ÍNDICE I. La revelación en la Escritura. II. Revelación en la tradición de la Iglesia. III. Concepto teológico de revelación. IV. Carácter cognoscitivo de la revelación. V. Revelación e historia. VI. Trasmisión de la revelación. VII. Bibliografía. O.
INTRODUCCIÓN
Etimológicamente,
"revelación" viene del verbo griego "apocalyptein"
y de éste al latino "revelare". Su significado, en el
lenguaje común, es dar a conocer lo que estaba previamente escondido. Es el
acto de una comunicación inesperada, de un conocimiento con hondo
significado vital.
Teológicamente
es la manifestación libre de Dios al hombre dentro del marco histórico. Es
gratuita y aporta novedad sobre Dios que llama al hombre a la fe y de este
modo lo justifica.
La revelación tal y como la
entendemos tiene unos elementos característicos que la configuran ontológicamente:
- Dios revelándosenos
por pura iniciativa suya.
- El hombre con capacidad
de acoger y responder en libertad (fe).
- Contenido objetivo
revelado. 1.
CONCEPTO DE REVELACION.
1.0
Recorrido histórico del concepto revelación.
En el AT la noción dominante para la comprensión de la revelación
es el concepto de "Palabra de Dios" dirigida a Israel a través
de la historia. Dios se comunica como Palabra. La palabra de Dios es una
fuerza dinámica que pide la obediencia y lleva al hombre a la acción. El
punto central de la revelación del AT. es la alianza de Dios con su pueblo.
Así, la alianza se convierte en la palabra de Dios por excelencia, plasmada
en la ley y meditada como Sabiduría.
En el NT. la acción de la
alianza se cumple en Jesucristo convirtiéndose en LA PALABRA DE DIOS(
Jn.1,14.)[1],
que no sólo se revela sino que es autorrevelación personal de Dios. Esta
revelación se ofrece a todos los hombres que así pueden formar parte de
la comunidad de los creyentes de Jesús la iglesia.
En la patrística, la revelación
es vista como acción de Dios que invade e ilumina el mundo y posibilita ya
una cierta plenitud, anticipación de la visión eterna de Dios.
En la escolástica se concibe en
forma de un cuerpo de doctrina divina que da respuesta alas cuestiones
importantes sobre Dios, el hombre y el universo. Este cuerpo de doctrina,
comunicado por medio de los profetas y de los apóstoles, se encuentra en la
biblia como fuente primaria.
La Reforma protestante ve la
revelación como la respuesta a
la ansiedad del hombre movido por el Dios gratuito. Por la Revelación Dios
ofrece la salvación a los
pecadores a través de los méritos de Jesucristo. El mensaje evangélico
esta fundamentado primariamente en el N.T. y, sobre todo, en la doctrina
paulina de la justificación.
En la Contrarreforma, se incorpora la visión medieval de la Revelación
como cuerpo de doctrina y la Iglesia como maestra autorizada. Esta doctrina
es derivada de la Escritura y la Tradición. I.
LA REVELACIÓN EN LA ESCRITURA 1.1
Antiguo Testamento
No aparece explícitamente el término revelación sino que
esta realidad se expresa a través de otra categorías que describen esta
intervención de Dios en la historia. Encontramos palabras como aparecerse,
Palabra, nombre, Gloria de Yahvé.
* Aparecerse. Gn
26,24ss., derivada del término "epifano".
* Palabra.
Elaboración israelita. Dios se comunica, habla, da a conocer su Palabra de
promesa. Es el "dabar" que puede resultar operativo como en
el caso de la creación (Gn 1) o noético, enseñando un contenido divino.
* Su nombre.
Siempre se vincula a su actuar (Ex 3,14). Su nombre es su actuación histórica.
Se resalta su poder y se expresa con antropomorfismos (Ex 32,31; Jer 9,11;
Is 30,27).
* Gloria de Yahvé.
Es un concepto de tipo sacerdotal que expresa dinamicidad e iniciativa
divina, es Dios dándosenos, revelándosenos. Se presenta como unicidad
frente al politeísmo y el tiempo es siempre el mismo marco de actuación.
Estas representaciones del
Antiguo Testamento obedecen a un doble sentido:
- La revelación es siempre
entendida como manifestación de Dios en el marco de la historia,
surge en un marco concreto, el Pueblo elegido, para posteriormente tender a
la universalidad. A lo largo de este proceso Dios se revela, en un principio
en la creación y después en la Alianza.
- La revelación siempre lo es del designio salvífico. Así
se comprende el grado procesual: Esclavitud --> Alianza --> Reino
de Dios. Se muestra la misericordia de Dios y se dirige al hombre para
que salga del pecado y de este modo recupere su dinamismo y su
horizonte hacia un futuro salvífico. Mediando este diálogo de Dios-hombre
se haya la Alianza, que configura el proceso de tal manera que
cada cumplimiento progresivo abre a una nueva promesa. Tras la experiencia
de destierro y el movimiento profético, el futuro esperado de
Salvación, se proyecta a la consumación escatológica.
La manifestación de Dios por la
historia, en el orden a la salvación, tiene en el Antiguo Testamento unas
características que la distingue de cualquier otro tipo de conocimiento.
Dios se manifiesta para salvar
de un modo interpersonal desde su iniciativa. Su palabra es
como signo y realidad de la unidad de la economía salvífica, que
sitúa al hombre ante al salvación. Esta posición exige del hombre una respuesta
de fe, que se acoge en libertad. La esperanza se convierte en el
motor del movimiento progresivo hacia la escatología.
Se nos presenta como la
intervención gratuita y libre por la que el Dios santo y oculto se va dando
poco a poco a conocer, a sí mismo y su acción salvadora. Esta acción de
Dios es concebida como palabra de Dios que anuncia y promete.
Tiene estos rasgos específicos:
a) Es esencialmente
interpersonal. Es manifestación de alguien a otro. Yhwh ( Ex. 20,2)[2]
es a la vez el Dios que revela y el Dios revelado; se da a conocer y se hace
conocer.
b) Procede de la iniciativa de
Dios. No es el hombre quien descubre a Dios: es Yhwh el que se manifiesta
cuando quiere, a quien quiere y por que quiere. Es el primero es escoger,
prometer y hacer alianza ( Gen 12, 1-3).
c) Lo que da unidad a la economía
de la revelación es la palabra (Ex.
19,5-6). Predomina la escucha frente a la visión. Dios le habla al profeta
y lo envía a hablar. La palabra es el intercambio entre Dios y el hombre
pero inicia en la visión. El pecado del hombre es el no oír la palabra. 1.2
El Nuevo Testamento
Sus términos son más
frecuentes y matizados, y la razón de ser así es porque ya se posee la
experiencia singular de la manifestación de Dios por su Hijo (Heb 1,1).
1.2.1 Los términos más
utilizados:
Lo que intenta comunicarnos el
N.T. es que La Palabra, Jesucristo, dirigida a los hombres asume la
carne humana y el lenguaje del hombre. Jesús es, pues, la palabra última
y definitiva: el centro, el culmen y consumación de la acción reveladora
de Dios.
Utiliza al menos 15 términos
algunos son: apokalyptein, Phaneroo, Gnorítsein, Didaskein, kerigma,
Martyría, Mysterion. Sin embargo su referencia es siempre Jesús de
Nazaret y su actividad; por tanto la revelación es principalmente la
descripción de su persona, de su actividad y de su enseñanza.
1.2.2 La revelación en las
diferentes tradiciones:
En la Tradición Sinóptica,
Cristo es el revelador en cuanto predica la Buena Nueva
y enseña con autoridad la palabra de Dios. El contenido de la
revelación es la salvación ofrecida a los hombres, que ha aparecido en
persona y obras de Jesús, y que se expresa singularmente en el
acontecimiento pascual.
Los Hechos, en continuidad con
los sinópticos, presentan a los apóstoles como los testigos de Jesús, que
proclaman la buena nueva y enseñan lo que han recibido del maestro. Su
función, por tanto, es ser testigos y heraldos del Evangelio.
Con Juan, el punto de partida es
que Cristo manifiesta al Dios invisible ( Jn 14,8). Cristo es el Hijo que
manifiesta al Padre por sus obras y palabras. Desde el prólogo lo presenta
como el perfecto revelador del Padre: su preexistencia como Logos de Dios (
Jn 1, 1-2), su entrada en la carne y en la historia (Jn 1,14) y su intimidad
permanente de vida con el Padre, tanto antes como después de la encarnación
( Jn 1,18 ).
Para Pablo, Jesús es el
contenido de la revelación. La comunidad que ofrece la salvación es la
Iglesia de la que Cristo es Cabeza.
La revelación en Hebreos radica
en dos puntos: la tensión entre la A. y N. Alianza y la grandeza y las
exigencias de la Palabra de Dios.
Con respecto a la A. y N.
Alianza, en Heb. 1,1-2. se manifiesta que en la economía de la salvación
hay una continuidad - Dios y su palabra -, una diferencia - tiempos,
modos, mediadores y destinatarios- y una superioridad - Cristo, mediador
único de la revelación y superior a la antigua revelación -. En segundo
lugar, Heb 2,1 dice que hay que obedecer al evangelio más aun que la ley,
en virtud de la superioridad absoluta de Cristo.
1.2.3 Se resalta el cristocentrismo de la revelación:
- Como plenitud. Es el
culmen de la revelación, como acción, mensaje y encuentro (Ef 3,6; 2 Cor
1,20). Cristo revela y se revela (es sujeto y objeto de revelación). Es el
medio privilegiado de comunicación de Dios. Es motivo de credibilidad por
su autoridad, milagros y resurrección.
- Como personificación.
Es el lugar en el que la Palabra y las obras se dan cita.La palabra revela
el sentido y lo interpreta. Cristo es la Palabra que se hace historia.
- Como cumplimiento de las
promesa. Entre el Antiguo y el Nuevo Testamento se da una continuidad
porque Cristo es el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento y
aporta la novedad de la intensidad, el modo y forma de llevarse a
cabo. Podemos hablar de cumplimiento en varios sentidos:
* Hodie: Para el AT lo importante es el "Futuro".
En el NT lo importante es el
"Ahora". Cristo es plenitud del tiempo. El futuro es el
"hoy" que espera consumación.
* Ecce:
Cristo es el aquí de Dios, es figura definitiva pues quien lo ve a él ve
al Padre.
* Cumplimiento de
esperanza: Pues sobre la Ley se sitúa la Gracia. Es el Mesías
que lleva las promesas a cumplimiento con el Amor y la Gracia.
- Como contenido de la
historia de Dios. Dios desde el principio se hace presente en la
historia, ahora se hace plena su presencia por la encarnación, así se
manifiesta la historia como el lugar de la revelación de Dios Trinitario. II.
REVELACIÓN EN LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA
2.1 Trento
El objetivo de la fe es el
Evangelio. Es sintomático que no diga revelación. El Evangelio es origen
de toda verdad cristiana y norma de costumbre. Arrastra el influjo medieval
de ver la revelación como el origen divino de la fe y no su contenido.
2.2 Concilio Vaticano I
Habla en la constitución Dei
Filius de la revelación sobrenatural y como ésta es el objeto de la
fe. Por tanto, ya se entiende por revelación la doctrina, el contenido de
la fe misma. Se define lo que es revelación sobrenatural: aquel conjunto
de misterios contenidos en la Palabra de Dios y propuestos por el magisterio.
El sobrenatural es entendido como sobreañadido.
La teología moderna de la
revelación afirmaba que se podía tener un conocimiento natural de Dios por
una parte, y que la Verdad misteriosa estaba garantizada por la autoridad de
la Escritura y de la Iglesia (concepción extrincesista).
- Este concilio no habla de la revelación
natural, sino que la reconoce de forma implícita como otra
posibilidad de conocimiento sobre Dios. A Dios se le puede conocer por la
razón, a través de la creación y por la "analogía entis"
(DS 3004, FIC 39).
- La revelación
sobrenatural es el nivel concreto en el que se ha dado la
revelación. Es imprescindible para llegar al conocimiento de Dios sin negar
la libertad humana. Se connota la gratuidad del acto (DS 3005, FIC 40). 2.1.
El Concilio Vaticano I.
Es en este Concilio donde se
emplea, por primera vez, la expresión revelación en enfrentamiento con el
racionalismo ilustrado, que proclama la total independencia del
entendimiento humano y pretende entender el cristianismo a partir de la
razón. La mentalidad racionalista se enfrenta abiertamente a revelación
cristiana, pues considera la revelación como un atentado contra la autonomía
y la dignidad del hombre. Lo que se discute en este momento es el hecho de
su existencia, de su posibilidad y de su objeto y no la naturaleza y rasgo
de la revelación.
Tenemos tres posiciones:
1) El deismo, parte de la
concepción de que la razón tiene que tener una autonomía absoluta.
Rechaza, pues, la hipótesis de una revelación y de una acción trascendente
de Dios en la historia humana.
2) El protestantismo liberal y
las posiciones extremas del modernismo, reducen la revelación a una forma
intensa de sentimiento religioso universal.
3) Los evolucionistas consideran
que hay que suprimir uno de los dos términos: Dios.
Frente a estas posiciones
el Vaticano I se pronununció expresamente acerca de la revelación
en la Constitución dogmática sobre la fe católica: " Dei Filius"
( cap. 2).
Párrafo primero: El
conocimiento natural de Dios y el hecho de la revelación sobrenatural.
" La misma santa madre
Iglesia sostiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas,
puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana a
partir de las creaturas; porque lo invisible de Dios resulta visible a la
inteligencia desde la creación del mundo, a través de las cosas creadas (
Rom 1,20 ) sin embargo plugo a su sabiduría y bondad revelar el genero
humano por otro camino, y éste sobrenatural, tanto a sí mismo, como los
eternos designios de su voluntad. Pues dice el Apóstol: Después de haber
hablado Dios a nuestros padres en el pasado muchas veces y de formas
diversas en los profetas, en estos últimos tiempos nos ha hablado en su
Hijo ( Heb 1,1.)". Comentario:
Primer párrafo.
a) El concilio distingue dos
caminos por los que el hombre puede acceder al conocimiento de Dios: la
revelación natural frente a
los que negaban que no existía tal posibilidad. La segunda vía es la
revelación sobrenatural contra los que concedían a la razón plena
autonomía y suficiencia, reduciendo la revelación como una realidad
inmanente al hombre. La revelación natural, según las palabras del
Concilio, ha acontecido y ha sido dada en la obra de la creación. De élla
se dice que permite reconocer y ver a Dios como fundamento y fin de todas
las cosas, citándose la Carta a los Romanos ( 1,20). Se dice, que esta
revelación está al alcance de la luz natural de la razón humana en forma
de conocimiento[3]. Pero
l via o revelación sobrenatural supera y desborda la que se da en la
revelación natural como obra y creación de Dios. Consiste en que Dios,
de una manera que no puede ser deducida y ni alcanzada a partir de la creación
y del hombre, se da aconocer "a sí mismo y los decretos de su
voluntad". Es por tanto, aquella forma de manifestación divina que
objetivamente no esta incluida en la creación y en el hombre y que no puede
ser alcanzada por la capacidad intelectual del ser humano.
b) Es don e iniciativa de Dios.
c) El Objeto de la revelación
es "Dios mismo y los decretos eternos de su libre voluntad".
d) Es para el beneficio de toda
la humanidad, es decir, es la intención salvífica
de Dios lo que explica la revelación.
Párrafo segundo: La necesidad
moral de la revelación.
"Gracias a esta revelación
divina, resulta posible a todos los hombres conocer fácilmente, con firme
certeza y sin mezcla de error, aun en las condiciones actuales del género
humano, todo aquello que en el campo de lo divino no es de suyo accesible a
la razón. Más no por esto ha de considerarse absolutamente necesaria la
revelación. La necesidad absoluta de la revelación proviene de que Dios en
su infinita bondad ordenó al hombre a un fin sobrenatural, es decir, a la
participación en unos bienes divinos, que sobrepasan todo cuanto puede
alcanzar la inteligencia humana; puesto que ni ojo vio, ni oído oyó, ni
el corazón del hombre pudo concebir lo que Dios ha preparado para los que
le aman ( 1 Cor. 2,9)".
Segundo párrafo:
El concilio afirma que la
revelación sobrenatural no es fruto de una necesidad de Dios de dar a
conocer sus designios al hombre y completar lo que éste desconoce sino es
necesaria y tiene sentido también para que " aquellas cosas divinas
que son de suyo accesibles a la razón humana puedan ser conocidas, en
la situación presente del género humano, por todos, fácilmente, con
firme seguridad y sin mezcla de error."( Suma Teológica, T. de Aquino
I, q. 1, a. 1.).
Párrafo tercero: Contenida en las SS. EE. y Tradición.
"Ahora bien, esta Revelación
Sobrenatural, según la Fe de la Iglesia Universal declarada por el Santo
Concilio de Trento, se contiene en los libros escritos y en las tradiciones
no escritas, que recibadas de los apóstoles de boca del mismo Cristo, o por
los mismos apóstoles bajo la inspiración del Espíritu Santo transmitida
como de mano en mano, han llegado hasta nosotros".
Tercer párrafo:
Nos comenta que la revelación
sobrenatural esta contenida en la SS. EE. y en la Tradición y su
transmisión.
2.3 Concilio Vaticano II
El documento principal a este
respecto es la Dei Verbum. Se asume Trento y se precisa el Vaticano I
en lo referente a la relación Evangelio-Verdad Salvadora, se subordina a
Cristo, que es plenitud de la revelación y se suprime la categoría
sobrenatural. Se comprende la revelación: como automanifestación
de Dios en la Historia de Salvación de la que Cristo es plenitud.
- Objeto de la revelación.
Es gratuita y por iniciativa divina. Dios revela el misterio de su voluntad
y se revela a sí mismo. Todo ello se cumple en Cristo que otorga un nuevo
conocimiento sobre Dios y el "misterio voluntatis" de
salvación.
- Naturaleza de la
revelación. Es dialógica y se define por la analogía de la
palabra. La visión está destinada para después de la muerte. Ahora es la
palabra la que introduce al hombre en la comunicación del Amor divino. Esta
comunicación se da en la historia a través de la encarnación y así
la revelación es:
- histórica en palabras y
acciones.
- sacramental en la unión entre
palabra y acción.
- Articulación cristológica.
Cristo es a la vez el revelador de Dios como trinidad y el mediador de esa
revelación. A la par revela el misterio del hombre. Es la plenitud por ser
él lo revelado y el revelador. LA
REVELACION DE LA "DEI VERBUM".
a) Proemio. El concilo
Vaticano II, hablando en primera persona, quiere manifestar su doctrina
sobre la auténtica revelación divina. Utilizando las palabras de San
Juan (1 Jn 1,2-3), nos expresa cómo la vida que estaba actuando en el Padre
se nos ha hecho visible, se nos ha manifestado. Esta realidad debe ser
transmitida.
b) Naturaleza y objeto.
La revelación no se debe a nosotros, sino iniciativa exclusiva de Dios,
objeto de su bondad y sabiduría. Lo que Dios revela no es algo externo a
el (verdades), sino que se revela a sí mismo. La naturaleza de la revelación
es que "Dios invisible, movido por su amor, habla a los hombres como
amigos". (Ex 33,11)
Se abrió una concepción histórico-salvífica
de la revelación. "Este plan de la revelación se realiza con
palabras y hechos intrínsecamente conexos entre sí. de forma que las
obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y
confirmar la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las
palabras proclaman las obras...". (DV, 2)
A la pregunta de cuáles son
estas obras y si se trata exclusivamente de milagros, la Comisión Teológica
precisó: "En el texto, las obras no se refieren sólo a los milagros,
sino a todos los acontecimientos salvíficos". De aquí no sólo se
deduce que al texto de la Escritura hay que preguntarle -sobre la base de la
crítica histórica- qué historia es la que expresa, sino también que la
misma historia, entendida no de un modo particular, tiene a su vez una función
reveladora. Esto significa que la teología y la enseñanza del magisterio,
para reflexionar sobre la revelación a partir de lo que realmente es, deben
preguntarse por el sentido de la historia y también por la realidad de su
dimensión histórica[4].
Es decir, los acontecimiento de
la historia encierran un misterio, que es el plan salvífico de Dios y su
realización, plenamente consumados en Cristo, revelador y revelación,
por ser palabra hecha carne, acontecimiento de la historia.
Luego, en su peregrinación
hacia el Reino, la Iglesia tiene, por tanto, conciencia de que la historia
es aún reveladora; y, si bien es verdad que no puede añadirse nada a la
plenitud de la revelación acaecida en Cristo, también es cierto que la
plenitud exige caminar hacia la verdad completa (cf. Jn 16,13)[5].
c) Preparación de la
revelación evangélica. La historia de la salvación, desde la creación
pasando por toda la historia de Israel, es vista como una preparación el
camino del Evangelio. Es decir, la historia de la revelación es la historia
de la salvación (cf. DV, 3).
d) En Cristo culmina la
revelación. Cristo es el culmen del hablar de Dios (así lo expresa el
comienzo de la carta a los Hebreos). Se expresa una continuidad entre
Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. En Cristo se nos da una plenitud y
superación del A.T. La palabra fundamental se nos da en el Hijo: en Jesús
se nos ha manifestado la intimidad de Dios y la obra de la salvación.
La economía cristiana, por se Alianza nueva y definitiva, nunca pasará; ni
hay que esperar otra revelación pública antes de la golriosa manifestación
de Jesús (cf. DV, 4).
e) La revelación debe
recibirse en la fe. El hombre debe someterse a Dios que se revela
mediante la fe. para dar esta respuesta es necesaria la gracia de Dios. La
respuesta, por tanto, no es fruto sólo de nuestro esfuerzo, sino sobre todo
es gracia. La comprensión de la revelación se hace mediante el Espíritu
Santo (DV, 5).
f) Las verdades reveladas.
Dios se manifiesta a sí mismo y sus planes de salvación. El hombre puede
conocer a Dios con la razón natural. "Dios puede ser conocido por la
luz natural de la razón humana, reflexionando sobre el mundo creado, porque
el mundo habla, de manera irrefutable, de su autor. Hemos de atribuir, sin
embargo, a la revelación el que estas verdades religiosas puedan ser
conocidas por todos, de modo fácil, con firme certeza y sin mezcla de error
alguno. En este texto, considera el Concilio el objeto de la revelación
en sí mismo (Dios y sus decretos), según la proporción de este objeto con
el espíritu humano (misterios que superan el alcance de nuestro espíritu,
y verdades accesibles a la razón natural) y su finalidad (salvación del
hombre, participación en los bienes divinos) (cf. DV, 6)[6]. Aspectos
más importantes de este capítulo I:
- Se nota el paso de un concepto
de revelación gnoseológica a un concepto de revelación más vital y
existencial.
- Concibe la revelación desde
una dimensión más histórica.
- La centralidad en Cristo. El
es el término definitivo de la revelación. La Iglesia profundiza en esta
revelación.
- Se da importancia a la
respuesta del hombre en la fe realizada por la ayuda del Espíritu Santo.
- Se mantiene la división entre
conocimiento por la razón y por la revelación. III.
CONCEPTO TEOLÓGICO DE REVELACIÓN
3.1 Revelación natural o
general.
Es la manifestación de Dios en
la creación de tal suerte que el hombre es capaz de descubrir a Dios en las
obras de la naturaleza. Esta revelación, aunque es verdadera (Rom 1,20; Sab
13,5), es imperfecta; se
trata de un conocimiento que se basa en la analogía del ser.
Para que este conocimiento
imperfecto de Dios pueda darse hay que hablar de:
a) La presencia de Dios en la
creación que se rastrea en la naturaleza y en el hombre (Jn 1,3) porque ha sido
creado a imagen del Hijo.
b) La capacidad cognoscitiva
humana
para alcanzar este misterio por la misma presencia de Dios en el hombre
(gracia increada).
Esta revelación se presenta como universal, alcanzable a todos los
hombres y es el primer camino de la revelación divina y la base donde se
desarrolla la revelación sobrenatural.
En síntesis:
es la manifestación de Dios en el ámbito de lo creatural (incluido el
hombre) que puede percibirse por la razón natural a través de la analogía
del ser y nos proporciona un conocimiento limitado del mismo Dios.
3.2 La revelación sobrenatural
o particular.
Es la automanifestación de Dios
que no está que no está dada en la condición natural del hombre y del
mundo, sino en la historia de la salvación.
Dios no sólo quiso manifestarse
por la creación, sino que quiso entrar en relación inmediata con el
hombre, estableciendo un diálogo con él a través del acontecer histórico.
Es un encuentro personal, fruto de la iniciativa graciosa y especial de
Dios.
Tiene un carácter verbal y
operante: la palabra anuncia e interpreta el hecho, porque es el mismo Dios
el que está actuando y haciéndose presente.
En esta revelación se desvela
un contenido de verdades religiosas (la automanfiestación de Dios conlleva
un contenido noético) que:
Objetivamente
no están dadas con la creación ni con el hombre.
Subjetivamente:
no pueden alcanzarse con la penetración innata del espíritu humano.
Finalidad de la revelación
sobrenatural
* Dios manifiesta su esencia
divina: el hombre conoce quién es Dios.
* Su esencia divina, el misterio
de su voluntad es su empeño en salvarnos: rescatar nuestra condición caída
y alumbrar nuestra vocación divina. El hombre conoce su plan de salvación.
Es una revelación singular y especial, porque se con.concreta en
determinados momentos históricos y se dirige a personas concretas (Israel,
profetas, Jesús). No obstante tiene un carácter universal en tanto que es
para todos los tiempos y para todos los hombres. Hace que toda la historia
se convierta en historia de Salvación.
La única respuesta posible a
esta revelación de Dios es la fe y fidelidad del hombre. Ya no basta la luz
natural, se precisa una luz sobrenatural gratuita que asienta desde la
libertad personal.
La culminación y plenitud de la
revelación sobrenatural se ha dado en Jesús.
3.3 Revelación primitiva
Es la que hace referencia a la
situación del hombre en su primer estado. Se entendía como prólogo para
recibir la anterior revelación. En la época moderna se utilizó para
explicar la universalidad del fenómeno religioso en el hombre, desde un
estudio de la fenomenología.
- Escuela de Tübingen.
Presupuesto para la religión primitiva, fundamento de la variedad de
religiones (Drey, Möhler).
- Escuela de Viena.
Propone un primer estadio religioso de tipo monoteísta, gracias a una
revelación primigenia, desde donde se pasaría al politeísmo (Schmidt,
Koppers).
Esta tesis de la revelación
primitiva no es doctrina eclesial (DS 2811, FIC 11). Rahner considera esta
tesis como la experiencia de la inmediatez de Dios a la conciencia humana,
ya que Dios no es una acción innata en el hombre, ni un mero conocimiento
sistemático, pero sí está dado en la misma estructura del hombre.
3.4 Revelación activa y pasiva.
Por activa se entiende, el acto
mismo de revelación o automanifestación. Por pasiva, el contenido mismo de
la revelación. IV.
CARÁCTER COGNOSCITIVO DE LA REVELACIÓN
La revelación es bidimensional,
por un lado es experiencia de comunión con Dios y por otro es adoctrinamiento
e instrucción.
Aporta al hombre conocimientos,
de otra manera inalcanzables, aparecen contenidos nuevos, se ensancha la
capacidad cognoscitiva humana. Esto nos plantea una cuestión fundamental:
¿cómo la revelación aporta este conocimiento que para la capacidad de
conocer humana supone un salto cualitativo? Dios no es un concepto elaborado
por la mente del hombre, fruto de se proceso intelectivo (está en un orden
de ser que se escapa a la percepción humana).
Aquí adquiere toda su
importancia la Encarnación es el paradigma en cuanto que en ella se
da el máximo grado de adecuación entre el sujeto cognoscente y el objeto
conocido, su explicación estriba en la identidad en Jesús de sujeto y
objeto de la revelación.
El hombre sólo puede conocer a
Dios, si se da un proceso de connaturalización del hombre con
Dios, y la fe es principio cognoscitivo que no anula la capacidad racional,
sino que ésta se ejecuta en un segundo momento, porque la fe nos lleva ante
el objeto y a partir de ahí es la inteligencia la que ha de penetrar y
esclarecer el misterio de Dios.
El proceso cognoscitivo
se ha interpretado de diversas formas.
La interpretación clásica
viene de la mano de San Agustín, para quien la profecía era
entendida como iluminación y visión interior, así se puede hablar de las
cosas divinas. San Buenaventura postulaba esa iluminación como
necesaria para el conocimiento de lo divino, inalcanzable sólo por la razón.
Es un "Actio Dei" autentica que se realiza en el proceso
intelectivo. Santo Tomás distingue entre revelación e iluminación.
La primera es el conocimiento del misterio de Dios que necesita mediación
de lo sensible, por analogía. Mientras que la segunda es igual pero sin
necesidad de imágenes, sin analogía. V.
REVELACIÓN E HISTORIA
Hablar de la relación entre
historia y revelación supone tener en cuenta tres aspectos: la revelación
nos ha llegado en la historia; ella misma tiene una historia que nace en la
creación y llega hasta la plenitud en Cristo; la misma historia se hace
revelación de Dios, los acontecimientos (tanto de acción como de palabra,
son manifestación de Dios).
5.1 La historia como "locus revelationis".
Israel es el primero en oponer
una concepción lineal del tiempo a una concepción cíclica (propia de las
religiones de la naturaleza de su entono circundante); la consecuencia es
clara, la historia tiene un principio y un fin.
La Salvación se realiza en esta
historia temporal: está vinculada a una sucesión de acontecimientos que se
desarrollan según un designio divino y se dirigen hacia un hecho único: la
muerte y resurrección de Cristo. La atención de Israel se centra en la
historia, en lo que Dios hizo, hace y hará según sus promesas.
Israel confiesa que Dios intervino en su historia y su existencia cambió
por completo.
De esta intervención de Dios en
la historia se derivan dos cosas:
* Valor de la historia:
adquiere una dimensión nueva al ser portadora de las intenciones de Dios.
* Sentido de actualización:
Dios está cerca, es actual y puede intervenir en cualquier momento.
5.2 "Historia revelationis".
La revelación es un
acontecimiento libre y gratuito de Dios, no dependiente de predicaciones o
de deseos humanos.
Las intervenciones de dios en la
historia salpican muchos siglos en un proceso creciente que culmina en
Cristo. La plenitud de este acontecimiento sólo puede comprenderse a la luz
de su preparación a través de
los siglos.
A lo largo de la historia se va trazando una línea donde va
apareciendo el plan divino, la economía de salvación (en un principio de
carácter particularista en Israel, que progresivamente se abre a la
universalidad realizada plenamente en la Iglesia).
5.3 Revelación en la historia.
(O la historia como "Historia de Salvación".
La historia no es una mera suma
de acontecimientos en línea temporal, sino tan sólo aquellos que tienen
honda densidad y por eso se conservan y recuerdan. Para hablar de revelación
por la historia hay que unir dos realidades: acontecimiento y palabra.
Un acontecimiento no es
plenamente inteligible como revelación si no va acompañado de la palabra
que expresa el sentido de la acción divina. Dios interviene en la historia
y dice a la vez el sentido su intervención. El profeta es el testigo e intérprete cualificado de la historia; la historia aparece
como historia de Salvación.
5.4 Consecuencias de la
historicidad de la revelación. Esta
forma de revelarse que tiene Dios de Israel, tiene una serie de
consecuencias que califican la misma revelación de Dios.
- La naturaleza de la
revelación:
La
revelación no se nos da en un sistema de proposiciones abstractas
sobre Dios, sino que va incorporada a los acontecimientos de la historia.
Conocemos a Dios por cómo actúa y no se agota en el acontecer.
- El progreso de la revelación.
El conocimiento se profundiza y
purifica, pero siempre a través de la historia. Este progreso se realiza
por la palabra que acompaña a la historia y manifiesta su significación
salvífica.
Dios se va descubriendo cada vez
más cercano al hombre, más íntimo y misericordioso, hasta alcanzar su
cumbre en Jesu-cristo que revela a Dios como Padre y abre el camino para la
definición trinitaria.
- El particularismo de la
revelación
El escándalo del particularismo
(Israel) es inseparable de la su historización. La elección está ligada a
la misión y al servicio. La elección mira a la universalidad a través de
Israel tal como se va descubriendo a lo largo de la historia de la salvación.
- La validez de la revelación
La revelación es válida para
todos los hombres y para todos los tiempos, porque es una historia abierta,
marcada por el anticipo escatológico de Cristo.Dios preparó el espíritu
humano por la elección de su pueblo, después la revelación progresó con
el profetismo hasta Cristo. Protegió la transmisión con el carisma de la
inspiración y la hizo conservar y defender a su Iglesia para que siguiera
viva y eficaz. VI.
TRASMISIÓN DE LA REVELACIÓN En
el hecho de la trasmisión se ponen en juego dos cuestiones fundamentales:
* El proceso mismo de trasmisión:
cómo nos llega a nosotros la revelación dada en plenitud
en Jesucristo.
* La autenticidad de lo
transmitido: cómo se mantiene auténtica, fiel a los orígenes.
El Vaticano II trata este tema
en el capítulo II de la DV, tras hablar de la naturaleza de la revelación.
De hecho la transmisión ocupa un segundo momento en la historia de la
salvación (primero es el hecho de la revelación), pero si lo consideramos
desde la perspectiva del sujeto creyente es un primer momento, pues sólo
puede conocer la revelación a través de la transmisión (eclesial).
a) Tradición Eclesial
La posibilidad de acceder a la
plenitud de la revelación está mediada por la Iglesia; sólo es
posible por la tradición de la Iglesia que perpetúa y actualiza el
testimonio apostólico.
El concepto de Tradición según el Vaticano II no es un
contenido inamovible e invariable desde siempre, sino la fe vivida en la
misma Iglesia. Sus dimensiones son la doctrina, vida y culto que le
ayudan a trasmitir lo que ella es (DV 8).
El carácter eclesial, es
la comunidad de fieles que conservan la Palabra de Dios gracias a la
asistencia del Espíritu Santo y
se manifiesta en su vida, culto y doctrina. Toda la Iglesia es sujeto de
Tradición pero con funciones diferentes.
En conclusión, así entendida
la tradición, como la fe vivida de la Iglesia, hay que decir: -
La tradición precede temporalmente a la fijación por escrito de la fe
(Escritura) -
Es en suma, la base de toda fe.
b) Testigos de la Tradición.
A)
La Escritura
La fe de la Iglesia de los
primeros tiempos, constituida sobre el testimonio apostólico, pronto se
objetivó en la Escritura. La Iglesia la ha considerado en todos los tiempos
como norma de la fe con un carácter no comparable a otros escritos. La
Escritura es Palabra de Dios, norma para la Iglesia.
La razón por la que la
Escritura es considerada Palabra de Dios, testimonio de la revelación cuya
plenitud es Cristo, se encuentra en el carisma de la inspiración para poner
por escrito y sin error la revelación de Dios. *
Relación entre Escritura y Tradición
El testimonio inspirado que es
la E. no está aislado de la tradición, sino que nace y encuentra su
identidad profunda en su referencia a la Iglesia primitiva.
Esta relación no siempre estuvo
tan clara, en concreto la teología postridentina se desvía de la concepción
de los Padres de Trento e interpreta la frase "in libris scriptis et
sino scripto traditionibus" en el sentido de dos testimonios (casi
paralelos) de la revelación: la Escritura y las tradiciones no escritas.
Habrá de llegar el Vaticano II
para esclarecer la relación entre la E. y la tradición eclesial: hay una
fuente, la Palabra de Dios, que es transmitida por escrito y en la vida de
la Iglesia (DV 9). La DV recuerda tres aspectos:
* El conocimiento del canon (DV
8)
* La interpretación y
actualización de la E. (DV 8)
* La certeza de los revelado,
"ya que no es por la sola escritura que la Iglesia conoce la certeza de
lo revelado (DV 9).
Esta perspectiva no parece
contradecir el principio de la suficiencia material de la Escritura
(contiene todo lo necesario para la salvación; aunque de hecho hay dogmas
que no están presentes en la E., como los últimos mariológicos), pues el
Vat II parece diferenciar entre los datos constitutivos de la E. y el papel
de discernimiento de la tradición eclesial.
La tradición no se
principalmente como camino de nuevos conocimientos sino como criterio de
acceso a la E. Con esta perspectiva, la cuestión, aún abierta, de la
suficiencia material de la E. ha perdido importancia en el campo de la
teología. B)
El Magisterio
En esta línea interpretativa de
la Palabra de Dios se sitúa el magisterio. A él corresponde el papel de
garantizar la autenticidad de la revelación. Su función es, pues, de ser signo
de la definitividad de la revelación: es la garantía de que la
palabra salvífica de Cristo está dirigida a todo tiempo en orden a la vida
cristiana.
La DV apunta en esta dirección
al afirmar que el magisterio "no está por encima de la Palabra de
Dios, sino a su servicio para enseñar puramente lo transmitido (DV 10).
Esta afirmación destaca el papel criteriológico de su misión como
servicio a la Palabra de Dios. | |||||||||