06 - Febrero 2002. Ministerios para servir         

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El Mundo

04/02/02

Polimeros kai politropos

José Mantero

El Norte de Castilla

18/02/02

Obispos de la región proponen alternativas pastorales laicas ante la falta de sacerdotes

Teresa Casquete

Las Provincias

21/02/02

“La Iglesia debe revisar su postura ante el celibato”

María Costa

El Mundo

25/02/02

Religión y espacio público

Joan Miró Ardevol

Diario Sur

27/02/02

Báculo sí, pero de madera

José María González Ruiz

El Mundo, 4 de febrero de 2002

POLIMEROS KAI POLITROPOS
Dios habla de muchos modos

JOSÉ MANTERO

MADRID.

¿Qué más dará que uno sea heterosexual o hilandera de Velázquez, gay o camionero de área de servicio, bisexual o maquinista de la general, transexual o Buster Keaton vestido de corto? ¡Qué más da! Lo importante, lo definitorio incluso, es que esté uno capacitado para querer, para amar, para estar con alguien y sentir que tu vida no se deconstruye en el vórtice de un absurdo e irracional solipsismo que, sí, lleva a la perdición.

Porque de eso precisamente se trata, de algo tan serio y al tiempo tan legítimo, necesario y natural como amar. Las personas heterosexuales, gays y lesbianas, bisexuales o transexuales no son sólo aquéllas que sienten atracción sexual hacia determinado sexo el propio, en el caso gay sino esencialmente aquéllas que están estructuralmente preparadas para amar, en una determinada orientación. O en otra, que tanto monta.

Menuda está cayendo en las Españas unas, grandes y libres desde que, el día 1, apareció en la revista Zero mi entrevista. El camino que me lleva hasta este medio comienza con la aparición en Facanías publicación valverdeña del Centro Cultural Católico de una columna mía titulada Orgullo Gay. Poco tiempo después recibí una llamada del redactor jefe de Zero preguntándome si estaría yo de acuerdo en concederles una entrevista. Tras meditar, reflexionar y calibrar la invitación y las consecuencias que podría acarrear (y acarrearme) decidí responderles afirmativamente. El resto ya lo conoce el lector. Pues lo dicho, menuda está cayendo: dimes y diretes (normal) y por encima de todo el tremendo acoso mediático planeando sobre mi cabeza, mis convecinos e incluso mi propia familia, a la que en ningún momento se ha dejado de bombardear, en alguna ocasión de manera cruel, mórbida e inhumana. ¿También es esto normal?

Se oye de todo: que si me convierto en icono gay, que si es una causa por la que vale la pena apostar alma y vida (sí), que si qué sé yo cuántas historias. De vivir en la tranquilidad no ya del anonimato sino de la vida lógica de un ciudadano de a pie, me encuentro de golpe y porrazo con ¿la fama? Disculpe el lector mi risa. Una cena de restaurante en la que todos los ojos se me vuelven; una remake de Starsky y Hutch en determinada cadena de televisión que me entrevista y a poco se ve obligada a ponerme escolta personal, en fin... La bomba, lo dice todo el mundo.

Lo que yo honestamente me pregunto es dónde estaban todos hace bien poco cuando en Valverde del Camino y desde Facanías denunciábamos otros y yo la explotación laboral de las clases trabajadoras, particularmente en el sector del calzado. En aquella ocasión no me vi obligado a desaparecer unos días, siquiera unos minutos, cuando un par de discretas cámaras de algún medio informativo se acercaron sin ningún tipo de apresuramiento al pueblo. Entonces podía entrar en cualquier cafetería y saludar a mis amigos sin mirar hacia atrás. Entonces entraba y salía tan ricamente de todos sitios. Entonces no tenía que desconectar mi teléfono móvil porque desde las siete de la mañana a algún preclaro encéfalo se le ocurre que hay tomate. Entonces.

Entonces y ahora. España, la casposa, la que viste de duelo y el rey no tiene consuelo, María de las Mercedes, se rasga las vestiduras antes de la penitencia cuaresmal, porque a alguien se le ha ocurrido decir que es gay, y que es sacerdote católico, y que eso no es ni mucho menos contra natura perdóneme Monseñor Asenjo: gloriosas sus declaraciones acerca de la homosexualidad como «desorden moral». Perdóneme, pero acuérdese así mismo, cuando rece completas y concluya pidiendo a Dios una noche tranquila y una muerte santa, de pedirme perdón también a mí, a todos los gays y lesbianas de España y del mundo y, por encima de todo, a Dios Padre por haber negado una vez más, una de tantas, la vida que tiene ante sí , cuando precisamente habría mucha tela que cortar en lo que respecta a la mismísima natura.

Entonces y ahora. Dichoso ahora de la España profunda, no la de la pandereta sino la de algo más siniestro, destructor y morboso: la carnaza. La que disculpa, tolera y perdona la injusticia subyacente a la economía sumergida, los sobresueldos y la violencia pero siente un pánico atroz ante los aires sencillamente humanos, ante la tentación de alguien de muchos, gracias a Dios de vivir como El Totalmente Otro les da a entender, como saben o simplemente como les da la gana porque así lo sienten o lo estiman oportuno. La que cierra los ojos frente a la pobreza y desmesurada y desacompasadamente abre los de sus objetivos frente a la realidad de una orientación sexual. Spain is different? Tal vez. Es tragicómico.

Pero, sí, ahí seguirán las muchísimas familias de los mineros de las cuencas de Río Tinto y Tharsis, viviendo más que en precario y sin percibir horizonte alguno de futuro económico, laboral ni familiar. Ahí seguirán las extranjerías en larguísimas colas frente a un despacho cualquiera, a la intemperie no ya del frío sino de la sociedad y el mismo Estado. Ahí seguirán. Probablemente sin cámara que llevarse a la pose y sin perro que les ladre. Pero no son carnaza, morbo.

Esas otras son también mis causas, y no en exclusiva el mundo gay y lésbico. Esas otras causas también he defendido y defiendo. Pero sencillamente no había grabación de «recursos». Sic transit gloria mundi. A un cura se le ocurre manifestar libremente su homosexualidad y adios a otras historias. Bueno, la boda principesca del glamour y la fanfarria, pero poco más.

Polimeros kai politropos, comienza el exordio en griego de la carta a los Hebreos en el Nuevo Testamento. De muchos modos y en muchas partes habló Dios... ¿Puede Dios estar hablando ahora en eskhatoi, en los últimos tiempos y días a través de esto que está pasando, que me está pasando? Juzgue quien corresponda, que a todos nos toca por cierto. Polimeros kai politropos habló, habla y seguirá hablando el que nos creó heterosexuales, gays y de todo signo.

Vivimos, se dice, en el seno de una sociedad tolerante. Me pregunto qué se entiende como tolerancia cuando ésta se da únicamente en los escritos, apariciones estelares y demás poses cara a la galería y luego en la vida somos los más terribles de los intolerantes.¿Qué pasa? Eso, que por qué ha pintao tus ojeras la flor del lirio real...

Tolerancia y respeto, sólo de nombre, no son tales, voto a tal.Es nominalismo puro y duro. Es terrible. Dios dirá e irá dictando seguramente lo que ocurrirá a partir de ahora, no ya respecto a mi sino a todo lo que se mueve, habla y piensa. Pero que no se me venga con la fanfarria de la tolerancia cuando es simple barniz.

Habrá que concluir, en la vivencia del nominalismo este dichoso, con el admirado Gilbert Becaud: L' important c'est la rose. Lo importante es la rosa. Pero stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus? *

* De la primera rosa sólo nos queda el nombre.

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El Norte de Castilla, 18 de febrero de 2002

OBISPOS DE LA REGIÓN PROPONEN ALTERNATIVAS PASTORALES LAICAS
ANTE LA FALTA DE SACERDOTES

TERESA CASQUETE

VILLAGARCÍA DE CAMPOS / VALLADOLID.

Más de 150 personas participan el XXI Encuentro de Arciprestes de Castilla y León, que se celebra desde ayer en Villagarcía de Campos. Entre los asistentes se encuentran arzobispos y obispos de la zona del Duero, además de los vicarios de pastoral de las diócesis de Zamora, Palencia, Valladolid, Salamanca, Ciudad Rodrigo, Burgos, Segovia, Ávila y Osma-Soria.

Agustín Montalvo Fernández, vicario general de Zamora, expuso que uno de los asuntos más importantes de las jornadas será la concienciación de las necesidades urgentes de las unidades parroquiales y de atención pastoral, «principalmente los problemas de razón demográfica, como la disminución de la población en el medio rural, en envejecimiento de la misma y la falta de sacerdotes». Las soluciones que se apuntarán a esta cuestión en el congreso girarán en torno a un nuevo planteamiento de los esquemas actuales, «ya no se podrá pensar en un sacerdote por pueblo, como se hacía antes, sino que hay que hablar de una nueva organización, implicando en el servicio a los laicos, con celebraciones dominicales sin presbíteros», aclaró Montalvo.

Durante estos dos días y medio en la Residencia San Luis de Villagarcía se tratarán además otros temas como la dinamización de propuestas pastorales, planteamientos teológicos-eclesiales e informaciones varias como la formación permanente y la de jóvenes y medios de comunicación.

El vicario zamorano puntualizó que la trascendencia de este encuentro también radicaba en la convivencia de los presbíteros y en la creación de una mentalidad de comunión.

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Las Provincias, 21 de febrero de 2002

"LA IGLESIA DEBE REVISAR SU POSTURA ANTE EL CELIBATO"

Enrique Miret Magdalena, teólogo invitado por la Fundación Valencia III Milenio

MARÍA COSTA

VALENCIA.

El teólogo Enrique Miret Magdalena fue el encargado de proseguir el ciclo de conferencias organizado por la Fundación Valencia III Milenio. Habló sobre "El arte de saber vivir en un mundo incierto''. Un mundo en el que es difícil conocer la verdad porque "se mezcla, a la debilidad de nuestro entendimiento para juzgar con imparcialidad, la confusión de las imágenes sensibles, creyendo que las ocurrencias son todo''. Un pensamiento de uno de los hombres del Siglo de Oro, Francisco Suárez, que Miret Magdalena intenta practicar con un simple ejercicio: tener en la mesita de noche un libro escrito por alguien "que piensa lo contrario que yo''.

¿La sociedad camina por un camino incierto?

Sí. Los cambios tecnológicos han mejorado la calidad de vida pero han provocado cambios en las gentes generando nuevos problemas. Uno de ellos caminar hacía un ser humano sin valores, agnóstico y supersticioso. El cambio nos ha llevado a tirarlo todo por la borda olvidando que lo que siempre ha buscado el ser humano es la felicidad.

¿Qué solución apuntaría?

Recuperar los consejos de los grandes personajes de la humanidad y obedecer las nuevas virtudes de la vida: la reflexión reposada, la creatividad y la colaboración desprendida.

¿El ser humano está preparado para ello?

En este momento no. No hemos sabido sustituir valores anticuados por otros acordes a estos tiempos y crear un suplemento de alma. Habría que crear una nueva ética cívica y darnos cuenta que el individualismo no ha resuelto los problemas, ni la globalización tampoco.

¿En esta sociedad cuál es el papel de la religión?

No hay que buscar una religión única. Habría que recuperar la religión de los hombres del Siglo de Oro, entre ellos el padre Vázquez, que abogan por una postura universal, no de grupo o secta.

¿Por qué cree que la Iglesia no consigue atraer a la gente?

Por dos razones. Hablo de la Iglesia oficial. Primero porque está muy despegada de la realidad. Al tener a su alrededor una serie de grupos y personas cree que toda España es así, y no lo es. Segundo, si estudiásemos bien el evangelio descubriríamos una serie de valores que servirían hoy. Jesús predicaba sólo una cosa: el amor. ¿Qué es el amor? La solidaridad.

¿Qué opina sobre el caso del ex vicario de Valverde del Camino?

Hay varios problemas de fondo. La misma jerarquía eclesiástica considera que la práctica de la homosexualidad es un pecado, pero en teoría. Cuando se trata de casos concretos el asunto es tan complejo que no se atreve a juzgar si habrá un pecado o no. La Iglesia ante estos casos no debería callarse sino ver qué hay detrás de todo ello.

¿La Iglesia tendrá que revisar este tema?

Sí. Tendrán que ser más claros. Deberá revisar su postura frente al celibato. Hay documentos de la Santa Sede en los que tímidamente y entre líneas hablan de ello. Entre las estadísticas que se han hecho se piensa que entre un 5% y un 10% de los curas son homosexuales.

¿Sólo en casos de homosexualidad o también respecto a las relaciones sexuales y celibato?

En las dos cosas. Hace muchos años informé sobre las corrientes teológicas católicas que hay en la Iglesia que esgrimen razones para permitir las relaciones íntimas.

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El Mundo, 25 de febrero de 2002

RELIGIÓN Y ESPACIO PÚBLICO

JOAN MIRÓ ARDEVOL

CATALUÑA

Cuatro hechos relacionados con la presencia del islam en España se han producido casi simultáneamente. El primero es el calificado conflicto del pañuelo en una escuela religiosa concertada de Madrid. Una historia mal contada donde sólo ha aflorado un dato: el pañuelo, cuando debían aparecer un par más. El padre, no aceptando que su hija utilizara la falda monjil del colegio religioso, y la obviedad de que la muchacha, dada su confesión musulmana, quedaba excluida de la clase de religión. Las dificultades con el pañuelo, que no la negativa redonda, ha ocultado el veto rotundo del padre al uso de la falda.

El segundo hecho sucedió pocos días después en Cataluña. Un padre musulmán se negó a que sus seis hijas se escolarizaran en un centro también religioso, también concertado, en razón de que «podían perder su fe y porque las imágenes religiosas le ofendían».Se da la circunstancia que esta escuela es la única de la población donde las niñas podían coincidir dadas sus diferencias de edad. Como no había uniformidad, no existían en este caso problemas de pañuelo o de falda. Como consecuencia de la negativa del padre, el Consejo Islámico de Cataluña tercer hecho declaró que de ninguna manera es incompatible para los musulmanes la asistencia a centros religiosos, dado que el respeto a su fe está salvaguardado, y porque muchos padres prefieren centros con idearios en los que Dios esté presente a escuelas públicas que en ocasiones presionan y llegan a combatir ilegalmente cualquier atisbo de idea religiosa.

Al hilo de estas cuestiones se producen más manifestaciones: dos ministros del Gobierno popular, dos. El de Trabajo, compara en una manifestación no ciertamente de inteligencia el pañuelo en la cabeza con la funesta práctica de la ablación del clítoris; la ministra de Enseñanza expresa sus reservas al uso del pañuelo en nombre de las «costumbres» y la Constitución, cuando las mujeres de este país se han hinchado a lo largo del tiempo de llevar pañuelo en la cabeza, y la Constitución, que no es laica, recordémoslo una vez más, sino aconfesional, afirma exactamente lo contrario, el respeto y educación en los valores religiosos. Y si una ministra se produce así no puede extrañar que en aparente sentido opuesto, pero con idéntica razón de fondo, Raimon Guilera, presidente de la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de Cataluña (FAPAC), que reúne a las familias de colegios públicos, se lance a una cruzada iconoclasta, al pedir que se retiren de las aulas de los centros religiosos concertados los símbolos católicos. Guilera aseguró que «cuando un centro está financiado con fondos públicos y acepta entrar en el juego, las aulas deben adecuarse a la función para la cual están pensados y no pueden haber símbolos particulares de una religión». En definitiva se está negando la posibilidad de que existan centros con ideario, que es precisamente lo que la Constitución protege. El cuarto dato es que en todo este discurso se olvida que hay escuelas católicas donde el 40% de los alumnos son musulmanes.

Y es que para determinadas ideologías la realidad interesa menos que el intento sistemático de expulsar toda expresión religiosa católica, la mayoritaria, o musulmana, incipiente del espacio público; la escuela en este caso. En eso están.

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Diario Sur, 27 de febrero de 2002

BÁCULO SÍ, PERO DE MADERA

JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ RUIZ

MÁLAGA.

EL 11 de mayo de 1931 fue un día aciago -más bien una noche- para Málaga. De madrugada ardieron unos cuarenta edificios religiosos: iglesias y conventos. Con ello desapareció lo mejor del arte pictórico y escultórico que guardaba nuestra ciudad. Todavía hoy no sabemos a ciencia cierta quién ‘organizó’ aquel macabro espectáculo, pues yo mismo, que era entonces un seminarista adolescente, recorrí el centro urbano y no descubrí por ninguna parte las ‘masas’.

Mi tío carnal Manuel González García (recién beatificado en Roma) era entonces obispo de la diócesis, y se vio obligado a salir del palacio episcopal por la ignorada puerta de la calle Fresca. Las incidencias de aquella madrugada fueron trágicas. No hacía un mes que se había implantado la II República. La Iglesia oficial española, aconsejada por Roma, había acatado el nuevo régimen. El presidente de la república era el católico practicante Niceto Alcalá Zamora. El ministro de la Gobernación, Miguel Maura, era también católico practicante, y posteriormente desde el exilio declaró su no intervención en aquellos acontecimientos, cosa lógica y creíble.

Mi tío Manuel se vio obligado a pedir asilo en casa de uno que era considerado como el católico ‘oficial’, pero éste tuvo miedo y le cerró la puerta. Con cariño lo acogió un beneficiado de la Catedral que vivía en la calle Santa María.

Rápidamente un grupo de sus amigos le arreglaron los papeles para que se refugiara en Gibraltar. Allí lo acogió el obispo católico de la colonia Mons. Fitsgerald. Su exilio duró desde mayo hasta diciembre y ya nunca más pudo volver a Málaga. Pero entre los papeles de entonces tengo a la vista una carta impresionante que el obispo exiliado dirigió al Dr. José Gálvez, a D. Fernando Loring, a D. José Casasola y al sacerdote D. Emilio Cabello.

En ella les dice que casualmente había caído en sus manos una circular que estos buenos amigos habían dirigido al clero diocesano invitándolo a asociarse a la ofrenda de un báculo para él.

El obispo empieza diciendo que la lectura de la carta ha arrancado de su corazón un sentimiento de gratitud tan hondo que no puede explicarlo con la pluma, sobre todo al ver que no pocos de sus curas han pasado por el mismo despojo que él, y que todos se encuentran en vísperas de mendigar de limosna el pan que han de comer.

Pero con enorme sinceridad evangélica añade: «Yo prefiero empuñar un báculo de palo o hierro que yo, tan pobre como mis sacerdotes, me compre, a lucir un báculo de oro que me compren a costa de sus necesidades. El báculo rico me quemaría la mano y la cara de vergüenza, y el báculo pobre tendría a mis ojos el gran valor simbólico de la pobreza de Jesús dignamente llevada por toda la familia sacerdotal».

Y a continuación añade: «Como me figuro que a estas horas estará repartida la circular y quizá reunidos algunos dineros, yo les pido con todo encarecimiento que devuelvan lo recibido y hagan saber a todos por medio de esta carta reproducida mi determinación que repito es irrevocable y los motivos de ella... Quiero que se conozca una vez más que soy ‘pastor non percussor’ de mis hermanos sacerdotes».

Cuando la Iglesia, como cualquier otra institución, intenta premiar a sus miembros con un reconocimiento oficial, es lógico que averigüe los verdaderos motivos que soportan esta calificación. La Iglesia católica lo hace con la declaración de ‘beato’ y posteriormente de ‘santo’ a favor del agraciado.

No se trata de temas de fe, sino simplemente de postura de agradecimiento por haber sido buenos testigos del evangelio.

Yo reconozco que esa carta sería suficiente para premiar a mi tío Manuel con el título de ‘beato’, o sea, de testigo evangélico. Y hasta me atrevo a decir que si por un imposible mi tío Manuel hubiera presenciado todo lo que implica de esfuerzos y de aportación económica un proceso de beatificación, habría escrito una carta desde el cielo a las personas que ciertamente con el mayor de los cariños han trabajado por elevarlo a los altares, proponiéndoles que en las circunstancias en que se encuentra nuestro mundo actual sería mejor demorar ese ciertamente merecido premio y dedicar los esfuerzos y los dineros a la lucha por la justicia, por la erradicación de la pobreza y por la denuncia de la corrupción que a veces llega a manchar a personas e instituciones de las mismas iglesias.

Cuando murió Juan XXIII, los obispos de todo el mundo reunidos en el Concilio Vaticano II, secundados por cristianos de todas las confesiones y por millones de gente sencilla, pidieron que fuera canonizado por aclamación popular (como se hacía en los primeros siglos cristianos), sin gastar un céntimo para ello.

Pero la burocracia vaticana se opuso tenazmente y el propio papa Pablo VI, que en el fondo compartía esa opinión, no tuvo la osadía de romper con la rutina aplastante de la curia vaticana.

Sin embargo, que Dios nos perdone (creo que ya lo hace) a los que creemos que una lectura auténtica del evangelio nos inclina a actuar según esa inevitable utopía.

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