y terroristas

El don del perdón

José María Múgica Eras, hijo de Fernando Múgica, dirigente socialista asesinado por ETA, reconoció “sin lugar a dudas” a Francisco Javier García Gaztelu “Txapote” como el asesino de su padre en la Audiencia Nacional y expresó que la familia no perdonará jamás este crimen. Muchas personas se han solidarizado con ese sentimiento, resaltado por la inhumana actitud de desprecio del etarra ante la familia en el mismo juicio.

No son las únicas familias que no pueden perdonar. Tras los atentados de Londres del 7 de julio de 2005 también hay personas que no pueden olvidar ni perdonar. En marzo, Julie Nicholson, ministra de la Iglesia Anglicana, dimitió como responsable de la parroquia de St. Aidan en Bristol por no poder perdonar a los terroristas suicidas que mataron a su hija Jenny. Tras meses de lucha espiritual admitió: “es muy difícil para mi celebrar la Eucaristía y dirigirme a la gente con palabras de paz, reconciliación y perdón cuando yo me siento muy lejos de ello”. Llama la atención la lucha interna entre lo que la sacerdotisa anglicana sabía en su fuero interno que debía hacer para seguir las exigencias del Evangelio y su imposibilidad personal de perdonar. La dureza adicional de los atentados suicidas se encuentra en que el terrorista desaparece en el mismo acto criminal, por lo que no deja lugar al perdón, no hay un rostro a quien dirigirse. Tampoco dejan lugar al perdón los terroristas no arrepentidos que son capaces de seguir escupiendo a la cara de las víctimas en nombre de una sacrosanta ideología.

La paradoja es que nuestro amor a las víctimas nos debe llevar a ayudarles a perdonar. Pero el perdón, a pesar de ser uno de los elementos más profundos de la espiritualidad cristiana, no se puede imponer. En la práctica, muchos cristianos encuentran difícil perdonar y, en nuestra cultura ha catalizado esa actitud en una frase ambivalente: “perdono pero no olvido”. No se puede perdonar por obligación, ni porque exista un mandamiento. El verdadero perdón no se puede conseguir apretando un botón. Para perdonar hay que iniciar un proceso personal en el que son necesarias muchas ayudas humanas y divinas. Aunque hemos escuchado desde niños que no puede haber verdadera paz sin reconciliación y perdón y muchos líderes de todas las tradiciones religiosas han insistido en este mensaje a lo largo de los siglos, el perdón personal no viene de forma sencilla. Se requiere recorrer un largo camino que pasa por el duelo, la aceptación de la nueva realidad, el renacer de las ganas de vivir y el deseo de liberación de las ataduras de un pasado que convierte en víctimas permanentes a quienes no son capaces de desapegarse de la terrible herencia de la violencia sufrida.

     

En España, con las puertas abiertas al fin de la violencia de ETA, toda la Sociedad deberá hacer un mayor esfuerzo en esta dirección. Un ejemplo a seguir podría ser la experiencia de Sudáfrica tras la revolución pacífica de Nelson Mandela que llevó al final de apartheid. La Comisión de la Verdad y la Reconciliación (TRC, en sus siglas inglesas), liderada por el arzobispo Desmond Tutú, organizó cientos de sesiones públicas en las que tanto las víctimas como los responsables y autores de la violencia pudieron escucharse mutuamente. El objetivo de la TRC fue conseguir la dignidad y la reparación moral a las víctimas y dar la posibilidad a los violentos de dar a conocer lo que sabían y pedir perdón. El éxito de la experiencia anima la esperanza en un mundo donde es tan fácil resucitar viejos odios tribales, heridas históricas nunca bien sanadas, ofensas no vengadas, herencias envenenadas de odio pasadas de generación en generación, susceptibilidades interreligiosas que impiden un verdadero diálogo y encuentro.

Los cristianos de España tenemos una triple labor en este aspecto. Por una parte debemos sumarnos humildemente a los gestos de arrepentimiento que propició el Papa Juan Pablo II en torno al jubileo del tercer milenio. La Iglesia debe pedir perdón por su participación en toda esta violencia. Peligrosa forma de idolatría, la ideología nacionalista de diverso signo, que está en la base de todo este sufrimiento, ha sido disfrazada de virtud y predicada por muchos curas, religiosos, maestras y catequistas durante siglos y, sobre todo, desde la guerra civil. En segundo lugar, la Iglesia del País Vasco debe reconocer que olvidó a las víctimas de la violencia etarra y que les debe una reparación moral y espiritual. Y, en tercer lugar, los cristianos debemos reconocer que sólo en Jesús, y no en simples terapias, está la fuerza para ayudar a las víctimas a perdonar, pero que esta gracia no es algo mágico ni mecánico, sino que se obtiene cuando nos ayudamos mutuamente a levantar las manos y orar por una vida digna y libre de las ataduras terribles de la violencia, por un futuro en paz para nuestros hijos e hijas. No todos lo conseguirán, pero merece la pena hacer todo lo posible para que el perdón fluya.

Juan Yzuel Sanz

Salvar el planeta

Junio 2006

El Espíritu, que llena la Tierra, nos alienta

 

En los últimos años crece la preocupación de la población de todo el mundo por el estado de nuestro planeta, nuestra casa común, el único lugar en el que la Humanidad y toda la Creación viva conocida puede existir.
       Como en tantas cosas, también son los más pobres quienes, a pesar de ser lo que menos contaminan y utilizan recursos energéticos, sufren las peores consecuencias del cambio climático, la contaminación y la escasez de agua.
       Los relatos de la Creación, en el libro del Génesis, dan al ser humano la misión de cuidar de la obra de Dios. Pero nunca hemos estado tan cerca de provocar desastres que hagan imposible la Vida en nuestro planeta.
 

      El Espíritu Santo, que "llena la Tierra", sigue alentando a personas generosas que dedican su existencia a "salvar" el mundo, y nunca mejor dicho. Pero poco se puede hacer sin un cambio profundo de mentalidad, sin una conversión hacia un estilo de vida más sencillo y menos agresivo.     
       En este tiempo del Espíritu, tiempo de Pentecostés, oremos al Señor por un profundo cambio de actitud en todos nosotros. Que la Iglesia sea modelo y testimonio vivo en esta lucha. Y eso empieza por ti y por mí, ahora, ya, en este mismo momento de certeza.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

   

Pascua 2006

El don del perdón, fuente de toda verdadera paz

En España, con el anuncio del alto el fuego permanente de ETA, se abren nuevas puertas a la esperanza.
       En este momento crucial de la historia de nuestro país, pero también de la historia de la gran familia humana, porque cada proceso de paz es una "buena nueva", los cristianos estamos llamados a cooperar en esta nueva situación ayudando a las víctimas de tanta violencia, y a los violentos, a entrar en un verdadero proceso de reconciliación.

      

       Jesús subraya en sus parábolas, y lo vivió hasta los últimos momentos de la cruz, que como hijos del Padre hemos de ser capaces de perdonar y de recibir el perdón. Unidos a Él, en el misterio pascual, oramos por la paz y la reconciliación. Que juntos podamos edificar un futuro de convivencia desde el respeto. No va a ser fácil, pero para ello murió y resucitó el Señor.
                                   ¡Feliz Pascua!

Juan Yzuel - Ciberiglesia

Cuaresma 2006

Disfrazarme de mí mismo

Hubo una vez un hombre que en Carnaval se disfrazó de sí mismo, y parecía otro y fue muy feliz, aunque el miércoles de ceniza volvió a ser el de todos los días, es decir, el que los demás querían que fuera”.
       Lo digo con tiempo, para que quienes ya están pensando lo que van a hacer en el Carnaval que se avecina, se preparen, entre otras cosas, el disfraz que seguramente más necesitan: “disfrazarse de sí mismos”, es decir, ser ellos mismos. Y no ser lo que los demás quieren que  uno sea. Lo digo con pasión y quizá con rabia: “Estoy harto de ir por la vida representando un papel”, o sea, estoy cansado de hacer el cómico y no ser yo mismo. Según lo que de mí espera la gente que me conoce, cada mañana, cuando me levanto, me disfrazo de cristiano, me disfrazo de cura, me disfrazo de jesuita. También me pongo algo de hombre de estudios, para que muchos me vean como quieren verme, como un intelectual. Y así me paso la vida: representando papeles. La pura verdad es que, a fuerza de ser una cosa y parecer otra, muchas veces ni sé lo que soy.
Y si somos sinceros, a todos (a cada cual en su medida) nos pasa lo mismo. Somos lo que los demás quieren y esperan que seamos, pero no lo que en realidad somos, cuando somos nosotros mismos.
       Por el ambiente en que vivo, yo sé de obispos que son lo que Roma quiere que sean, pero no lo que ellos mismos piensan o sienten. Y sé de curas que son lo que el obispo quiere que sean, pero no lo que ellos mismos dicen cuando están solos. Y sé de jesuitas que van por ahí como la gente quiere que sea un buen jesuita, pero no como ellos son en realidad. Como también sé de intelectuales, de gente de derechas y de gente izquierdas, que, según el sitio a donde van, se ponen el disfraz que les conviene.
       Normalmente, cuanto más alto está uno en la escala de lo religioso, lo social, lo intelectual, más peligro tiene de verse obligado, cada día, a ponerse el correspondiente disfraz. La gente de abajo, los que no pintan nada en la vida, ésos van como son. No tienen nada que representar. Ni nada que aparentar. Las personas de buena familia, los sabios, los poderosos, no tienen más remedio que aparecer como tales. Por eso les importa el “¡qué dirán!”, el “¡qué van a pensar de ti si te ven así!”, etc, etc.

      

O también:”Este año se lleva esto o se lleva lo otro”. Hay que aparecer como quieren que aparezcamos los que imponen la moda, los que imponen los usos y costumbres, los que imponen lo que se come y cómo se come. O sea, vivimos en un perpetuo  miércoles de ceniza aunque sea navidad o viernes santo. El gran teatro del mundo.
       En el fondo, el problema está en que le damos más importancia al parecer que al ser. Uno puede ser un egoísta, un orgulloso, un ambicioso, un auténtico estúpido, pero lo que importa es no aparecer como tal. Es la hipocresía. Dueña y señora de nuestras vidas y de nuestras conductas. Con un agravante: que estamos convencidos de que así es como hay que ser. Con lo cual se perpetúa la farsa. Y todo lo falso, lo convencional, lo hipócrita, se superpone a lo auténtico, a lo verdadero. Y, sobre todo, se impone la mentira, por encima de la felicidad de las personas. Más aún, se impone toda la farsa y el engaño del mundo, a costa de que los más desgraciados se vean cada día más hundidos en su miseria. Porque la industria y el comercio de los que visten y alimentan a los notables de la sociedad, los que cada día se tienen que vestir y tienen que comer donde se viste y come la gente importante, eso cuesta mucho dinero, demasiado dinero. Y, claro está, luego no queda en los presupuestos, de la familia y del Estado, para subir las pensiones de los viejos que se mueren solos, ni hay dinero para hacer más hospitales, ni para tener nuestras ciudades más limpias, ni por supuesto para dar el 0´7 % en favor de los mil millones de criaturas que se mueren de hambre en el mundo. La industria del “parecer”, que es la asombrosa industria de los disfraces, resulta demasiado cara. Pero estamos tan apegados al “parecer”, que, por no “ser” lo que en realidad somos, hacemos lo que sea, aunque eso cueste demasiado dolor, humillaciones  indecibles y la eterna desgracia de los que vamos por la vida haciendo de comediantes, para que todos nos vean como quieren vernos. Y así, todos contentos. Como decía un viejo amigo mío: “si cada hipócrita llevara un farolillo, ¡qué verbena”.

Autor de la fábula: Mariano González Mangada

 

¡Feliz Año 2006!

40 Años del Concilio Vaticano II:
Otra Iglesia es posible

Ocho de Diciembre de 2005: 40º aniversario del final de Concilio Vaticano II. Para los más jóvenes, un acontecimiento lejano que les resulta difícil de apreciar en su radicalismo y atrevimiento. Para los mayores, una fecha aún cálida, un camino ilusionante, lleno de cambios vertiginosos, de aciertos y errores... Para todos, el comienzo de unos cambios en la Iglesia que supusieron una profunda puesta a punto de la estructura de la Iglesia, el comienzo de un mensaje pastoral más evangélico y comprometido con el mundo, y el renacer de una liturgia que pudiera ser entendida y apreciada.   
       Muchos caminamos o heredamos la luz de aquel concilio que nos hizo soñar y transformó nuestra Iglesia en una comunidad más parecida a la comunidad de Jesús. Demos gracias a Dios por lo que hemos podido vivir gracias al trabajo de quienes lucharon y soñaron con este aggiornamento, esta puesta al día.

       Pero queda mucho camino por andar para hacer realidad todo lo que aquel Concilio sembró. Vivimos tiempos recios, tiempos de desesperanza o confusión para algunos, tiempos llenos de retos nuevos para otros. Pidamos al Señor que este año 2006 seamos capaces de seguir caminando fieles a su voluntad, manifestada en aquel Concilio Ecuménico. Otra Iglesia es posible. Seguiremos arrimando el hombro para que pueda ser, a pesar de la dureza del viento y las heladas.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

Nov. 2005

Hace 30 años...

La herida del Sáhara que no sana

Hace unas semanas que nos escandalizaba la situación de tantos emigrantes africanos que buscaban una vida más digna y con más oportunidades al otro lado de la valla de Melilla. Varios murieron en el intento, otros se dejaron la piel a jirones... Pero ya no son noticia. Los hemos visto siendo conducidos a una tierra inhóspita por las fuerzas policiales marroquíes para ser atendidos... por los refugiados saharauis en el desierto.
       Durante treinta años, en este aniversario vergonzante apenas celebrado (o llorado), España ha sido incapaz de cerrar la herida histórica de justicia y libertad que tiene con el pueblo Saharaui. Maniatados por las presiones marroquíes, entre las que se encuentran los emigrantes subsaharianos como moneda de cambio, los diversos gobiernos no han sido capaces de apostar seriamente por una solución que respete los derechos históricos del pueblo Saharaui reconocidos por la ONU.
       No podemos guardar silencio. Seguiremos orando para que el Señor bendiga a todos los que siguen trabajando con la esperanza puesta en un horizonte de justicia y paz.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

 

Muere
el Hno. Roger de Taizé

Una vida que ilumina
a las Iglesias

Pocas personas en la Iglesia de este último siglo han brillado con una luz propia tan especial como la del Hermano Roger.
       Fundador de la comunidad ecuménica de Taizé, en Francia, vivió desde 1942 dedicado a promover la fraternidad y la reconciliación entre las personas y las Iglesias. Su testimonio de amor, sencillez y paz atrajo a millones de jóvenes a las praderas de Taizé y a decenas de encuentros internacionales por todo el mundo.
       En la tarde del 16 de agosto, mientras la comunidad oraba junto con más de dos mil jóvenes en la iglesia de la Reconciliación, una mujer, probablemente desequilibrada, se acercó a él y lo acuchilló en el cuello.
       Muchos hemos descubierto la presencia del Espíritu de Jesús en el Hno. Roger que, con palabras y obras, nos ha marcado el camino para vivir un evangelio encarnado en las luchas y esperanzas de los hombres y las mujeres del siglo XXI. Su legado de reconciliación, su estilo de vida y su forma de orar alientan y orientan la fe y el compromiso de muchos cristianos y cristianas de todo el mundo.      

www.taize.fr

       Pedimos al Señor que los hermanos sepan continuar ese espíritu de acogida y esa "parábola del compartir" que fue la vida del Hno. Roger, abierta y cercana al clamor de un mundo herido hasta sufrir estas mismas heridas en su propia carne.
       Nos unimos a la oración de la comunidad de Taizé, que rezaba la mañana siguiente, día 17, con estas palabras de esperanza y perdón:

"Tú, el Cristo de la Compasión,
nos permites estar en comunión
con los que nos han precedido
y que pueden permanecer
tan próximos a nosotros.
Ponemos entre tus manos al Hermano Roger.
Él contempla ya lo invisible.
Siguiendo sus pasos,
prepáranos para acoger un rayo de tu claridad".

Juan Yzuel - Ciberiglesia

 

Agosto 2005

Hiroshima y Nagasaki

60 años después

La mañana del 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, la primera bomba atómica usada con fines militares fue detonada sobre la ciudad de Hiroshima. Con ella se abrió una nueva era para la Humanidad. El ser humano conseguía la energía misma del Sol con toda su capacidad para destruir la vida.
       Mucho se ha escrito sobre la inmoralidad de esta arma y la incertidumbre que ha generado para el futuro de la humanidad. Entre su terrible
herencia está la carrera de

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armamentos, la Guerra Fría, el empobrecimiento de enormes grupos sociales de países pobres que han invertido enormes sumas de dinero en el desarrollo de armas nucleares (últimamente India, Pakistán, Corea del Norte...), el debilitamiento de la democracia por la necesidad de control militar de estos secretos, la inoperatividad de facto de la ONU al tener en el Consejo de Seguridad a los cinco grandes países nucleares, el peligro para el medioambiente (como las secuelas en los lugares donde se realizaron pruebas), la temible posibilidad de que grupos terroristas puedan hacerse con este armamento (el arsenal de la antigua URSS no está del todo contabilizado, en especial las bombas "portátiles" o "maletines"), o el mismo posible uso de estas armas entre países en guerra, cortina negra de la que apenas se habla pero sobre la que se proyecta el futuro de la humanidad).
       En este triste aniversario, oremos por las tensiones actuales: el deseo por parte de Irán de obtener la Bomba, la amenaza de Corea del Norte (cuyo régimen sólo se sostiene por el peligro militar que representa), la imposibilidad de resolver ciertos conflictos de forma diplomática con países que tienen la Bomba, la tiranía hipócrita de los EEUU sobre el resto del mundo por, entre otras cosas, el poderío militar que le da su arsenal nuclear, etc.
       Siguen resonando las palabras de Pablo VI en la Asamblea de la ONU del 4 de octubre de 1965: Jamais plus la guerre! (¡Nunca más la guerra!). Hasta que este grito se haga realidad, sigamos trabajando por la Paz y la desaparición total de todas las armas de destrucción masiva.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

 

Junio 2005

Manifestaciones

Sí a la familia,
sí al amor:
TODO amor.

El comienzo del verano está resultando un mes movidito, con muchas manifestaciones sobre diversos temas. Algunas de ellas, en especial la convocada el 18 de junio en Madrid por el Foro de la Familia contra los matrimonios homosexuales, han levantado una gran polémica al contar con la participación de dos decenas de obispos y el apoyo del Partido Popular.
        ¿Cuál es nuestra postura? Como católicos, creemos que Jesús nos invita a vivir en el AMOR, y dice San Juan que "donde hay amor, allí está Dios". Es en este terreno teológico y pastoral, y no en el psicológico o sociopolítico (donde las cosas están muy claras para la mayoría de los ciudadanos), donde queremos centrar nuestra reflexión.
       El catecismo de la Iglesia Católica reconoce que "un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición". (Nº 2358)
       El punto siguiente afirma: "Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior,

y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana" (2359).      
       He aquí donde entra la discrepancia pastoral no sólo nuestra, sino de miles de sacerdotes y obispos que, en la práctica de la confesión y el acompañamiento espiritual, toman el camino de la compasión y el amor. La cuestión es: si el don del celibato permanente lo da Dios a algunas personas, pero no a todas, siendo la inmensa mayoría llamadas a vivir su sexualidad en el matrimonio, ¿cómo pensar que todos/as los homosexuales, por el hecho de serlo, son llamadas a vivir en soledad? ¿Cómo condenar la unión comprometida, estable y amorosa entre personas del mismo sexo, especialmente con la sabiduría acumulada de siglos en la Iglesia que muestra el peligro constante -¡para toda la vida!- de la soledad que incita a la promiscuidad y al egoísmo? En el gran misterio de la revelación en la Historia, estamos reconociendo por fin que los homosexuales son hijos e hijas de Dios, Padre-Madre que nos invita a todos y todas a participar de la mesa común de la fraternidad.
       Las consecuencias de esta aceptación son múltiples y complejas. ¿Incluye la posibilidad de adoptar hijos si se cumplen las mismas condiciones de estabilidad, madurez y amor que se exigen a personas solteras o matrimonios? Sigamos debatiendo y escuchándonos. El Señor, que ha guiado a su Iglesia a través de los siglos, nos seguirá iluminando para que sepamos descubrir su voluntad en estos signos de los tiempos.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

 

Habemus Papam...

"Nosotros esperábamos..."

Como los discípulos de Emaús, muchos hermanos y hermanas se han sentido un tanto decepcionados con la elección del Cardenal Joseph Ratzinger al ministerio de Pedro. "Nosotros esperábamos...", se lee en miles de mensajes en la red en estos días.
       Nuestro nuevo Papa, Benedicto XVI, ha despertado todo tipo de reacciones. Unos lo recuerdan como el azote de teólogos y obispos progresistas, otros lo consideran un hombre muy inteligente, bueno y comprometido con la verdad. El tiempo dirá qué faceta de su persona se va a acentuar. Mientras tanto, démosle una oportunidad, como nos piden personas que han sido silenciadas por el mismo Ratzinger durante años, como el teólogo Hans Küng.

       Tal como dijimos tras la muerte de Juan Pablo II, "venga quien venga tras él, todas y todos seguiremos comprometidos en la construcción del Reino de Dios, con el Espíritu Santo arremolinándonos." La renovación de la Iglesia es obra de todos. Cercana ya la fecha de Pentecostés, como los discípulos, recordamos el mensaje de los ángeles: "¿Qué hacéis mirando a lo alto"... Sí, no esperemos que nos venga el cambio desde arriba. Hemos de seguir construyendo el Reino, sin cansarnos ni desanimarnos, desde la base. Como a los discípulos de Emaús, Jesús sale hoy a nuestro paso calentándonos el corazón con su Palabra para que abramos los ojos y veamos que, a pesar de la que está cayendo, el Reino crece en mil gestos de primavera.
       Oremos, pues, para que el Espíritu Santo mueva a nuestro nuevo Papa a tomarse en serio los acuciantes y difíciles problemas que vive la Iglesia Católica en Europa y otras partes del Mundo y que él mismo conoce bien, tal como ha expresado en sus muchos escritos y homilías.

 

Adiós, hermano.

Compromiso
y Esperanza

Con la muerte del Papa Juan Pablo II, que en paz descanse, ¿ha terminado un período de la Iglesia? Venga quien venga tras él, todas y todos seguiremos comprometidos en la construcción del Reino de Dios, con el Espíritu Santo arremolinándonos.
       La Iglesia que nos deja el largo pontificado de Juan Pablo II es una comunidad fragmentada y polarizada. Ante este momento histórico, nuestros deseos, nuestra oración y nuestro compromiso apuestan por una Iglesia donde exista el diálogo fraterno, se avance hacia estructuras eclesiales más igualitarias y participativas y se potencia su voz profética y su servicio humilde ante los grandes retos de la Humanidad y del Planeta.

Comunidad Ciberiglesia

Cuaresma 2005

Felices si os persiguen...

En los últimos meses ha habido una gran polémica sobre la supuesta política "laicista" del actual gobierno español.
       Tenemos muchas dudas sobre la militancia atea o antirreligiosa de muchos políticos, especialmente porque sacan tajada de los aspectos culturales, nacionalistas y económicos de lo religioso. Pero, si esto fuera cierto, ¿cual sería la actitud más evangélica ante la "persecución"?
       La Iglesia nació del Pueblo, y es más fiel al Señor cuanto más responde a "los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren" — nos dice la constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II. Por ello, no por deseo de poder o privilegio, los cristianos se hace presenten en todos los ámbitos de la vida humana, y lo harán hasta el fin de los tiempos.

       Si en el desempeño legítimo de ese servicio y testimonio sufrimos todo tipo de dificultades y la persecución (la verdadera, no la de la maledicencia o la que viene de decirnos a la cara los pecados que como Iglesia hemos cometido), sobrellevémosla con paciencia, amor y alegría, pues Jesús mismo nos ha llamado bienaventurados. Mientras tanto, dejemos de llorar por privilegios perdidos y pasadas glorias. Cuanto más pobre y humilde sea la Iglesia, más cercana al Evangelio y más creíble.

 

Navidad 2004

Rayo de luz

A mí no me importa
si vino de una estrella
o salió de una carpintería de Nazaret.
Él es el único rayo de luz
que hasta ahora ha podido atravesar
ese muro terrible del Misterio.
El abrió un boquete,
ha señalado un camino...
Y la esperanza desde que Él vino
está ahí bailando alegremente
en las tinieblas cerradas del mundo...
Lo demás se lo dejo a los Teólogos.

León Felipe

Sudán, Osetia, Irak, Palestina, Haití...

Necesidad de una gran alianza de civilizaciones

El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha proclamado en la ONU la necesidad de una gran "alianza de civilizaciones".

       Nos unimos desde Ciberiglesia a esta iniciativa en un momento en el que una gran parte de la humanidad carece de esperanza. Para que estos gestos políticos se la devuelvan se necesitan muchas decisiones concretas que hagan mella en los problemas que originan tanta injusticia, intolerancia y violencia.
       La tradición cristianas y judía sabe de alianzas. La propuso Dios a su pueblo, basándola no sólo en un amor incondicional por Él, sino por el prójimo, por el pequeño, el pobre y el extranjero. Así lo reafirma Jesús, que nos llama a ser una familia humana que comparte con amor los bienes de la tierra, familia en la que ya no hay distinciones de razas, sexos ni condiciones sociales.
Que el invierno que ahora atravesamos dé paso a una primavera de compromisos concretos con la paz, la libertad, el respeto mutuo, el cuidado del medio ambiente y el desarrollo sostenible.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

Cultura de la esperanza

Seguir plantando nuestro árbol

Martin Luther King dijo estas palabras, hace ya cuarenta años: "Incluso si supiera que el mundo fuera a destruirse mañana, seguiría plantando mi manzano".
    Los cristianos de hoy debemos dar, ante todo, razones de nuestra esperanza contra toda esperanza, sobre todo ahora que en el mundo aparecen tantos signos de desesperanza ecológica, social, intercultural, política, familiar...
    Señor Jesús, tú eres la razón de nuestra esperanza. Alienta en nuestras vidas la confianza total en el poder del amor del Padre que nos lleva a un compromiso radical con nuestro mundo, sus luchas, gritos y esperanzas.

Pascua 2004

Puesto que Cristo
ha resucitado...

Puesto que Cristo ha resucitado
creemos en la vida,
¡para siempre!

Puesto que Cristo ha resucitado
no creemos en la muerte.
¡En ninguna muerte,
para nadie que quiera vivir!

Puesto que Cristo ha resucitado,
creemos que el hombre y la mujer
son procesos ilimitados
y que nada de lo que podamos imaginar
es demasiado grande para El.

Puesto que Cristo ha resucitado
podemos empezar una vida nueva
¡cuanto antes!

Puesto que Cristo ha resucitado
creemos en El.

Puesto que Cristo ha resucitado
la fuerza del presente
es el futuro.

Puesto que Cristo ha resucitado
el mundo está en marcha
y no lo detendrán las conquistas
ni los intereses de los vencedores.

Puesto que Cristo ha resucitado
estamos en revolución permanente
y es preciso cambiar el mundo
desde sus cimientos.

Puesto que Cristo ha resucitado,
hay que construir un mundo sin divisiones
donde el hombre no sea lobo para el hombre
sino compañero y hermano.

Puesto que Cristo ha resucitado
hay un amor y una casa ¡para todos!

Puesto que Cristo ha resucitado
creemos en una Tierra Nueva.

Y porque creemos y esperamos
no tenemos nada que conservar.
Y afirmamos que el mejor modo
de conseguirlo todo
es perderlo todo
por una sola cosa: Por TI  (Patxi Loidi)

 

Madrid, 11 de marzo

¡No al terrorismo!

Lo hemos dicho muchas veces. Lo diremos aún más alto, ahora que la violencia inhumana ha golpeado más cerca a nuestros seres queridos. Y lo seguiremos diciendo aún si los atentados son en un remoto rincón del planeta: todos los hombres y mujeres somos hermanos y hermanas, llamados a vivir en la misma familia. ¡No al terrorismo, de ningún género!

Lee más: Portavoz Ciberiglesia-Eclesalia

 

 

Paz

Es posible

Enero 2004

Tras un año 2003 en el que los halcones de la guerra han intentado arreglar el mundo a cañonazos, hemos visto por enésima vez que la paz es algo demasiado precioso para dejarla en manos de los generales.
       ¿Qué futuro queremos dejar a nuestros hijos? Al comenzar el 2004 todos deseamos que sea de paz y armonía, de convivencia y diálogo.
       Por ello pedimos al Señor, Príncipe de la paz, por quienes, día a día, son constructores de ese mundo posible, artesanos de la paz. Paz con justicia. Paz con libertad. Paz con respeto mutuo. Paz con perdón y reconocimiento de los propios pecados. Paz en las familias. Paz entre los pueblos. Paz entre las religiones. Amén.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

       

 

25 años

Tiempo de gracia,
tiempo de perdón.

Todo gran aniversario es una ocasión para dar gracias a Dios por los dones recibidos, y también para evaluar el camino recorrido.

       Los 25 años del Papa Juan Pablo II han sido, no cabe duda, una gran bendición para la Iglesia en muchos aspectos. Su persona ha sido una figura moral que ha inspirado a cristianos y no cristianos y ha animado al perdón, la reconciliación, la fe verdadera frente a las ideologías paganas (capitalismo y comunismo), la justicia...

       También ha sido un tiempo revuelto, donde Juan Pablo II, en muchas ocasiones, ha preferido caminar por el sendero trillado de la tradición en vez de arriesgarse a roturar nuevas sendas.

       Sólo Dios, y la Historia, podrán hacer en el futuro una valoración global de estos 25 años. Damos gracias por todo lo recibido de este hombre generoso y valiente, a la vez que seguimos pidiendo al Señor que siga oyendo el clamor de su Pueblo, que espera nuevas luces, nuevos pastores fieles que sepan envasar el vino nuevo del siglo XXI, con sus luces y sombras, en odres nuevos, al viento del Espíritu. 

Juan Yzuel - Ciberiglesia

 

Re-crearse

Darle tiempo a Dios

Durante el verano muchas personas tienen vacaciones, ese derecho que tanta sangre costó a los sindicalistas del siglo XX.
       Hay muchas cosas que podemos hacer en este tiempo. No faltan invitaciones de muchas empresas para que nos embarquemos en viajes, aventuras, hoteles,...  ¿Y por qué no darle un poco de tiempo al Señor, a encontrarnos con otros cristianos, a echar una mano en algún proyecto o servicio solidario, a leer un buen libro que nos enseñe algo, a hacer un retiro,...?

       Y hay ONGs que también ofrecen campos de trabajo, aunque hay que apuntarse a ellos con mucho tiempo para recibir formación previa.

       Hay grandes centros de acogida como Taizé para los jóvenes. Hay conciertos y festivales de fe, hay monasterios dispuestos a compartir su espacio y tu tiempo...   Hay muchas actividades programadas por diversos colectivos y comunidades.            
      ¿O por qué no, simplemente, comprar un buen libro?, organizarnos el tiempo de otra manera, comenzar un diario personal, 
Todos sea para que el descanso sea un re-crearse, volver a crearse para vivir más plenamente.

Juan Yzuel - Ciberiglesia


¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Ha resucitado.
Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creación.
(Lc. 24, 5-6; Mc.16,15)

Invitados a la esperanza

Una nueva vida comienza

No importa la oscuridad que vean nuestros ojos alrededor, nuestros corazones son llamados a vivir en la luz.
       Es posible que el mundo nos parezca estos meses más peligroso e impredecible. Pero la última palabra de la Historia, como en la vida de Jesús, la tiene el Padre. El Espíritu alienta nueva vida y vemos surgir en las raíces de la sociedad un movimiento espontáneo de fraternidad que nos llena de esperanza. 

       A la luz de la Resurrección debemos seguir soñando en que otro mundo es posible y que el camino hacia ese mundo no es la violencia de ningún género.
     Señor Jesús, Hijo de Dios, que has venido a unir a todo el género humano en una sola familia, bendice los esfuerzos de cuantros trabajan por una paz basada en el amor y la fraternidad.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

 

No a la guerra en Irak

Un fracaso de la humanidad

Ante la escalada de la amenaza de George Bush contra Sadam, nos hacemos eco de las palabras del Papa, en las que condena esta nueva guerra que sólo perjudicará a los más pobres del pueblo Irakí, como hasta ahora. Además advierte que la única paz posible para el conflicto entre palestinos e israelíes no saldrá de la violencia.

Texto completo del Papa

 Nos solidarizamos con Juan José Tamayo. Por el diálogo teológico en la Iglesia 

 

¡Maranatha!

Ven, Señor Jesús

Ante el eterno misterio de la vida, de toda vida, nos arrodillamos y vemos tu mano, Padre.

Ante este niño que se nos ha dado, Emmanuel, te alabamos y te pedimos que traiga la paz, la justicia y la fraternidad a un mundo roto, dividido y en guerra.

Él nos hace hermanos y hermanas, no importa nuestra piel, nuestro país,... ¡ni siquiera nuestro credo! Él es la salvación del mundo entero.

   

¡Cielos, lloved vuestra justicia!
Ábrete, tierra. Haz germinar al salvador.  (Isaías 45,8)

 

Septiembre 2002

Un año después

La gran ocasión perdida

El 11 de septiembre ha sido una gran ocasión perdida. 
       Los atentados a las torres gemelas y al Pentágono supusieron una magnífica ocasión para mostrar la altura moral de todas las sociedades del planeta. Pero el capital ético y político de esta masacre está siendo desperdiciado de una manera terrible. En lugar de llevar a la reflexión a la sociedad estadounidense y, por ende, a la sociedad occidental en general, sobre las raíces sociales, políticas, económicas y religiosas del terrorismo, ha inducido a un militarismo atroz. Las sociedades ven crecer en medio de ellas simas de miedo y desconfianza. Los grandes perdedores están siendo los Derechos Humanos, conculcados con gran facilidad por todo tipo de regímenes en nombre de la lucha antiterrorista, y los de siempre: los pobres.
       No faltan
quienes están construyendo auténticas políticas internacionales basadas en teologías peligrosas de todo signo: judíos, cristianos, musulmanes e hindúes. Vuelven las viejas teocracias, aunque de forma velada.

       ¡Cuánto necesitamos ojos proféticos en estos momentos turbulentos que vivimos! Dios está llamándonos al cambio, pero a un cambio distinto al propugnado por los más poderosos y los violentos.
       Señor, danos paz con justicia y libertad para todos.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

Julio 2002
Capitalismo sin alma

El afán de riqueza
no puede controlarse
a sí mismo

En muchas ocasiones hemos oído el dicho de que el rico y poderoso, al final, van a terminar ayudando a los más pobres y débiles que se han quedado en el camino. De allí la panacea del neoliberalismo y su actual bástago, el capitalismo salvaje que sólo busca su propio interés.
       La comunidad cristiana, desde sus orígenes, ha advertido de la imposibilidad de compaginar el apego a la riqueza y la entrega al Señor, que habita en el corazón de las masas pobres del mundo. Esto no significa que no haya personas buenas y honestas en el mundo de las grandes empresas, pero el Sistema, como tal, está institucionalmente el pecado.
       El pueblo llano sigue sufriendo en silencio cada día más audible, desde los encuentros en Porto Alegre hasta  las manifestaciones antiglobalización.
       Por otro lado, los escándalos financieros de la Iglesia oficial, que tantas veces se mancha las manos con este sistema que a la vez repudia, son una bofetada a millones de cristianos, religiosos y laicos, que viven comprometidos con un cambio en el mundo a la luz del Evangelio. 

       

       Hay que administrar con sabiduría nuestros bienes; hay alternativas mejores que las que algunos están usando.

       Oremos por el cambio. Trabajemos codo a codo por el cambio. Caminemos con el pueblo llano, sin olvidar nunca nuestra opción por los pobres.

Juan Yzuel - Ciberiglesia

 

Pascua 2002

Palestina

Señor Jesús,
danos tu paz
y tu luz

En plena celebración de la pascua estamos siendo testigos de la peor carnicería sufrida por el pueblo palestino en los últimos años.
      Creemos profundamente que la paz es posible. Nuestra esperanza no está en los líderes del mundo, movidos por tantos egoísmos y cobardías, sino en Jesús y en cuantos hombres de buena voluntad trabajan en serio por la paz que se edifica sobre la justicia y en entendimiento entre los pueblos.
      Señor Jesús, resucitado de entre los muertos, tráenos tu Paz.

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Asís, Enero 2002

Paz,
desde el diálogo
de la familia humana

El 24 de enero ha tenido lugar el encuentro ecuménico de oración por la paz en Asís, ciudad donde nación San Francisco. En él han estado presentes representantes de muchas iglesias cristianas y de otras grandes religiones.

Éste encuentro, convocado por el Papa por segunda vez, es un gesto que nos debe llevar a la esperanza y renovar nuestro compromiso con un diálogo sincero entre todos los hombres y mujeres de buena voluntad como camino para la paz, la justicia y el amor.

Príncipe de la paz, tráenos tu Paz.

 


  

Navidad 2001

Es Navidad
¡Príncipe
de la Paz,
habita
entre nosotros!

Los últimos meses han supuesto un gran cambio en la percepción del mundo. Ante la complacencia de una visión del mundo centrada en Estados Unidos y Europa ha aparecido otra perspectiva. Frente a ella hemos sido sometidos a un continuo discurso dualista: el bien y el mal, los justos y los violentos...

   Nos solidarizamos con todas las víctimas inocentes de tanta barbarie. A la vez queremos expresar nuestra profunda convicción de que la paz no viene de las bombas ni de acabar con una persona o grupo concreto que practica el terrorismo. Hay causas profundas de la violencia que hemos de escuchar si queremos amanecer en un mundo más justo y fraterno. Para los pobres y los oprimidos del Mundo no ha habido gran ruptura de la paz pues no la tenían antes.    La crisis de Afganistán ha reabierto el conflicto entre India y Pakistán. Desde el deseo profundo de Paz saludamos al Señor que se nos regala en la eterna celebración de su nacimiento en Belén. Junto con todos los hombre y mujeres de buena voluntad de toda raza, lengua, pueblo y nación le pedimos la paz verdadera, la que nace de la justicia y la misericordia.

¡Príncipe de la Paz, habita entre nosotros!

Junio 2001

Dejémonos abrasar
por el fuego del
Amor de Dios

En este mes de junio, al acabar el tiempo pascual, celebramos varias fiestas llenas de amor apasionado: Pentecostés, la Santísima Trinidad, Corpus Christi y el Sagrado Corazón de Jesús.

      En un mundo tibio, donde el amor humano está tan manoseado en los medios de comunicación, hablar de un amor apasionado puede parecer algo trasnochado. ¿Quién se apasiona ya? Pero esa es nuestra llamada: dejarnos abrasar por el Amor de Dios, infinito, liberador, eterno. Un amor que se encarna y se convierte en compromiso por el cambio, en opción por los que sufren, en esperanza cuando flaquean las fuerzas... 

Juan Yzuel - Ciberiglesia



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