Ascendió, tras un leve rizo,
el bendito espíritu en la tarde
y escapó de la estela de la muerte.
El cuerpo ya está
ido y el sentimiento vuela,
vuela la fuerza y la promesa,
vuela tu esencia de cometa, Cristo ausente.
En
el horror de las sombras,
entre el cielo y sus tinieblas,
azotas al viento tus reinos
y apartas del rumbo a los seres vacíos
y a los ejércitos del miedo.
Es
noche de resurrección,
instante sin ti, mas eternamente lleno
queda de tu alma el tiempo
y abierto el cosmos con tu amor,
hasta el fin del mundo con nosotros,
nuevo desafío.
Gloria
eterna por siempre, muerte sin muerte.
Junto
a la cruz quedó confuso el odio,
diluido por el vivo deseo de salvación,
pese al humano juicio distraído
que negará tu esplendor, desliz inmortal.
Frutos
son del verbo y de tu carne,
los hitos de la existencia,
mas de la evidencia harán tus hijos leña
y se cobijarán en infinita burla.
¿Qué harás con la suerte, la esperanza y la muerte,
por vernos con tu verdad regocijados?
¿Te entregarás nuevamente? |