44 - Julio, 2005. Bienaventuranzas
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AUTOR
ECLESALIA
01/07/05
José Sánchez
ECLESALIA
05 y 08/07/05
José Sánchez
ECLESALIA
06/07/05
Francisco Barco Solleiro
ECLESALIA
07/07/05
Joaquín Autrán
ECLESALIA
12/07/05
Javier Vives Solbes
ECLESALIA
13/07/05
Gonzalo Haya Prats
ECLESALIA
14/07/05
Eubilio Rodríguez
ECLESALIA
20/07/05
Jon Sobrino
ECLESALIA
22/07/05
MARÍA MAGDALENA: PRIMER TESTIGO APOSTÓLICO DE LA RESURRECCIÓN
Emma Martínez
ECLESALIA
26/07/05
J. I. González Faus
29/07/05
Juan de Dios Regordán
ECLESALIA, 01/07/05.- En Estados Unidos, hasta bien entrados los años 60, los afro-americanos eran considerados como ciudadanos de segunda. No podían ir a los mismos colegios que los blancos, ni subir en los mismos autobuses, ni optar a ciertos trabajos. Durante siglos se habían construido sesudas teorías acerca de la superioridad del hombre blanco sobre el negro. La inmensa mayoría de la gente así lo creía, muchas veces por ignorancia, inercia o pereza intelectual. La lucha por los derechos civiles de esa minoría fue larga y enconada pero finalmente se consiguió; ahora, muy poca gente pondría en duda la igualdad de derechos de negros y blancos.
Algo similar ha ocurrido con los homosexuales. Durante siglos han sido considerados como enfermos, pervertidos, traidores a su sexo, y la homosexualidad como “inclinación objetivamente desordenada”, “pecado gravemente contrario a la castidad”, “pecado nefando”, etc. Por esas y otras razones han sido insultados, encarcelados, violados, castrados, mutilados, quemados o gaseados.
Hoy, en nuestro país, los homosexuales intentan tener los mismos derechos que los demás ciudadanos. Y, al igual que los negros americanos o los de Sudáfrica, no lo están teniendo fácil porque hay sectores de la población que están empeñados en evitarlo.
En primer lugar, los obispos españoles, con sus documentos y cartas pastorales, han hecho todo lo que se puede hacer para paralizar u obstaculizar cualquier Proyecto de Ley de este tipo e influir en las conciencias de los católicos.
Desde luego ninguno de esos documentos y cartas son fruto de un diálogo profundo, sincero y sin prejuicios entre la Iglesia y el colectivo homosexual. Son documentos en los que hay mucha doctrina y poca compasión, mucha Ley y poco corazón. El derecho canónico se quiere imponer al civil, como en tiempos que todos recordamos.
También ciertos funcionarios se consideran avasallados y amenazados en sus derechos porque tendrán que casar, contra su voluntad, a homosexuales. ¡El mundo al revés! ¡Como si una pareja homosexual quisiera que los casara un juez homófobo!
Hay quien afirma que los matrimonios homosexuales ponen en peligro la institución familiar. No entiendo en qué medida los derechos de unos pueden poner en peligro esos mismos derechos en otros. Nadie ha dicho todavía que los matrimonios homosexuales en Holanda y Dinamarca, hayan acabado con la institución familiar en esos lugares ni la hayan debilitado.
Nadie que desee el matrimonio puede estar en contra del matrimonio. Y si los homosexuales pagan los mismos impuestos que los demás, ¿por qué el Estado no puede ofrecerles los mismos derechos? No nos engañemos. No hay crisis de la familia; hay crisis del concepto rígido e inflexible que algunos tienen de cómo tiene que ser una familia.
Otros esgrimen el argumento etimológico. Efectivamente la palabra matrimonio significa etimológicamente “defensa / gravamen de la madre” (matri munire). Sin embargo, es absurdo pensar que el problema pueda residir en una palabra. Las lenguas son algo vivo que va evolucionando con el tiempo. Si el significado ha quedado obsoleto, se cambia o se amplía y ya está. Lo que los homosexuales piden no es que su unión sea etimológicamente correcta sino que puedan acogerse a la institución matrimonial, que les ofrece iguales derechos que a los demás.
Otros utilizan argumentos fisiológicos basándose en que una pareja homosexual no puede procrear. Y yo me pregunto: ¿qué pasa con los matrimonios tradicionales que no pueden tener hijos? ¿Son por ello menos matrimonios? La esencia de una relación de pareja, del tipo que sea, es siempre el amor. He conocido parejas homosexuales rebosantes de amor el uno por el otro, con una fidelidad y una madurez que muchos matrimonios tradicionales querrían para ellos.
En resumen, no me parece que haya argumentos serios para no aceptar y respetar el matrimonio de homosexuales. Es una cuestión de igualdad y justicia. Bienvenido sea.
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ECLESALIA, 5 y 8 de julio de 2005
RETOS PARA NUESTRA MISIÓN EN LA NUEVA SITUACIÓN ECLESIAL
JOSÉ SÁNCHEZ, jesuita, doctor en teología, j.sanchez.z@jesuits.net
MÉXICO.
ECLESALIA, 05/07/05.- Millones de personas seguimos de cerca el deceso del papa Juan Pablo II y vimos llegar a su fin un pontificado sumamente largo y acontecido en medio de un sinnúmero de vicisitudes eclesiales e históricas. Fuimos testigos del homenaje no sólo eclesial sino mundial, cualesquiera que hayan sido sus proporciones, de este papa polaco, quien marcó de una manera particular a las generaciones del último cuarto del siglo XX. La llegada de Joseph Ratzinger al pontificado, ahora como Benedicto XVI, ha generado, tanto antes como después de su elección, diferentes acercamientos a la situación de la Iglesia y a los retos que enfrenta ésta de cara a una sociedad que ha evolucionado vertiginosamente y que plantea a la Iglesia preguntas desafiantes e interrogantes a los que ésta no ha acabado de responder.
Si analizamos con cierto detenimiento los desafíos que se le presentan a la Iglesia, caeremos en la cuenta de que no son sólo numerosos, sino tan complejos como ineludibles. Si ya el mismo número de fieles de la Iglesia católica, con todo su aparato burocrático, hace ya de por sí difícil una reforma rápida y adaptada a las circunstancias actuales, la tendencia a apegarse a prácticas tradicionales, tanto válidas como obsoletas, hace todavía más complicado mover una comunidad mundial que no sólo contiene diferentes comunidades locales que se mueven a velocidades diferentes, sino que contienen en sí tradiciones culturales muy variadas y multiformes.
Por ello resulta tan atrevido plantear los retos que tiene la Iglesia católica hoy. Consciente sin embargo de la provisionalidad y de la parcialidad del contexto desde el cual hablo, y ayudándome de varios analistas que han aportado su propio punto de vista al respecto, resumo en seis los retos principales que tiene la Iglesia católica hoy. Pienso fundamentalmente en la Iglesia católica occidental, y considero en el conjunto nuestro contexto latinoamericano. No obstante, dada la distribución geográfica de los creyentes católicos en el mundo, la respuesta adecuada a estos retos tendrá repercusiones en la Iglesia universal y podrá ser una palabra que dé esperanza a la humanidad en su conjunto.
Primer reto: la mundialización. La primera afirmación que podemos hacer de esta presentación es que la Iglesia es una de las instituciones mejor preparadas para afrontar los retos de la mundialización. Ésta puede ser una afirmación sorprendente considerando la perplejidad que nos invade frente a un mundo en donde se están derrumbando todas las fronteras. Sin embargo, existen y han existido siempre en la Iglesia católica dos perspectivas que la posibilitan para afrontar esta realidad ineluctable: su propia catolicidad y la perspectiva histórica y escatológica del Reino de Dios. Desde la primera perspectiva, la catolicidad, en su esencia misma, consiste en el sentido universal e incluyente de la misión cristiana, alimentada por la perspectiva del amor universal de Dios, que quiere que todos los hombres se salven. Aunque hayan existido ciertos grupos – e incluso, desgraciadamente todavía existan – dentro de la misma Iglesia que hayan creado un espíritu de ghetto o que hayan condenado a ciertas poblaciones o creencias distintas a las suyas, el cristiano siempre se verá cuestionado por el Evangelio en sus intentos de levantar muros frente a su propio hermano. La perspectiva de la fraternidad universal y de nuestra filiación fundamental con respecto a Dios Padre-Madre servirá siempre como un punto crítico de cualquier tipo de exclusión. Visto desde una perspectiva positiva, el movimiento de inclusión que debe caracterizar el movimiento cristiano hacia el otro como otro ha de impulsar y despertar su creatividad en toda actividad en la que esté involucrado con sus semejantes. Esto está intrínsecamente ligado a una segunda perspectiva, la del Reinado de Dios, que no sólo reafirma la perspectiva católica, sino que la complementa, al retomar el Evangelio como utopía a realizar en el mundo y al servir como referencia crítica a toda realización parcial en que se verifique del Reinado de Dios. Por otra parte, la perspectiva escatológica del Reinado nos hace renunciar a todo voluntarismo o pelagianismo que crea que este Reinado es obra nuestra; al contrario, nos abre a este Reinado como don recibido de lo alto, lo cual nos somete a la fidelidad a la palabra divina y a una escucha permanente de los signos que Dios nos revela en la misma historia humana, reconocidos en Vaticano II como “signos de los tiempos”.
Por lo anterior, la Iglesia está en una posición privilegiada para llevar adelante lo que Howland Sanks llama “la misión social de la Iglesia”. Esta misión social, en la situación actual eclesial, tiene cuatro vertientes desde la perspectiva universal:
- Promover el desarrollo de la particularidad de las iglesias locales, en donde se realiza la universalidad de la Iglesia. Cada iglesia deberá realizar en su propio contexto cultural, social, religioso, político, la misión inclusiva de la Iglesia siguiendo principalmente el modelo evangélico y no el modelo romano. La apertura a nuevas formas de inculturar el Evangelio y de dialogar con las culturas locales es indispensable para que la iglesia local realice su propia forma de encarnar la palabra de Dios.
- Promover el despliegue de carismas personales y colectivos en la comprensión de que la auténtica realización humana se realiza en comunidad y en comunión con los demás seres de la creación.
- Ampliar permanentemente la perspectiva de las comunidades locales hacia marcos regionales, nacionales e internacionales, haciendo dialogar frecuentemente la realización local con otras realizaciones y mostrando la validez de unas y otras (con ello se fortalece y se relativiza al mismo tiempo la propia identidad).
- Hacer caer en la cuenta de la dialéctica entre la unidad humana o eclesial parcialmente realizada y la escatológica. Esto puede ayudar particularmente en el diálogo ecuménico, donde se pueden seguir encontrando puntos de entendimiento y realizando algunos signos de comunión y de reconciliación.
Segundo reto: la democratización. Aunque la Iglesia no sea una democracia, el impulso creciente de la sociedad occidental y la relación que siempre ha existido entre los modelos sociales vigentes y la historización de la Iglesia en esos contextos obliga a extender los beneficios de la sociedad occidental hacia las estructuras internas de la Iglesia. ¿De qué modo y en qué áreas podemos vislumbrar esta democratización? Esta democratización está en relación proporcional con la promoción de la participación del creyente en las instancias eclesiales. La apertura a esta participación implica:
- Darle mayor palabra a los laicos en la vida pastoral, principalmente en las instancias decisorias, como los consejos diocesanos y parroquiales. Aunque el obispo o el párroco tengan un rol esencial a jugar en estos consejos, la apertura a la participación de los laicos en la toma de decisiones de lo que incumbe a la parroquia o a la diócesis habría de ser una práctica eclesial habitual.
- Conceder y promover ministerios más diversificados. La extensión de la palabra ministerio a los servicios proporcionados por los laicos en el ámbito eclesial no es en la práctica una batalla ganada. De hecho, éste es uno de los puntos espinosos actuales en la relación entre la Iglesia jerárquica y los bautizados, porque se está dando en la práctica una transición entre un modelo construido sobre el binomio sacerdote-laico a un modelo de una Iglesia pluri-ministerial. Sin entrar aquí en una discusión a detalle sobre las dificultades teológicas concretas en torno a este tema, podemos sin embargo adelantar los terrenos en los que la Iglesia ha de extender su ministerialidad:
1) Ministerios litúrgicos. Si ahora sólo son reconocidos como ministerios instituidos el lectorado y el acolitado, los ministerios litúrgicos habrían de extenderse en su aplicación (y de hecho ya lo están en la práctica en algunos lugares) a otros ministerios que enriquecen la celebración comunitaria: canto, peregrinaciones, religiosidad popular, oraciones, rosarios, novenarios, etc.
2) Ministerio bíblico. Aunque las Comunidades Eclesiales de Base promovieron en un tiempo la lectura bíblica, se requiere además preparar al pueblo de Dios con seriedad no sólo para que conozca mejor la palabra de Dios, sino para que asuma este ministerio particular de darla a conocer en sus ambientes específicos.
3) Ministerio ecuménico. Habría que preparar a agentes pastorales para el estudio de las diferentes confesiones cristianas y de la propia confesión, así como para realizar el diálogo y la colaboración conjunta con diferentes creyentes, cristianos y no cristianos.
4) Ministerios de solidaridad. Los ministerios son identificados con servicios que se realizan a la Iglesia misma. La extensión de los ministerios a ámbitos sociales ya era considerado por Pablo VI en Evangelii Nuntiandi (EN 73), pero los ministerios en este terreno no han sido reconocidos oficialmente por la institución. Habría que reflexionar sobre la pertinencia de esta concesión a los cristianos que colaboran en la defensa de los derechos humanos, económicos, políticos; de igual modo tendríamos que pensar en las consecuencias de nombrar ministerio eclesial a la participación del creyente en organizaciones sociales o políticas que tengan que ver con un mayor bien común también como un ministerio eclesial.
5) Ministerios pastorales. Cada vez más laicos participan, sobre todo en parroquias europeas, en sustitución de sacerdotes para suplir la atención pastoral en diferentes rubros: visita y cuidado sacramental de los enfermos; organización de la caridad; oraciones para difuntos, bautismos, preparación para matrimonios, catequesis. Sin embargo, en los países del Tercer Mundo la identificación de este tipo de servicios con el sacerdote o el diácono dificulta la participación del laico en estas áreas tan abandonadas. Por ello las propuestas que se les hagan para que vengan en ayuda del clero en estos dominios requerirán un cuestionamiento de la identidad del clérigo y del laico, así como la delegación de estas funciones tradicionalmente identificadas con el presbítero. Implica, entre otras cosas, una conversión de la jerarquía eclesial, un cambio de mentalidad en los fieles, una cesión del poder por parte del presbiterado y el establecimiento de nuevas normas de funcionamiento de estos nuevos agentes pastorales.
- Intercambio de experiencias parroquiales y diocesanas. La mundialización nos obliga a salir de nuestros cotos cerrados para comenzar a construir una comunión plural y la riqueza de la sinfonía de carismas que el Espíritu concede a la Iglesia.
- No hay que olvidar que, en el Tercer Mundo, el pobre es el sujeto protagónico de esta construcción comunitaria. Esto se puede vislumbrar desde distintas ópticas:
1) Socialmente: es el más necesitado de los otros. Es fuente de unión de los esfuerzos por construir un mundo nuevo.
2) Humanamente: es el más necesitado de una afirmación existencial y de una aceptación de su valía y de su persona, y de encontrar un lugar en el mundo.
3) Eclesiológicamente: aunque esté sólo nominalmente bautizado, conserva una fe vigorosa, alimentada por la misma tradición cultural latinoamericana.
4) Teológicamente: su propia experiencia de sufrimiento, de fragilidad y de condición humana quebrantada le da un potencial de expresión de la presencia de Dios en su vida. Claro está, si es que lo ayudamos a vivir una experiencia de redención.
- Ayudar a otros agentes (clases medias, universitarios, intelectuales) a que entren en contacto con esta construcción desde abajo, para que puedan influir en sus ambientes respectivos (sabiendo que su presencia en medio de los pobres no durará tal vez mucho tiempo).
- Considerar que los cambios en la Iglesia no se han alcanzado, salvo raras ocasiones, desde la jerarquía. Las transformaciones eclesiales han sido provocadas principalmente por los santos, por los investigadores, por las órdenes religiosas o por transformaciones sociales que cuestionan a la Iglesia desde fuera.
Tercer reto: la misericordia. Vivimos en una sociedad que se encuentra no sólo desorientada política y socialmente, sino muy fragilizada en sus individuos mismos. Seguimos constatando que los problemas de supervivencia en nuestra población están lejos de resolverse, y que seguimos siendo testigos de una inmensa pobreza, de exclusión, de bajos salarios, incluso de hambre en las poblaciones más marginadas. Pero también comprobamos la existencia de familias fracturadas, matrimonios deshechos, hijos abandonados, jóvenes desorientados y solos. La pobreza, la marginación, el sufrimiento han adquirido un rostro más diversificado. Desde esta perspectiva, necesitamos ser una Iglesia llena de compasión y de misericordia:
- Que sepa ayudar a que la humanidad experimente el perdón que ofrece Dios a todos los hombres y mujeres de este mundo.
- Que no sólo se acerque al débil y lo cure, aliente y apoye, sino que se haga su compañero de camino.
- Que ofrezca una nueva imagen de Dios, porque siguen existiendo, en ámbitos amplios de nuestra sociedad y a falta de una experiencia de encuentro con el Dios de Jesucristo, imágenes distorsionadas, equívocas, hirientes, de un Dios lejano, juez, indiferente, frío, cruel, cómplice inmóvil del sufrimiento del hombre en el mundo.
- Que se vaya haciendo de nuevo una Iglesia creíble, justo en medio de la crisis de instituciones, al mismo tiempo que humana. Necesitamos compartir a la humanidad el modo en que Dios nos ha liberado, la confianza que Él tiene todavía en nosotros, su amor incondicional y su compañía cercana en medio de nuestro pobre barro carnal.
- Que sepa dar una palabra de esperanza “contra toda esperanza”. Pedro Casaldáliga cree que en medio de la mucha desgracia, miseria, violencia que seguimos encontrando a nuestro alrededor, “lo que el mundo necesita es una gran palabra de esperanza, de compasión y de ternura que nos haga sentir la misma ternura de Dios”.
- Que se confíe al Señor y que se deje llevar por el Espíritu, que es fuerza en la debilidad. Codina pone tres manifestaciones de la fuerza que da el Espíritu en la debilidad: fidelidad (permanecer en su amor), perseverancia (paciencia histórica ante las dificultades de la vida) y esperanza (la fuerza del futuro que ilumina el presente).
Cuarto reto: inserción en espacios nuevos. El modelo parroquial está entrando en crisis en varios lugares de nuestra sociedad occidental. El modelo sacramental, litúrgico y verticalista no ofrece respuestas a los deseos de los creyentes de participar más activamente en la construcción de la Iglesia y de la sociedad. Esta Iglesia sacramental tiene cada vez menos adeptos y menos eco en el corazón de los creyentes. Necesitamos entrar y penetrar espacios donde se está jugando la vida de los hombres: movimientos, grupos, organismos, espacios donde la gente se reúne y lucha por su existencia. Siempre, en esta perspectiva de una encarnación renovada, nos hemos de preguntar cómo vincularnos con ellos y cómo vincularlos a una pastoral de conjunto. En medio de una reinserción en la vida del hombre de todos los días, podremos desarrollar la capacidad de adaptarnos a la rapidez de los cambios sociales y de los modelos económicos. Podremos aprender de las nuevas formas de relacionarse que tiene la gente; podremos escuchar los sueños y las frustraciones de las nuevas generaciones y podremos caminar con ellos en la construcción de modelos alternativos de sociedad.
Quinto reto: actualizar y fortalecer nuestra reflexión teológica crítica. Necesitamos retomar y profundizar nuestro aporte en la reflexión teológica crítica para poder decir una palabra en temas que en la actualidad son candentes y que la sociedad plantea a la Iglesia: pastoral de divorciados, eutanasia, convivencia homosexual, aborto, inseminación in vitro, relaciones prematrimoniales, control de la natalidad, relación entre economía y justicia, moralidad del nuevo modelo económico internacional, etc. Requerimos de especialistas en varios de estos dominios, para poder decir una palabra desde una perspectiva evangélica al mismo tiempo que científica y seria. En lo que respecta a los no especialistas, necesitamos actualizar nuestra teología y nuestra reflexión, y volvernos a preguntar, con valentía y con el propósito de renovarnos internamente, cómo nos interpelan estos temas en nuestra actual situación apostólica, comunitaria y social.
Sexto reto: promover los derechos humanos en la Iglesia. No sólo hemos de intensificar la lucha al exterior, sino que hemos de emprenderla también al interior. Los temas que se encuentran todavía en el tintero y que requerirán una toma de posición más adaptada a los tiempos actuales, siempre en fidelidad al Evangelio y a la tradición genuina de la Iglesia. Temas como:
- Hombres casados que pueden ingresar al presbiterado.
- Derechos humanos de las mujeres (incluyendo el presbiterado).
- Derecho a disentir en la Iglesia.
- La realidad de la represión al pensamiento de los teólogos y la revisión de los mecanismos que se establecen para entrar en relación con ellos y para juzgar su ortodoxia o heterodoxia.
- Derecho a la participación en la elección de párrocos y de obispos. Búsqueda de mecanismos para que los creyentes tengan incluso una palabra o una participación activa en la elección del mismo Papa.
Los retos, si los analizamos en detalle y con profundidad, nos pueden dejar la sensación de que van más allá de nuestro alcance y de que poco podemos hacer para afrontarlos. Pero su dificultad y su complejidad no nos han de desanimar; al contrario, nos han de hacer ver que una verdadera reforma de la Iglesia implica una participación cualificada de los creyentes en todos los ámbitos y, sobre todo, que sintamos que esta Iglesia es nuestra Iglesia, nuestra casa, nuestra familia, y que ella es nosotros mismos en movimiento y que todos nosotros somos responsables de su avance o de su anquilosamiento en la historia actual.
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ECLESALIA, 6 de julio de 2005
BIENAVENTURANZAS DEL SIGLO XXI
SEVILLA.
ECLESALIA, 06/07/05.- Bienaventurados los sobrios, los austeros, los que consumen sólo lo necesario, los disponibles para los otros en sus necesidades, porque ellos son Justos.
Bienaventurados los que no contaminan, los que trabajan por conservar el planeta, porque ellos son verdaderos Hijos de la Tierra.
Bienaventurados los que se ponen en lugar de los otros, porque ellos sabrán acoger a los necesitados y serán llamados Hermanos.
Bienaventurados los que se esfuerzan y trabajan por establecer relaciones solidarias y estructuras democráticas, porque ellos abrirán nuevos caminos y serán llamados Hijos de la Paz.
Bienaventurados los que se afanan por buscar nuevas relaciones entre las personas, un nuevo modelo de organización social y un código ético para una civilización planetaria donde las fronteras sean caminos de entendimiento, porque son nuestros Poetas y Profetas.
Bienaventurados los que se arriesgan y padecen incomprensión por compasión con los marginados, porque ellos son Humanos.
Bienaventurados los que no se ocupan todo el día del negocio y ofrecen su tiempo sin pedir nada a cambio, los que no se corrompen, los que denuncian con grave riesgo de sus vidas la corrupción, el engaño, los abusos, las violaciones, los totalitarismos, porque ellos crearán las riquezas necesarias y son nuestros caminos.
Bienaventurados los que acogen al que tiene SIDA, al rechazado por inmigrante, por su color, etnia, pobreza, porque no tiene techo, por su orientación sexual, al que nadie presta, ni alquila casa, porque de ellos es el futuro de esperanza.
Bienaventurados los parados, los que tienen un contrato de esclavitud y un salario de miseria, los enfermos abandonados, los ancianos solos, las madres separadas y abandonadas que nadie quiere contratar, las mujeres maltratadas, los niños esclavos, los niños de la calle, los niños maltratados y violados, los pueblos oprimidos, las afectados por las guerras, los olvidados de esta tierra, los juzgados y encarcelados injustamente, los perdedores…, cuando oigamos sus gritos para exigir y luchar por un mundo justo, por otro mundo posible. Sin su justicia y rehabilitación no existe naturaleza humana posible, su urgente rehabilitación nos hará dignos y libres.
Bienaventurados los que ofrecéis información, los preocupados porque todos aprendan, los abiertos a las opiniones y al diálogo, porque vosotros hacéis posible la comprensión, la solidaridad y el amor.
No podemos servir a dos señores, estamos en una encrucijada y encontraremos el camino si tenemos un corazón humano y escuchamos el grito de los que sufren, el lamento de nuestra tierra violada. Eclesalia.
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ECLESALIA, 7 de julio de 2005
JOAQUÍN AUTRÁN, jautran@ole.com
MADRID.
ECLESALIA, 07/07/05.- Me doy un paseo por los barrios, entro en casas, prisiones, en el metro, en chabolas, en salones oscuros y solitarios... veo el mundo. Los ojos y los corazones se vuelven a Mi con interrogantes de angustia, soledad, necesidad, desorientación... y quiero dar respuesta.
Miro al mundo y me vuelvo a ti, hombre, para rezarte, para orarte y convocarte, para poner ante ti todas estas realidades, para que veas por mis ojos y sientas con mi corazón.
Necesito tus oídos porque quiero escuchar las historias de los 80 años de Rosario, y devolverle una sonrisa para que sepa que no está sola, que no sobra.
Necesito tus brazos porque quiero dar un abrazo y proteger al niño que mira asustado al mundo que le agrede.
Necesito tus palabras porque quiero saludar y llamar por su nombre a José, el que pide en la puerta del metro y es invisible para los ojos de los que vais corriendo detrás del reloj.
Necesito tus manos porque quiero darle una palmada de ánimo a David, que a pesar de sus recaídas lleva 15 días sin consumir.
Necesito tu trabajo porque quiero meter la mano en el bolsillo y ayudar a María, que trabaja sin parar y a su marido Manuel que lleva 5 años en paro y tienen tres niños.
Necesito tu corazón porque quiero acoger a Reinaldo, que tuvo que dejar su país porque no tenía futuro y se ha convertido en un sin papeles.
Te necesito a ti porque quiero explicarles a Marta y Juan que a pesar de que no pueden comprar un piso, Yo tengo un mensaje de amor y libertad para ellos. Te necesito a ti porque quiero acariciar al que no recibe caricias, nombrar al que no tiene nombre, gritar con el olvidado, cantar con el que está alegre y luchar con el que lucha por la justicia.
Necesito que les digas que son el centro de mi Reino, te rezo para que seas mis manos, mis ojos, mis oídos y mi boca.
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ECLESALIA, 12 de julio de 2005
MURCIA.
ECLESALIA, 12/07/05.- “Hola: Me llamo Javier Vives y soy miembro de una asociación de gays y lesbianas de Murcia. Hace unos meses recibimos con sorpresa un correo electrónico de un sacerdote español animándonos a abandonar nuestro estilo de vida homosexual, de acuerdo con la moral de la Iglesia Católica. Le escribí una respuesta bastante elaborada, con tono respetuoso y un espíritu dialogante, sincero y razonador, que busca la verdad. Creo que el documento que le mandé contiene reflexiones interesantes de cara a conseguir que poco a poco la Iglesia Católica, y otras religiones, vayan cambiando su actitud moral hacia las relaciones homosexuales. Pienso por tanto que sería positivo que estas reflexiones se difundan más allá del ámbito homosexual y llegue al ámbito de la Iglesia Católica y me pregunto si sería posible incluir este texto, aunque sea parcialmente en alguna sección de vuestro informativo Eclesalia. Os lo mando íntegramente a continuación. En él hago referencias a fragmentos de la carta que nos envió dicho sacerdote”.
Murcia, 6 de febrero del 2005
Sinceramente te agradezco muchísimo que te pongas en contacto con nosotros. Agradezco la intención de darnos ánimo... pero eso no lo necesitamos (no si es para luchar contra nuestra homosexualidad, cosa que no tenemos intención de hacer).
Pienso que el hecho de que hablemos es muy positivo. Creo que intercambiar opiniones y puntos de vista es la mejor forma de acercarnos a la verdad y el correo electrónico es un buen medio para ello, ya que nos permite expresar bien nuestras ideas, entender bien las del otro, meditar acerca de ellas y ver en qué cosas y por qué pensamos diferente (cosa que desgraciadamente se hace muy poco). La verdad es única... y si hay diferencias de visión respecto a cómo puede ser ésta, es porque en algo acertamos y nos equivocamos nosotros y en algo acertáis y os equivocáis vosotros. Saber los aciertos del otro y ayudar al otro a ver sus errores es muy positivo. En este sentido, no considero esto como una ayuda hacia nosotros, los homosexuales (como parece que lo planteas)... sino un intercambio de puntos de vista de igual a igual y con la predisposición de (en caso necesario y poco a poco sin que suponga un trauma) ser capaces de renunciar a ciertos axiomas en los que basamos nuestro entendimiento de la vida (o al menos relativizarlos y entender y valorar los axiomas en los que otros apoyan su forma de entender la vida y que también a veces pueden ser válidos). En resumen, creo que un diálogo de tipo socrático es mucho más fructífero que una batalla dialéctica de tipo sofista (esto ocurre cuando el diálogo se convierte en una batalla donde lo que se busca no es la verdad sino imponer tus criterios al homólogo y hacerle creer que uno tiene la razón).
También me gustaría aclarar que lo que te digo aquí es sólo una simplificación de la compleja, amplia y diversa realidad de la homosexualidad, al igual que pasa con cualquier fenómeno sociológico o antropológico. Digamos que, sin olvidar que es sólo una simplificación, es necesario hacerla para poder estudiar dicha realidad y poder acercarnos a algunas conclusiones. Asimismo, también te aclaro que las posibles valoraciones que pueda hacer respecto a ciertos comportamientos son sólo un planteamiento relativo a mi vida y eso no significa que crea que también sea aplicable a la vida de todos los individuos, es decir no universalizo mis planteamientos morales a diferencia de cómo hacen muchas religiones.
Primeramente, en contestación a tu primer párrafo, el tema que me preocupa no es la homosexualidad, sino el hecho de que a lo largo de la historia y en nuestros días, haya personas que sufran por que haya ámbitos (entre los cuales está la Iglesia Católica) que les hacen sentir culpabilidad por su homosexualidad, inútilmente.
Hablas acerca de que me siento raro y distinto hacia los demás por ser homosexual. Me temo que supones demasiadas cosas... En mi caso concreto, me sentía raro y distinto ante los demás hasta que afortunadamente conocí a gente homosexual, como yo, en el Colectivo NO TE PRIVES (Colectivo de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales de la Región de Murcia) y como vi que eran personas normales, muy diversas y válidas, gracias a ello empecé a sentir y a pensar que ser homosexual no era nada malo... y desde entonces me siento bastante bien en ese sentido. Creo que éste es el proceso de normalización por el que pasan muchos homosexuales, cada vez más. Respecto a “luchar para salir de esta situación”... La homosexualidad no se considera enfermedad, en el ámbito profesional psicológico o médico, desde los años setenta, como posteriormente te explico. Yo creo que las técnicas para "salir" sólo sirven para reprimir o eliminar el deseo homosexual y no generan deseo heterosexual.
También haces el razonamiento de que la homosexualidad ”no es una situación normal ya que el cuerpo del hombre y de la mujer están hechos para realizar la unión sexual los dos sexos opuestos y no los dos del mismo sexo. Los órganos genitales y otros órganos son diferentes y complementarios del hombre a la mujer y viceversa”. En un asunto tan complicado como es el ser humano y sobre todo sus relaciones afectivo-sexuales, no te aconsejo que hagas razonamientos tan simplistas. Es cierto que la complementariedad de los órganos sexuales de ambos sexos es un componente interesante en dichas relaciones sexuales y eso está muy bien. Pero por otro lado, no somos animales. El ser humano trasciende a nuestro cuerpo. Las relaciones sexuales no sólo son penetración vaginal: también puede haber otro tipo de cosas que pueden ser igualmente satisfactorias como el contacto, las caricias, los besos, la masturbación mutua, escuchar la voz del otro y qué dice, etc. Me resulta curioso que la Iglesia Católica, que defiende tanto la espiritualidad, use un razonamiento basado en criterios anatómicos de los genitales. Además, pienso que la sexualidad o las relaciones afectivo-sexuales tienen sentido incluso aunque el objetivo no sea la reproducción, como explico más adelante.
Por otro lado, ¿qué significa para ti la palabra "normal"? Esta palabra puede tener varios significados. Si hablamos de normalidad desde un punto de vista estadístico, somos alrededor de un 10-15 % de la población (me refiero a personas que sienten como homosexuales). No somos lo más frecuente, pero somos bastantes. Si hablamos normalidad desde un punto de vista moral... ese es un tema muy complicado del que espero que vayamos hablando.
Respecto a lo que dices acerca de ir a un psicólogo, te indico que en el año 1973, la homosexualidad fue eliminada de la lista de enfermedades mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana (y esto a pesar de que Estados Unidos es más conservador que Europa). Actualmente la homosexualidad ya no está considerada como una enfermedad, en el ámbito científico y profesional de la psiquiatría y la psicología. No entiendo cómo la iglesia se mete en asuntos que pertenecen al saber científico y no a la fe.
Asimismo, en siguientes párrafos de tu carta, veo que las nociones que tienes respecto al mundo homosexual no son demasiado adecuadas, posiblemente debido a falta de datos. Imagino que no conoces a muchos homosexuales ni has percibido suficientemente los diversos ámbitos homosexuales (el ambiente de la noche o las páginas web eróticas dan una visión incompleta). Te animo a que visites páginas web de colectivos homosexuales (como el nuestro, www.geocities.com/cnoteprives, o bien la del COGAM) y, principalmente, a que te pongas en contacto con el grupo de homosexuales cristianos del COGAM. Te contesto con algunas aclaraciones al respecto, que intento que se adecuen al máximo a la verdad, a pesar de que ésta sea amplia, diversa y compleja, como en cualquier fenómeno sociológico o antropológico, como ya indiqué antes:
- El ámbito homosexual es muy amplio y diverso. No se puede generalizar. Es cierto que en algunos ámbitos (amplios, desde mi punto de vista), hay promiscuidad. Pero también hay gente que busca también una estabilidad con una pareja. Hay gente que busca sólo sexo, la hay también que busca sólo una pareja estable y la mayoría combina ambos deseos (es decir les gustaría tener pareja, pero también les apetece de vez en cuando sólo sexo).
- Es cierto que en el ambiente (discotecas), respecto al ámbito homosexual masculino (gays), el sexo es lo más fácil y lo difícil es encontrar pareja. También hay otros ámbitos, (aunque menos numerosos, actualmente) donde hay mayor predisposición a buscar una relación más estable (principalmente los Colectivos de Gays y Lesbianas).
- Por otro lado, no podemos confundir la homosexualidad masculina (gays) con la femenina (lesbianas). Las lesbianas tienen más tendencia a la fidelidad en la pareja y nunca o casi nunca buscan sólo sexo.
- En mi opinión la promiscuidad o el morbo no son malos. Creo que, en una visión global de la vida del ser humano, vivir experiencias de este tipo en una etapa joven, puede ser positiva. Porque de esta forma se tienen experiencias, se aprende, se hace uno más fuerte y eso es una forma de madurar y tener unas bases que permitan poco a poco tener relaciones más estables. Personalmente, en nuestra compleja sociedad repleta de estímulos, información y experiencias de todo tipo, no soy partidario de los noviazgos primerizos (sin previas experiencias) que luego se convierten en matrimonios.
- Desde mi punto de vista, y esto es solo una opinión personal, no es muy enriquecedor quedarse estancado en una etapa promiscua. Y esto es lo que le pasa a algunos gays, que incluso con 40-50 años todavía basan gran parte de su vida en el sexo promiscuo. Por otro lado, todavía no conozco a ninguna lesbiana que responda a este perfil.
- Respecto a las parejas homosexuales, suelen durar menos que las parejas heterosexuales (sin embargo hay de todo y hay también parejas homosexuales muy duraderas). De cualquier manera, no por ello dejan de tener valor las relaciones que sólo duran unos meses o unos años. Compartir durante un tiempo nuestras vidas con otra persona es también muy bonito y nos aporta muchas cosas, que nos enriquece como seres humanos.
- Respecto a los celos y a que se cruce una persona por el camino, es frecuente en el ámbito homosexual. Sin embargo, al igual que he dicho antes, no siempre ocurre así y también puede ocurrir en las parejas heterosexuales. No es bueno generalizar.
En resumen, admito (sólo parcialmente) tus apreciaciones respecto a la vida afectiva, sexual y afectivo-sexual de los homosexuales, en cuanto a que dichas cosas ocurren (con mayor o menor frecuencia según el caso y el contexto) pero disiento respecto a que ocurran siempre en todos los ámbitos de la homosexualidad. Por otro lado, dichos comportamientos también ocurren, aunque reconozco que quizás menos, en el ámbito heterosexual.
Comparto contigo que algunos de dichos comportamientos o actitudes, que criticas, no sean muy deseables, satisfactorios o enriquecedores (esto es sólo mi opinión personal y no quiero imponer a nadie mi moral). Sin embargo, pienso que te confundes al plantear las causas, ya que pienso que, al menos parcialmente, son debidos a causas ajenas al hecho homosexual en sí. A continuación te expongo las causas que yo considero más razonables.
- Primeramente, la presión social ha hecho que los homosexuales hayamos estado reprimidos desde la infancia y eso ha hecho que sintamos desagrado o vergüenza por ella en la edad cuando la sexualidad se va desarrollando. Esto hace que en muchos casos, nuestra madurez afectivo-sexual llegue más tarde y con problemas (que cada uno debe ir resolviendo). En esta represión, por cierto, participa activamente la Iglesia Católica.
- Pienso asimismo que otra de las causas es la liberalidad, es decir tener unos criterios morales diferentes a los secularmente tradicionales de nuestra cultura (la liberalidad no es necesariamente negativa o indeseable en mi opinión). Ésta lleva consigo por un lado una mayor promiscuidad. Por otro lado, también lleva consigo que las personas que tienen deseo homosexual tengan un comportamiento homosexual (si fuesen seguidores de la moral tradicional, serían célibes o bien se casarían con un hombre o una mujer). De esta forma vemos que entre tres factores, la liberalidad, la promiscuidad y los comportamientos homosexuales, uno de ellos (la liberalidad) es la causa de los otros dos (la promiscuidad y los comportamientos homosexuales) y así se explica el hecho de que promiscuidad y comportamiento homosexual coincidan en muchos casos. Tú sin embargo te confundes con el orden causal ya que como piensas que promiscuidad y comportamiento homosexual coinciden siempre (como ya te explico anteriormente esto no es así, no se puede generalizar) deduces que el comportamiento homosexual es la causa de la promiscuidad.
- Por otro lado, desde un punto de vista estadístico (con esto me refiero a que estoy hablando de una clara tendencia que diferencia a la población femenina y a la masculina y no me refiero a que esa diferencia afecte a todos los individuos hombres y todos los individuos mujeres, es decir no estoy generalizando) los hombres y las mujeres (independientemente de su orientación homosexual o heterosexual) tienen actitudes afectivo-sexual es diferentes. Por ejemplo, en la carretera entre Orihuela y Murcia hay infinidad de clubes de alterne (para hombres) mientras que todavía no conozco ninguno para mujeres (hay alguna mujer que se va de vez en cuando con algún chapero, pero son casos aislados). Otro ejemplo es que los gays tienen zonas de encuentro (cruising, como se le llama indebidamente) en playas o parques, tienen cuartos oscuros, en algunas discotecas de ambiente, así como saunas, mientras que las lesbianas no (oí decir que en Barcelona hay una sauna para mujeres, pero es algo aislado y seguro que con un planteamiento menos promiscuo). Así vemos que (al menos actualmente en nuestra sociedad) la población femenina es menos promiscua que la masculina, tanto en ámbito homosexual como heterosexual. Eso explica que generalmente en las parejas heterosexuales y en las parejas homosexuales femeninas haya más fidelidad que en las homosexuales masculinas. Todo esto por supuesto sin caer en las generalizaciones, ya que también hay parejas de gays en las que hay fidelidad y también hay parejas heterosexuales donde se ponen bastante los cuernos (principalmente el hombre).
- Otro aspecto a tener en cuenta, y creo que es el más importante de todos los que estoy exponiendo, es el de la formación de una familia con hijos. Creo que cuando en una familia hay hijos (a los cuales puedes llegar a querer más incluso que a tu pareja) la fidelidad y la estabilidad adquieren más importancia porque se hacen más necesarias para la consecución de un proyecto a largo plazo, consistente en educar y cuidar a unas personas a las que quieres muchísimo y que te necesitan. Y no sólo se hace necesaria sino que además ese proyecto común (esas personitas que necesitan a los dos o a las dos) une muchísimo. Asimismo, creo que a veces la falta de fidelidad o de estabilidad en las parejas se debe a que las personas buscan sensaciones (nuevas sensaciones) que (junto con otros componentes de nuestro entorno) contribuyan a llenarles la vida; es como el deseo de viajar (la necesidad que todos tenemos a veces de cambiar las sensaciones del entorno físico y social que nos rodea). A este respecto, estoy seguro de que tener hijos en la mayoría de los casos llena tanto que ya no es tan necesario buscar esas sensaciones en otro compañero sexual o afectivo-sexual ajeno a tu pareja heterosexual u homosexual.
- Por último, puede que, efectivamente como tú dices, haya también alguna causa implícita en las relaciones homosexuales relacionada con algunos de los anteriormente mencionados comportamientos o actitudes (que tú criticas y que no son muy deseables, satisfactorios o enriquecedores tampoco para mí, pero que te vuelvo a repetir no son generalizables). Es decir en sentido estricto y siendo fiel a la actitud de búsqueda de la verdad que procuro que se extienda en toda esta exposición, no puedo excluir este posible origen causal, pero siempre junto a las otras causas que te he citado. De cualquier manera, en caso de que exista, intuyo que no es tan determinante como tú planteas. Como ejemplo te repito algo que ya te he escrito anteriormente: “Es cierto que la complementariedad de los órganos sexuales de amos sexos es un componente interesante en dichas relaciones sexuales y eso está muy bien. Pero por otro lado, no somos animales. El ser humano trasciende a nuestro cuerpo. Las relaciones sexuales no sólo son penetración vaginal, también puede haber otro tipo de cosas que pueden ser igualmente satisfactorias”.
Creo que las relaciones afectivo-sexual es o simplemente sexuales también pueden tener sentido por sí mismas (sin implicar necesariamente la reproducción): desde la simple obtención de complacencia, pasando por ser una forma de comunicación, relación o afectividad entre los seres humanos, hasta incluso (pero no estoy muy informado) creo que según algunas religiones la práctica del sexo puede ser una forma de misticismo (esto está relacionado con el Kamasutra). Igualmente, tomar un buen vino o una buena tarta de chocolate tienen también sentido en si mismo (sin implicar necesariamente la nutrición) ¿Quién no ha disfrutado alguna vez un poquito de la comida sólo por la complacencia que le produce (sin pensar en su utilidad nutricional? Las relaciones afectivo-sexual es (incluso las que no persiguen la reproducción) son importantes, hasta el punto de que creo que la ausencia de este tipo de relaciones puede afectar negativamente a la salud mental a través, por ejemplo, de la aparición de neurosis (es decir manías), a no ser que se sublime el deseo sexual mediante, por ejemplo, experiencias místicas, la oración a Dios, la entrega total al prójimo, etcétera. En este sentido, el celibato puede ser algo positivo, como es el caso de los sacerdotes o religiosos/as, que me parecen muy admirables; supongo que esa renuncia es un sacrificio que ofrecen a Dios y es una forma de acercarse a Él. De cualquier manera, pienso que la complejidad del ser humano hace que haya varios caminos para acercarnos a Dios y cada uno debe encontrar el camino al que mejor se adecue, en función de sus características personales (ya sean físicas, psicológicas o espirituales). Hay muchas personas que somos homosexuales, es decir que sólo sentimos deseo sexual por personas de nuestro propio sexo y no podemos sentirlo por personas del sexo contrario y tampoco queremos o sentimos la necesidad de que nuestro camino sea tener experiencias místicas, la oración a Dios o la entrega total al prójimo. Para tener relaciones afectivo-sexual es (tan necesarias, como he dicho antes) debemos hacerlo a través de relaciones homosexuales. El hecho de reprimirlas (o sanar, como tú lo llamas) es la amputación de un elemento importante en nuestras vidas.
Suponiendo incluso que la homosexualidad sea una forma afectivo-sexual menos perfecta que la heterosexualidad, cosa que habría que ver, creo que siempre es mejor que la ausencia de relaciones afectivo-sexual es. Imagínate una persona inválida. Tiene dos opciones. La primera de ellas es postrarse en la cama, no salir nunca de casa. La otra es utilizar una silla de ruedas (que no es algo natural, ya que lo natural es andar con las piernas) para poder tener una vida más complaciente y plena (a pesar de los inconvenientes que pueda tener, como no poder hacer senderismo o ir a correr). En el caso de la homosexualidad (repito que en caso de que fuera una forma menos perfecta) también tenemos dos opciones. Una de ellas es reprimir nuestra componente afectivo-sexual , no tener nunca relaciones. La otra es tener relaciones homosexuales (que en tu opinión no es algo natural) para poder tener una vida más complaciente y plena (a pesar de las carencias que tú dices que hay, las cuales ya he comentado anteriormente). Creo que en ambos supuestos la segunda opción es la que mucha gente elegiría y creo que es la más lógica.
Finalmente, frente al planteamiento que tú haces, consistente en que el comportamiento homosexual es intrínsecamente perjudicial y que la única opción es minimizarlo o, mejor incluso, eliminarlo, yo planteo otra vía. Creo que es más adecuado favorecer y cuidar el desarrollo afectivo-sexual de la persona, a través de la educación plural y sin excesiva represión, sólo en su justa medida, para que en el futuro su mundo afectivo-sexual (ya sea homosexual o heterosexual) sea los más sano posible. Pienso que, en este sentido, la Iglesia Católica podría desarrollar un papel importante respecto a la homosexualidad. La Iglesia Católica realiza muchísimas acciones admirablemente altruistas: desde el apoyo a personas y a familias en parroquias de España, hasta la labor tan importante que realizan las misiones en lejanos países, pasando por gran cantidad de hospitales. Al igual que la Iglesia apoya y aconseja a las personas a llevar lo mejor posible su vida matrimonial o familiar, igualmente creo que también podría participar activamente en ayudar a muchos homosexuales a desarrollar su vida afectivo-sexual de la forma más positiva y sana posible (y en la única forma que pueden hacerlo, que es a través de relaciones homosexuales lo más sanas que sea posible). Pienso que esta actitud sería más constructiva y ayudaría más al prójimo, en lugar de ponernos trabas, como hacéis actualmente.
En resumen, si bien no prohibís la homosexualidad, ni castigáis a los homosexuales, os empeñáis en mantener y difundir por doquier el mensaje cuyo contenido es el mismo del correo que nos enviaste y que básicamente es: La homosexualidad es una enfermedad que hay que curar. El hecho de que mantengáis ese mensaje contribuye a mantener una actitud, en nuestra sociedad, represora de la homosexualidad. Esta represión es la que hace (como ya te comenté antes) que los homosexuales tengamos a veces ciertas carencias o comportamientos, que a su vez pueden hacer parecer que la homosexualidad sea en sí misma una patología. Afortunadamente, este sistema retroalimentado poco a poco va desapareciendo; sobre todo próximamente cuando se legalice el matrimonio homosexual. Me gustaría que la Iglesia Católica oficial cambiase su actitud respecto a nosotros y de esa forma contribuir a que más rápida y fácilmente se normalice la homosexualidad, y lo que ello supone respecto a tener una vida afectivo-sexual sana.
Un saludo cordial.
Javier Vives Solbes, saberio@arrakis.es
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ECLESALIA, 13 de julio de 2005
LA PRAXIS Y LA MÍSTICA NOS UNEN. LA TEOLOGÍA NOS SEPARA
GONZALO HAYA PRATS, gonzalohaya@telefonica.net
ECLESALIA, 13/07/05.- No me refiero solamente a protestantes y católicos sino a todas las religiones, e incluso a los que se proclaman laicos o ateos.
Las teologías nos separan porque son elaboraciones intelectuales impregnadas de racionalismo. La praxis y la mística nos unen porque brotan directamente de la conciencia, del software que traemos de fábrica, de “la imagen y semejanza de Dios”. Esta es la opinión que quiero explicar, aunque en pocas palabras..
Es de sobra conocida la colaboración de las diversas confesiones religiosas con las organizaciones laicas en la asistencia social a enfermos, drogadictos, niños de la calle, mujeres maltratadas...Las víctimas del reciente tsunami se albergaron indistintamente en iglesias, mezquitas, templos o escuelas.
Pocas personas rechazarán la vida de Jesús o de los profetas. Tienen mucho de praxis y poco de teología.
¿Por qué nos separan las diversas teologías cuando las diversas místicas tienen una concepción muy semejante de Dios?
Los místicos constatan la diversidad de nuestra experiencia cotidiana pero perciben, de forma muy semejante, una Unidad superior que nos abarca. Sean los místicos cristianos, la Cábala judía, el Sufismo musulmán, el Taoísmo, o el mal llamado animismo. Otra cosa es cómo lo explica cada uno y qué vías proponen para alcanzarlo.
- “¿Qué puedo hacer, musulmanes? Pues no me reconozco a mí mismo. No soy cristiano, ni judío, ni mago, ni musulmán. No soy de Oriente ni de Occidente, ni de la tierra, ni del mar.... No soy de este mundo, ni del próximo, ni del Paraíso, ni del infierno... No tengo cuerpo ni alma, pues pertenezco al alma del Amado. He desechado la dualidad, he visto que los dos mundos son uno; al Uno busco, al Uno conozco, al Uno veo, al Uno llamo” (Rûmi, místico sufí)
- “El cielo, la tierra y yo, tenemos la misma raíz; las diez mil cosas y yo somos de la misma substancia” (Sêng-Chao)
- Todos encuentran a Dios en la naturaleza
Haiku japonés: En lo incesante/ del sonido del agua/¡está Buda!
¡Oh, qué divina! / La luz del sol / Entre las tiernas hojas verdes.
El Buda es... /¡la luna de esta noche / en la flor del cerezo!
Evangelio: Lc 12,24-277 “Contemplad los cuervos. Ellos ni siembran, ni siegan ni tienen graneros, y Dios los alimenta” “Contemplad los lirios cómo crecen. Ni trabajan, ni hilan. Pero cierto que ni Salomón en toda su magnificencia se vistió como uno de éstos”.
San Juan de la Cruz: Cántico espiritual
Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura
y yéndolos mirando,
con sola su figura,
vestidos los dejó de su hermosura.
Y no crean los humanistas laicos que al hablar de trascendencia hablamos de algo exterior, heterónomo. El Dios trascendente constituye el núcleo más profundo del hombre: “intimior intimo meo”, lo más profundo de mi mismo yo, como afirma san Agustín.
¿Concordancia demasiado vaga?
El amor puede ser vago, abstracto, falso, si no va acompañado de obras. “El que dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso”. Pero si el amor va acompañado de la praxis, no es algo abstracto. La concordancia mística de las religiones es un amor acompañado de la praxis, y por tanto es una concordancia satisfactoria y auténtica.
¿Son inútiles las explicaciones?
Son necesarias para comunicarnos, para coordinar con lógica nuestras intuiciones. Pero la lógica es válida para asegurar una coherencia interna; no es válida para garantizar la exclusividad de lo que afirmamos.
Nuestros conceptos y nuestro lenguaje son orientativos, son interpretaciones, no logran transmitir toda la realidad, ni siquiera todo lo que captamos de la realidad. Percibimos un misterio que no acabamos de comprender y que no logramos explicar:
“Lo más bello que podemos experimentar es lo misterioso. Tal es el sentimiento básico que está en la cuna del verdadero arte y de la verdadera ciencia. Quien no lo conoce y no es capaz de admirarse, de asombrarse, es como un muerto y sus ojos se han apagado” (Albert Einstein)
El mal está en convertir la razón en instrumento único y exclusivo para determinar la verdad. La realidad se nos muestra como contradictoria, como dialéctica, porque no podemos abarcar con una línea recta –una deducción secuencial- los diversos polos de la realidad infinita e inexpresable. Hasta un racionalista como Maimónides confesaba que sólo los sabios llegaban a percibir la verdad, a veces y como un destello transitorio.
En filosofía no logramos integrar el racionalismo aristotélico con el idealismo platónico. En teología no sabemos conciliar la bondad de Dios y el problema del mal, ni un Dios infinito con la multiplicidad de la creación -¿fuera o dentro de ese infinito?- aunque este problema no preocupa a los cristianos ni al evangelio.
¿Hemos de despreciar la razón, las filosofías, las teologías? No, pero hemos de tomarlas como hipótesis, como interpretaciones que se acercan a la realidad sin excluir otras interpretaciones.
La física tiene dos interpretaciones para explicar la transmisión de la luz: por ondas o por corpúsculos; cada teoría explica determinados experimentos. Las teologías son teorías para explicar nuestra religación con la trascendencia. Ninguna explica todos los aspectos de Dios.
Volvamos a lo simple
Para un cristiano la revelación de Dios es una persona, Jesús de Nazareth. Su vida se entiende fácilmente y nos atrae porque conecta con nuestro sentido ético y místico. Como en las cámaras acorazadas de seguridad, la huella de Jesús coincide con la huella grabada en la pantalla de nuestra conciencia. Igualmente la vida de Buda, Zoroastro o Mahoma encuentra eco en el corazón de otros pueblos.
Vivamos y concelebremos con entusiasmo las religiones –las explicaciones- que nos ayudan a desarrollar esos modelos. Pero no las convirtamos en cuchillos que nos separen de otros. Ellos también se basan en una mística y una praxis conforme a la huella de nuestro mismo Dios.
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ECLESALIA, 14 de julio de 2005
"Mi opinión sobre el Sínodo diocesano de Madrid que acaba de terminar"
EUBILIO RODRÍGUEZ, Grupo preparatorio “San Fermín”, Grupo sinodal nº 12
MADRID.
ECLESALIA, 14/07/06.- Con el debido respeto, me propongo dar mi opinión sobre el Sínodo diocesano de Madrid que acaba de terminar. Opinión que depende, entre otras cosas, de las expectativas que uno se había formado, expectativas que a su vez vienen condicionadas por la percepción que se tiene del “estado de la cuestión” sobre el papel de la Iglesia hoy en nuestra sociedad, sobre cómo poner en práctica el Concilio Vaticano II en esta sociedad y en esta Iglesia.
Según esa percepción, se priorizarán unas u otras medidas a tomar, y , en consecuencia, la opinión sobre los resultados del Sínodo. Creo que el primer fallo del Sínodo ha sido precisamente no haber debatido, al comienzo del mismo, sobre ese “estado de la cuestión” y dar por hecho que todos aceptamos los análisis de la sociedad madrileña de hoy y del papel que la Iglesia ha de jugar en la misma, que se han presentado en las ponencias.
Simplificando mucho la cosa, y con todas las comillas precisas creo que esta problemática se presenta hoy de dos maneras: la manera como la presentan los que podríamos llamar “testimoniales” y la presentada por los que llamaré “misioneros”. Simplificando las cosas, porque unos y otros están por la misión y el testimonio. Los “testimoniales” consideran que lo urgente y fundamental es el anuncio del Evangelio, la confesión de Jesucristo resucitado, medida suprema de todo lo humano, y hacerlo en comunión con la Iglesia. Los “misioneros” están de acuerdo con estos objetivos, pero creen que, para que ello se pueda realizar en lo concreto de nuestro tiempo y nuestra sociedad, hace falta que previamente la Iglesia y los cristianos asumamos críticamente pero con simpatía los valores de esta cultura e, insertos en ella, nuestras prácticas sean coherentes con el Evangelio que anunciamos.
ESTADOS DE LA CUESTIÓN
1.- Para los “testimoniales” (representados en mi opinión, por casi todos los ponentes y buena parte de la asamblea sinodal), el “estado de la cuestión” parece ser el siguiente: durante la aplicación del Concilio Vaticano II, en los años 60 – 70 se cometieron muchas equivocaciones. En consecuencia, sus planteamientos y propuestas pretenden poner en práctica el Concilio, corrigiendo esas equivocaciones. Simplificando mucho consideran que:
- la presencia de los cristianos en el mundo, después del Concilio, como “fermento en la masa” supuso una pérdida de identidad. Asumimos la cultura moderna, y sus diversas iniciativas y organizaciones, sin ninguna actitud crítica. La crítica se ejercitó solamente al interior de la Iglesia.
- en el terreno dogmático el diálogo con las distintas corrientes de la modernidad se tradujo en una disolución del “depósito de la fe” en las diversas corrientes ideológicas entonces predominantes.
- una cultura moderna y unas ideologías que, en los últimos años, han demostrado – en su opinión – su fragilidad y sus contradicciones por haber abandonado la inspiración cristiana y eclesial de unos valores que surgieron en el “humus” de la tradición cristiana.
- el proyecto cristiano, después del Concilio, se disolvió y desapareció en los distintos proyectos que estaban presentes en la sociedad (liberal, democrático, socialista...) sin aportar nada nuevo y original. El fermento se disolvió sin transformar la masa, la sal perdió su sabor. El cristiano entró en el mundo en actitud vergonzante, sin atreverse a plantear nada específico desde su fe, ocultándola, viviéndola con complejo de inferioridad.
- al interior de la Iglesia, consideran que se multiplicaron las críticas, las descalificaciones de todo lo que fuera autoridad, tradiciones, costumbres, ritos...; se iniciaron cambios en todos los terrenos, sin apenas criterios, cambiar por cambiar, o eliminar tradiciones sin sustituirlas por otras nuevas. Lo cual creó – en su opinión – un desconcierto generalizado.
2.- Para los “misioneros”, a este “estado de la cuestión” le faltan algunos datos. Lo consideramos demasiado simplista y precipitado. Nuestra percepción de la cultura moderna, de la realidad de la sociedad y la Iglesia madrileña es distinta.
Puede ser cierto que el postconcilio trajera un nivel de desconcierto. Pero un desconcierto que consideramos normal y legítimo cuando se trataba de “abrir las ventanas” y reconducir una institución con tantos siglos de historia – para lo bueno y para lo malo – como la Iglesia católica. Una cosa era acordar las orientaciones y objetivos en las sesiones del Concilio y otra más compleja sería llevarlas a cabo en la realidad de la vida.
Esta tarea supondría enfrentarse a muchas tradiciones, que habían perdido su vigencia, a intereses creados, a prejuicios, a maneras de pensar y de hacer que durante mucho tiempo se habían tenido como inamovibles. Tarea más compleja aún si se considera que las consecuencias no afectaban sólo al interior de la propia Iglesia, sino también a las implicaciones sociales y hasta políticas que se derivaban de esos cambios. Particularmente en una sociedad como la española, en la que el peso histórico de la Iglesia ha sido y sigue siendo relevante.
Pero fueron precisamente muchos de esos cambios los que posibilitaban que sectores de la sociedad con los que yo me relaciono, tradicionalmente alejados o enfrentados con la Iglesia, comenzaran a imaginar que quizás la Iglesia podía ser otra cosa que la experiencia que ellos habían vivido o les habían transmitido sus mayores: una Iglesia cerrada en sí misma, comprometida en visión del mundo, proyectos e intereses con la derecha social y política, hasta tomar partido por ella durante la guerra civil; una Iglesia incapaz de conectar con las preocupaciones y expectativas de la gente de la calle, ni de adaptar sus formas y su lenguaje a la mentalidad de hoy.
Empezaron a tener ciertas expectativas en una Iglesia que sabía reconocer sus errores históricos y ofrecer algunos gestos, símbolos y lenguaje que les resultaba comprensible, porque previamente se había tomado la molestia de interesarse con obras y palabras por la vida y los problemas concretos de esa gente. Porque se había atrevido a releer el Evangelio desde esa inserción y a replantear tradiciones y prácticas, lenguaje y celebraciones.
Al interior de la Iglesia, el descubrimiento conciliar del “pueblo de Dios” y la legitimidad de la opinión pública trajo consigo la buena costumbre de pensar y, en consecuencia, de disentir algunas veces. Seguramente ello ha dado origen a equivocaciones, pero ¿quién, que piense, no se equivoca?. La forma de afrontarlo no es eliminar el pensamiento, sino confrontarlo en el diálogo. Sin excluir que, en último término y porque hay que tomar decisiones, haya una voz autorizada que arbitre una solución, aunque sea provisional.
La salida a este posible desconcierto, no era – en mi opinión – eliminar el debate y volver al pasado; tampoco aceptar beatamente todos los cambios, sino sentarnos a valorar, a discernir, desde el Evangelio y las orientaciones básicas del Concilio, el recorrido de los últimos años, interpelarnos mutuamente, reconocer errores y aciertos por una y otra parte. Esa, al fin y al cabo, ha sido la práctica eclesial tradicional en momentos similares (Hech. 1/15-26; 6/1-7; 15/1-35 ...) Desde esta valoración-discernimiento y desde una visión lúcida de la sociedad madrileña de hoy y el papel que la Iglesia ha de jugar en ella, podríamos haber planteado una cuantas líneas de fondo, prioridades básicas, que serían luego concretadas en los distintos campos de actuación.
En mi opinión no se ha hecho esto. Se ha dado por bueno, sin debatirlo, el primer “estado de la cuestión” y, en consecuencia, las líneas de fondo, las prioridades básicas que proponía. Muchos de los comentarios que hago a continuación fueron presentados en el Sínodo, pero no pasaron a votación de la asamblea, ya que considero que las modificaciones y nuevas propuestas que no encajaban en aquellos presupuestos no se han tenido en cuenta. Terminado el Sínodo, creo que muchas de estas cuestiones siguen vigentes y las conclusiones y propuestas sinodales no facilitarán su resolución. Así pues, esta es mi opinión sobre el Sínodo. Con el debido respeto, por supuesto.
PROPUESTAS DEL SÍNODO
Ponencia primera
En la lógica, pues, de los “testimoniales”, la Ponencia primera (“Acoger y vivir el don de la fe con un impulso nuevo”) considera que las causas de la debilidad de la presencia de los católicos en esta sociedad son :
- “la cultura hegemónica que nos pide que reduzcamos el influjo de nuestra fe y convicciones morales al ámbito de nuestra vida privada ... que intenta convertir al hombre en centro autosuficiente y medida última de la realidad y construir un humanismo sin Dios y sin Cristo.
- el crecimiento entre los creyentes de una especie de “apostasía silenciosa”, por desidia ante la vocación bautismal.
- las divergencias doctrinales y disciplinarias que dificultan la acogida y vivencia de la fe.”
En consecuencia proponen:
- “Fomentar la acogida más personal de la fe, la vocación y el compromiso bautismal. Se trata de la prioridad pastoral primera y actualmente más urgente.
- Vivir la alegría del encuentro con Cristo, medida suprema de lo humano, en cuyo seguimiento crecemos en humanidad, verdad, libertad, fraternidad y amor.
- Fomentar la conciencia de pertenencia a la Iglesia.
- Hacer sentir a todos los fieles y grupos cristianos la urgencia de intervenir públicamente en el debate cultural, educativo y social en comunión con la Iglesia.
- Hacer un llamamiento general a los intelectuales e instituciones académicas cristianas para que contribuyan a la construcción de una cultura que, inspirada en el Evangelio, proponga en términos actuales el patrimonio de valores y contenidos de la Tradición católica.
- Fomentar la confesión pública de la fe cuando sea necesario y formarse para saber dar razón de la esperanza cristiana y de las enseñanzas morales de la Iglesia, especialmente en lo referente a la familia”.
Estoy de acuerdo con la “música” de la mayor parte de estas propuestas.El problema es la “letra”: su desarrollo en los análisis y orientaciones de la misma Ponencia y la forma concreta en que muchas de ellas se están ya llevando a cabo en la diócesis. Algunos ejemplos :
Considero un fallo básico la ausencia en los análisis de la ponencia de un mínimo de autocrítica. La culpa siempre la tienen los otros : la cultura hegemónica, el disenso, la “diáspora cultural de los católicos”. Claro! Eso tiene la ventaja de que justifica nuestra pereza mental a la hora de tener que imaginar los cambios exigidos a la propia institución eclesial.
No estoy de acuerdo tampoco con la condena simplista y global de la cultura moderna sin un discernimiento sereno y objetivo de sus luces y sombras. Si pretendemos que la fe esté presente en el debate público de manera significativa, no basta estar personalmente convencidos y proponérnoslo con todo empeño. Es preciso que sus propuestas resulten significativas y apreciables por los distintos grupos y culturas presentes a los que nos dirigimos. Para ello es necesario que, previamente, la experiencia cristiana haya sido acogida y hecha carne propia por personas insertas en esas culturas y en sintonía con sus valores. El lugar social y cultural desde donde se acoge la fe y “se da razón de la esperanza” es fundamental a la hora de transmitirla; es condición imprescindible para comunicarla en un lenguaje inteligible y que no resulte extraño o anacrónico.
No acabo de entender lo que se entiende por “cultura católica”, cuando el Concilio Vaticano II afirma que “la Iglesia, en virtud de su misión y naturaleza no está encadenada a ninguna forma particular de cultura humana o sistema político, económico o social... y así p